Para explicar el significado del imperialismo, presentemos datos exactos sobre el reparto del mundo entre las llamadas «grandes» (es decir, las que tienen éxito en el gran saqueo) potencias:

Reparto del mundo entre las «grandes» potencias esclavistas:

De aquí se ve cómo los pueblos que en su mayor parte lucharon a la cabeza de otros por la libertad en 1789-1871, se han convertido ahora, después de 1876, sobre la base de un capitalismo altamente desarrollado e «hipermaduro», en opresores y esclavizadores de la mayoría de la población y de las naciones de todo el globo terráqueo. ¡De 1876 a 1914, seis «grandes» potencias han saqueado 25 millones de kilómetros cuadrados, es decir, un espacio 2 veces y media mayor que toda Europa! Seis potencias esclavizan a más de quinientos millones (523 millones) de habitantes en las colonias. Por cada 4 habitantes de las «grandes» potencias hay 5 habitantes en «sus» colonias. Y todo el mundo sabe que las colonias han sido conquistadas a sangre y fuego, que en las colonias la población es tratada de manera bestial, que se la explota de mil maneras (mediante la exportación de capital, las concesiones, etc., el engaño en la venta de mercancías, el sometimiento a las autoridades de la nación «dominante» y así sucesivamente, etcétera, etcétera). La burguesía anglo-francesa engaña al pueblo diciendo que libra la guerra por la libertad de los pueblos y de Bélgica: en realidad, libra la guerra para conservar las colonias que ha saqueado de manera desmedida. Los imperialistas alemanes liberarían inmediatamente Bélgica, etc., si los ingleses y franceses compartieran con ellos «como Dios manda» sus colonias. La peculiaridad de la situación reside en que en esta guerra el destino de las colonias se decide mediante la guerra en el continente. Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional (o del derecho de las naciones a existir), Alemania tendría sin duda razón frente a Inglaterra y Francia, pues está «privada» de colonias, sus enemigos oprimen a un número incomparablemente mayor de naciones que ella, y en su aliada, Austria, los eslavos oprimidos gozan, sin duda, de más libertad que en la Rusia zarista, esa verdadera «cárcel de los pueblos». Pero la propia Alemania no lucha por la liberación, sino por la opresión de las naciones. No es asunto de los socialistas ayudar al bandido más joven y fuerte (Alemania) a despojar a los bandidos más viejos y ahítos. Los socialistas deben aprovechar la lucha entre los bandidos para derribarlos a todos. Para ello, los socialistas deben, ante todo, decir la verdad al pueblo, a saber, que esta guerra, en un triple sentido, es una guerra de los esclavistas por el fortalecimiento de la esclavitud. Es una guerra: en primer lugar, por el fortalecimiento de la esclavitud de las colonias mediante un reparto más «justo» y una explotación ulterior más «concertada» de las mismas; en segundo lugar, por el fortalecimiento de la opresión sobre las naciones extranjeras en el seno mismo de las «grandes» potencias, pues tanto Austria como Rusia (Rusia en mucha mayor medida y mucho peor que Austria) se mantienen únicamente gracias a esa opresión, reforzándola con la guerra; en tercer lugar, por el fortalecimiento y la prolongación de la esclavitud asalariada, pues el proletariado está escindido y oprimido, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, exacerbando los prejuicios nacionales y reforzando la reacción, que ha alzado la cabeza en todos los países, incluso en los más libres y republicanos.