El periódico de los grandes capitalistas y los bancos *Finánsovaya Gazeta*{133}, en su editorial del 17 de abril, pone al descubierto un hecho de enorme importancia, a saber: cómo los partidos socialistas revolucionarios, los mencheviques socialdemócratas, etc., se han atado de pies y manos, se han amarrado a los capitalistas mediante el famoso "acuerdo" con el Gobierno Provisional.

He aquí el editorial completo:

LOS IZQUIERDISTAS Y EL EMPRÉSTITO

El Empréstito de la Libertad, emitido por el Gobierno Provisional, no ha suscitado en los círculos de izquierda el entusiasmo con que respondió al mismo la mayoría de la población.

La prensa de izquierda se ha dividido en tres grupos. *Pravda*, de Lenin, se ha pronunciado categóricamente contra el empréstito, expresando así el punto de vista de los bolcheviques. *Yedinstvo*, de Plejánov, apoya resueltamente el empréstito. Finalmente, los demás órganos de la prensa socialista: *Rabóchaya Gazeta*, *Zemliá i Volia*, *Volia Naroda*, han adoptado una posición "intermedia": ni sí ni no; no es que estén a favor del empréstito, pero tampoco en contra. Tal es también la posición del Soviet de Diputados de Soldados y Obreros, que en principio había acordado apoyar el empréstito, pero que ahora ha vuelto a albergar dudas y vacila. Y tenía razón *Den* cuando hace poco reprochaba a este grupo central, el más fuerte, en el que entran mencheviques y socialistas revolucionarios, la indefinición y la dualidad de su postura.

Como para dar una prueba más de lo acertado de este reproche, ayer el Soviet de Diputados de Soldados y Obreros volvió de nuevo sobre la cuestión ya resuelta del empréstito y deliberó al respecto. N. S. Chjeidze comunicó que en los próximos días se espera un nuevo acto del gobierno que aclare exhaustivamente su posición en las cuestiones de política exterior e interior. Hasta entonces, N. S. Chjeidze propuso aplazar el examen de la cuestión del apoyo al empréstito.

Esta posición de los izquierdistas causa perplejidad, por no decir más. Pues alguien tiene que gobernar el Estado y llevar a cabo las reformas que anhela la sufrida Rusia.

Y una de dos: o el actual gobierno goza de la confianza de los izquierdistas, es decir, hasta ahora, en el pasado, no ha cometido nada que infrinja los compromisos contraídos; o no goza de tal confianza. En este último caso, los izquierdistas, al privar de su apoyo al Gobierno Provisional, deben asumir no solo el "control" de su actividad, sino también todo el peso de la administración y la responsabilidad ante el pueblo y la historia. Pero si no pueden imputar al Gobierno Provisional nada de lo realizado, entonces, naturalmente, no tienen derecho a esperar sus actos futuros y deben prestarle todo su apoyo. Y en cualquier caso, es inadmisible esa dualidad, esa esquiva reserva, esas reticencias que, por un lado, no aligeran en lo más mínimo la responsabilidad del Gobierno Provisional —el cual ni siquiera podrá invocar su soledad ante la historia—, y, por otro lado, le privan de hecho del apoyo de las amplias masas democráticas y lo colocan en una situación difícil.

El mérito de las corrientes socialistas fue siempre su rectitud. La política de los partidos socialistas era ajena a la ambigüedad, a la flojedad pequeñoburguesa, al oportunismo elástico. Hoy, en la cuestión del empréstito, los grupos centrales del socialismo ruso han traicionado estos principios tradicionales y se han adentrado en la senda de la mediocridad octubrista. La opinión pública tiene derecho a dirigirse a ellos con el llamamiento a que aclaren sin ambages su posición respecto al empréstito, a que declaren honesta y abiertamente su participación o no participación en él, y cumplan así con su deber moral ante el Gobierno Provisional: o bien permitiéndole apoyarse en las corrientes de izquierda, o bien constatando su divergencia con él.

Los jerarcas de la banca son gente práctica. Ven la política con sobriedad: si has prometido apoyar al gobierno de los capitalistas (que libra una guerra imperialista), suelta el empréstito.

¡Exacto! Habiéndose atado de pies y manos, los partidos socialistas revolucionarios y mencheviques se han entregado de forma impotente a los capitalistas. La promesa de promulgar "en los próximos días" un "nuevo acto del gobierno que aclare exhaustivamente (!!??)" —¡bastante más que superexhaustivamente se ha aclarado ya!— "su posición en las cuestiones de política exterior e interior" es una vana promesa.

Con ningún "acto" consistente en declaraciones, garantías, proclamas, se cambiará la esencia del asunto. Y la esencia consiste en que el gobierno de los capitalistas, Lvov, Guchkov, Miliukov y Cía., representa los intereses del capital, está atado a esos intereses, y no puede zafarse (aunque quisiera) de la política imperialista, de conquista, anexionista.

Con la ayuda de frases que no dicen nada ni comprometen a nada, "apoyarse" en las corrientes de "izquierda", es decir, reforzar su política imperialista con la autoridad de los izquierdistas, sin apartarse realmente ni un ápice de ella: he ahí lo que se dispone a hacer nuestro gobierno imperialista, y he ahí lo que —objetivamente— le ayudan a hacer Chjeidze y sus amigos.

"Mediocridad octubrista": he aquí un acertado calificativo —no solo práctico, sino también plenamente justo— que los políticos que ven con claridad la esencia del asunto dan a la línea de los socialistas revolucionarios y los mencheviques.

*Pravda* nº 36, 3 de mayo (20 de abril) de 1917.

Se publica según el texto del periódico *Pravda*.