Durante su estancia en Moscú, el ministro de Asuntos Exteriores P. N. Miliukov, en una reunión de miembros del partido de la libertad popular, hizo la siguiente declaración:

La Declaración del Gobierno Provisional sobre los objetivos de la guerra contiene no las condiciones de paz, sino únicamente principios generales, que ya han sido proclamados más de una vez por los estadistas de los países aliados con nosotros. Las condiciones de paz no pueden ser elaboradas sino de acuerdo con nuestros aliados, conforme a la convención de Londres. Cualquiera que sea la actitud hacia la consigna «paz sin anexiones», no se pueden ignorar los principios, reconocidos por todos los aliados, de la reunificación de Polonia, Armenia, la satisfacción de las aspiraciones nacionales de los eslavos austríacos («Rech» 11 (24) de abril de 1917, núm. 83).

Esta declaración del ministro de Asuntos Exteriores Miliukov, sin duda alguna, recorrerá toda la prensa extranjera y reforzará el ánimo belicista en Alemania. Miliukov ayuda a los imperialistas alemanes a atizar el chovinismo en Alemania, Miliukov ayuda a Guillermo II a llevar la guerra de rapiña «hasta el final».

Analicemos la declaración del señor Miliukov. La Declaración del Gobierno Provisional sobre los objetivos de la guerra (la misma que Y. Steklov, por un lamentable malentendido, califica de renuncia a las anexiones) contiene —dice Miliukov— no las condiciones de paz, sino «únicamente principios generales, que ya han sido proclamados más de una vez por los estadistas de los países aliados con nosotros». Traducido al lenguaje sencillo, esto significa: la renuncia a las anexiones es sólo una frase de aparato, «principios generales», palabras, palabras, palabras. Esas palabras las han pronunciado en abundancia también «nuestros» aliados. Pero las condiciones reales de «paz» son algo completamente distinto.

Un estadista, si no nos equivocamos, Bismarck, dijo: aceptar «en principio», en el lenguaje de los diplomáticos, significa rechazar de hecho. Así ocurre con Miliukov. «En principio» está contra las anexiones, de hecho está a favor de la anexión, y por eso aboga por la guerra «hasta el final».

Las frases de aparato no son aún condiciones de paz, —nos declara el señor Miliukov.

¿Cuáles son entonces sus condiciones de paz?

Esas condiciones están previstas en la convención de Londres. A ella nos remite Miliukov.

¿Pero quién ha concertado esa convención (tratado)? ¡El zar Nicolás II con los capitalistas ingleses y franceses! Por consiguiente, los tratados concertados por la pandilla zarista siguen en vigor. Por consiguiente, combatimos en nombre de esos tratados de rapiña, concertados por la pandilla zarista y los banqueros «aliados».

La captura de Polonia, de Armenia, las conquistas en Austria (sobre Constantinopla el señor Miliukov guardó silencio esta vez): he ahí a qué se reduce el programa de paz del señor Miliukov.

¿Qué dirán, a propósito de la última declaración del ministro de Asuntos Exteriores Miliukov, los dirigentes de la mayoría del Soviet de Diputados Obreros? Se limitarán a que, en nombre de la comisión «de contacto», «señalarán» a Miliukov esas sus palabras… ¿Adónde ha ido a parar aquella «renuncia del Gobierno Provisional a las anexiones», que «de todos modos» obtuvieron de éste Y. Steklov y N. Chjeidze?

Ningún poder dual existe en Rusia. El Soviet de Diputados Obreros sólo ejerce un control benévolo sobre el Gobierno Provisional. Así lo dijo, si hemos de creer a los informes periodísticos, N. S. Chjeidze en el congreso militar de Minsk{116}.

¡He ahí adónde hemos llegado con ese control benévolo! En nombre de Rusia siguen hablando personas que atizan la guerra. A los obreros y soldados los alimentan con frases generales sobre la paz sin anexiones, mientras sordamente se lleva a cabo una política que sólo beneficia a un puñado de millonarios que se enriquecen con la guerra.

¡Camaradas obreros y soldados! ¡En todas las reuniones, leed y explicad la declaración de Miliukov arriba citada! ¡Declarad que no deseáis morir en nombre de las convenciones (tratados) secretas, concertadas por el zar Nicolás II y que siguen siendo sagradas para Miliukov!

«Pravda» núm. 31, 13 de abril de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»