Hemos recibido el siguiente telegrama:

«Yeniseisk. El Soviet de diputados obreros y soldados ha escuchado el telegrama del ministro Lvov dirigido al comisario designado de la gobernación de Yenisei, Krutovski, enviado a Yeniseisk para ejercer la dirección.

Protestamos contra el deseo de reintroducir la burocracia, declaramos que, en primer lugar, no permitiremos que funcionarios designados nos gobiernen, en segundo lugar, no habrá retorno para los jefes campesinos expulsados, en tercer lugar, reconocemos únicamente los órganos creados por el propio pueblo en el distrito de Yenisei, en cuarto lugar, los funcionarios designados solo podrán impartir órdenes pasando sobre nuestros cadáveres.

Así pues, el Gobierno Provisional nombra desde Petrogrado “comisarios” para la “dirección” del Soviet de diputados obreros y soldados de Yenisei o del órgano local de autogobierno de Yenisei en general. Dicho nombramiento fue realizado, además, por el Gobierno Provisional de tal forma, que el Soviet de diputados obreros y soldados de Yenisei protesta contra “el deseo de reintroducir la burocracia”.

Más aún, el Soviet de diputados obreros y soldados de Yenisei declara que “los funcionarios designados solo podrán impartir órdenes pasando sobre nuestros cadáveres”. La conducta del Gobierno Provisional ha llevado a un lejano distrito siberiano, en la persona de su institución dirigente elegida por todo el pueblo, hasta el punto de que se profiere una amenaza directa de resistencia armada contra el gobierno.

¡Han llegado al límite con su gestión los señores del Gobierno Provisional!

Y esos mismos gritarán —como han gritado hasta ahora— contra los malévolos que “predican” la “guerra civil”.

¿Para qué designar desde Petrogrado, o desde cualquier centro, “comisarios” para la “dirección” de una institución local electa? ¿Acaso un forastero es capaz de conocer mejor las necesidades locales, capaz de “dirigir” a la población local? ¿En qué dieron motivo los yeniseianos para esta medida absurda? ¿Por qué no limitarse primero, si acaso los yeniseianos hubieran entrado en algún tipo de conflicto con las decisiones de la mayoría de los ciudadanos de otras localidades, a un intento de informarse, sin dar motivo para hablar de “burocracia”, sin provocar el legítimo descontento e indignación de la población local?

A todas estas preguntas solo puede haber una respuesta. Los señores representantes de los terratenientes y capitalistas, que ocupan escaños en el Gobierno Provisional, quieren a toda costa conservar el viejo aparato zarista de administración: la burocracia “designada” desde arriba. Así lo hicieron casi todas las repúblicas burguesas parlamentarias del mundo casi siempre, a excepción de breves períodos revolucionarios en algunos países. Así lo hicieron, facilitando y preparando con ello el retorno de la república a la monarquía, a los Napoleones, a los dictadores militares. Así lo hicieron, y los señores kadetes quieren a toda costa repetir estos tristes ejemplos.

La cuestión es extraordinariamente seria. No hay que engañarse. Con semejantes pasos, precisamente con ellos, el Gobierno Provisional prepara —ya sea consciente o inconscientemente— la restauración de la monarquía en Rusia.

Toda la responsabilidad por los posibles —y hasta cierto punto inevitables— intentos de restaurar la monarquía en Rusia recae sobre el Gobierno Provisional, que emprende tales medidas contrarrevolucionarias. Pues la burocracia “designada” desde arriba —para “dirigir” a la población local— siempre fue y siempre será la garantía más segura de la restauración de la monarquía, al igual que el ejército permanente y la policía.

El Soviet de diputados obreros y soldados de Yenisei tiene mil veces razón, tanto en lo práctico como en lo de principio. No debe permitirse el retorno de los jefes campesinos expulsados. No se puede tolerar la introducción de la burocracia “designada”. Deben reconocerse “únicamente los órganos creados por el propio pueblo” en la localidad dada.

La idea de la necesidad de una “dirección” a través de funcionarios “designados” desde arriba es una aventura esencialmente falsa, antidemocrática, cesarista o blanquista. Engels tenía toda la razón cuando, criticando en 1891 el proyecto de programa de los socialdemócratas alemanes, contagiados en buena medida de burocratismo, insistía en la exigencia de: ninguna supervisión desde arriba sobre el autogobierno local; Engels tenía razón al recordar la experiencia de Francia, que desde 1792 hasta 1798 fue gobernada por órganos locales electos, sin ninguna supervisión semejante, y de ningún modo “se desmoronó”, de ningún modo “se descompuso”, sino que se fortaleció, se cohesionó y organizó democráticamente{159}.

Los estúpidos prejuicios burocráticos, el formalismo propio de los hábitos zaristas, las ideas reaccionarias de cátedra sobre la necesidad del burocratismo, los modales y veleidades contrarrevolucionarios de los terratenientes y capitalistas: he aquí el terreno en el cual han crecido y crecen las medidas del Gobierno Provisional semejantes a la que ahora examinamos.

El sano sentimiento democrático de los obreros y campesinos, indignados por el intento burlesco de “designar” desde arriba funcionarios para “dirigir” a personas locales adultas, a una inmensa mayoría que ha elegido a sus representantes: he aquí lo que ha puesto de manifiesto el Soviet de diputados obreros y soldados de Yenisei.

El pueblo necesita una república obrera y campesina, verdaderamente democrática, que no conozca otros poderes que los electos y revocables en cualquier momento a voluntad de la población. Y por esa república deben luchar todos los obreros y campesinos contra las veleidades del Gobierno Provisional de restaurar los métodos y aparatos de administración monárquicos y zaristas.

«Pravda» n.º 43, 11 de mayo (28 de abril) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»