Toda Rusia recuerda aún los días 19–21 de abril, cuando en las calles de Petrogrado estuvo a punto de estallar la guerra civil{1}.

El 21 de abril, el Gobierno Provisional{2} redactó un nuevo papelito pretendidamente tranquilizador{3}, en el que «explicaba» su nota depredadora del día 18.

Posteriormente, la mayoría del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados{4} decidió reconocer el «incidente como agotado».

Pasaron un par de días más, y surgió la cuestión del ministerio de coalición. El Comité Ejecutivo se dividió casi por igual: 23 en contra del ministerio de coalición, 22 a favor. El incidente resultó «agotado» solo en el papel{5}.

Pero he aquí que pasaron otros dos días y tenemos un nuevo «incidente». El ministro de la Guerra, uno de los jefes del Gobierno Provisional, Guchkov, presentó su dimisión. Se habla de la presunta dimisión decidida de todo el Gobierno Provisional (en el momento de escribir estas líneas, aún no sabemos si es cierto que todo el gobierno se ha retirado). Se ha creado de nuevo un «incidente», y además uno ante el cual palidecerán todos los «incidentes» anteriores.

¿De dónde, pues, tal multitud de «incidentes»? ¿No habrá aquí alguna causa fundamental que engendra inevitablemente un «incidente» tras otro?

Tal causa existe. Es el llamado poder dual, es ese equilibrio inestable que resultó del acuerdo entre el Soviet de Diputados Obreros y Soldados y el Gobierno Provisional.

El Gobierno Provisional es un gobierno de capitalistas. No puede renunciar a la aspiración a conquistas (anexiones), no puede poner fin a la guerra depredadora con una paz democrática, no puede no salvaguardar las ganancias de su clase (es decir, de la clase de los capitalistas), no puede no proteger las tierras de los terratenientes.

El Soviet de Diputados Obreros y Soldados representa a otras clases. La mayoría de los obreros y soldados que integran el Soviet no quieren la guerra depredadora, no están interesados en las ganancias de los capitalistas ni en la conservación de los privilegios de los terratenientes. Pero, al mismo tiempo, aún confía en el Gobierno Provisional de los capitalistas, quiere concordar con él, quiere estar en contacto con él.

Los Soviets de Diputados Obreros y Soldados son en sí mismos el embrión del poder. Junto al Gobierno Provisional, los Soviets también intentan en algunas cuestiones ejercer su poder. Resulta una dualidad de poderes, o lo que ahora llaman «crisis del poder».

Esto no puede prolongarse mucho tiempo. En tal estado de cosas, cada día traerá un nuevo «incidente» y creará nuevas complicaciones. El papelito con la inscripción: incidente agotado, se puede escribir. Pero en la vida real estos incidentes no desaparecerán. Y ello por la sencilla razón de que no son en absoluto «incidentes», ni casualidades, ni minucias. Son manifestaciones externas de una profunda crisis interna. Son los resultados del callejón sin salida en que se ha metido toda la humanidad. De la guerra de rapiña no hay salida ni puede haberla, si no se decide a tomar las medidas que proponen los socialistas internacionalistas.

Tres caminos se proponen ahora al pueblo ruso para resolver la «crisis del poder». Unos dicen: déjenlo todo como antes, confíen aún más en el Gobierno Provisional. Es posible que amenacen con la dimisión precisamente para obligar al Soviet a decir: confiamos aún más. El Gobierno Provisional busca que le rueguen: venga y gobierne, sin usted, ¿en manos de quién quedaríamos?…

Otro camino: el ministerio de coalición. Repartámonos las carteras ministeriales con Miliukov y Cía., introduzcamos en el ministerio a unos cuantos hombres nuestros, y entonces ya sonará otra música.

El tercer camino lo proponemos nosotros: cambio de toda la política de los Soviets, renuncia a la confianza en los capitalistas y paso de todo el poder a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. El cambio de personas no conducirá a nada, hay que cambiar la política. Es necesario que otra clase esté en el poder. En un gobierno de obreros y soldados creerá el mundo entero, porque todos comprenden que el obrero y el campesino más pobre no quieren robar a nadie. Solo esto puede acelerar el fin de la guerra, solo esto puede aliviarnos el paso por la ruina económica.

¡Todo el poder a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados! ¡Ninguna confianza al gobierno de los capitalistas!

Cada «incidente», cada día, cada hora confirmará la justeza de esta consigna.

Pravda núm. 46, 15 (2) de mayo de 1917.

Publicado según el texto del periódico Pravda