La crisis política ocurrida del 19 al 21 de abril debe considerarse —al menos en su primera fase— como concluida.

La masa pequeño-burguesa vaciló primero, alejándose de los capitalistas, indignada por ellos, hacia los obreros; y al día siguiente volvió a ir tras los dirigentes mencheviques y narodniks, que predican la «confianza» en los capitalistas y el «conchabamiento» con ellos.

Dichos dirigentes aceptaron un compromiso, cediendo por completo todas sus posiciones, satisfaciéndose con las más vacuas y puramente verbales salvedades de los capitalistas.

Las causas de la crisis no han sido eliminadas, y es inevitable que se repitan crisis semejantes.

La esencia de la crisis: la masa pequeño-burguesa vacila entre la vieja y secular confianza en los capitalistas y la exasperación contra ellos, el afán de entregarse al proletariado revolucionario.

Los capitalistas prolongan la guerra, encubriéndolo con frases. Solo el proletariado revolucionario conduce y puede conducir al término de la guerra mediante la revolución obrera mundial, que crece visiblemente entre nosotros, que está madurando entre los alemanes y que se acerca en una serie de otros países.

La consigna «¡Abajo el Gobierno Provisional!» no es correcta ahora porque, sin una mayoría sólida (es decir, consciente y organizada) del pueblo del lado del proletariado revolucionario, esa consigna es una frase o, objetivamente, se reduce a intentos de carácter aventurero{139}.

Solo estaremos por la transferencia del poder a las manos de los proletarios y semiproletarios cuando los Soviets de diputados obreros y soldados se pongan del lado de nuestra política y quieran tomar ese poder en sus manos.

La organización de nuestro partido, la concentración de las fuerzas proletarias, resultaron claramente insuficientes durante los días de la crisis.

Las consignas del momento: 1) esclarecimiento de la línea proletaria y de la vía proletaria para terminar la guerra; 2) crítica de la política pequeño-burguesa de confianza y conchabamiento con el gobierno de los capitalistas; 3) propaganda y agitación de grupo a grupo en cada regimiento, en cada fábrica, especialmente entre las masas más atrasadas, el servicio doméstico, los peones, etc., pues en ellas trató de apoyarse especialmente la burguesía durante los días de la crisis; 4) organización, organización y una vez más organización del proletariado: en cada fábrica, en cada distrito, en cada barrio.

La resolución del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado del 21 de abril, que prohíbe toda reunión y manifestación callejera durante dos días, debe ser acatada incondicionalmente por todos los miembros de nuestro partido. El Comité Central ya ayer distribuyó por la mañana y hoy publicó en la «Pravda» una resolución en el sentido de que «en un momento así es absurda y salvaje toda idea de guerra civil», que las manifestaciones deben ser solo pacíficas y que la responsabilidad por la violencia recaerá sobre el Gobierno Provisional y sus partidarios[51]. Por eso, nuestro partido considera completamente correcta la resolución mencionada del Soviet de D. O. y S. (especialmente en contra de las manifestaciones armadas y los disparos al aire) y obligatorio su cumplimiento incondicional.

Llamamos a todos los obreros y soldados a examinar atentamente los resultados de la crisis de los últimos dos días y a enviar como delegados al Soviet de D. O. y S. y al Comité Ejecutivo solo a aquellos camaradas que expresen la voluntad de la mayoría. En todos los casos en que un delegado no exprese la opinión de la mayoría, es necesario proceder a nuevas elecciones en las fábricas y en los cuarteles.

«Pravda» n.º 39, 6 de mayo (23 de abril) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»

Primera página del periódico «Pravda» n.º 39, 6 de mayo (23 de abril) de 1917, con la resolución del Comité Central del POSDR(b) y el artículo «Lecciones de la crisis», escritos por V. I. Lenin (Reducido).