Todos estamos agotados por la terrible guerra que ha segado millones de vidas, ha lisiado a millones de personas, ha traído consigo calamidades inauditas, ruina y hambre.

Y cada vez es mayor el número de quienes se preguntan: ¿por qué se inició y por qué se libra esta guerra?

Cada día se nos hace más claro a nosotros, los obreros y los campesinos, que soportamos las mayores cargas de la guerra, que esta fue iniciada y es librada por los capitalistas de todos los países en aras de los intereses de los capitalistas, en aras de la dominación mundial, en aras de los mercados para los fabricantes, los industriales y los banqueros, en aras del saqueo de los pueblos débiles. Se reparten colonias, se apoderan de tierras en los Balcanes y en Turquía, y por ello los pueblos europeos deben arruinarse, por ello nosotros debemos perecer y contemplar la ruina, el hambre, la perdición de nuestras familias.

La clase de los capitalistas obtiene en todos los países ganancias gigantescas, inauditas, escandalosamente elevadas con los suministros y los contratos militares, con las concesiones en los países anexionados, con el encarecimiento de los productos. La clase de los capitalistas ha impuesto a todos los pueblos un tributo por muchas décadas en forma de altos intereses sobre empréstitos de guerra multimillonarios. Y nosotros, los obreros y los campesinos, debemos perecer, arruinarnos, padecer hambre, soportando pacientemente todo esto, fortaleciendo a nuestros opresores capitalistas al exterminarse mutuamente los obreros de distintos países, al imbuirse de odio los unos hacia los otros.

¿Acaso seguiremos soportando sumisamente nuestro yugo, soportando la guerra entre las clases de los capitalistas? ¿Acaso vamos a prolongar esta guerra, poniéndonos del lado de nuestros gobiernos nacionales, de nuestra burguesía nacional, de nuestros capitalistas nacionales, destruyendo así la unidad internacional de los obreros de todos los países, del mundo entero?

No, hermanos soldados, es hora de que abramos los ojos, es hora de que tomemos en nuestras propias manos nuestro destino. En todos los países crece, se extiende y se fortalece la indignación popular contra la clase de los capitalistas, que ha arrastrado a los pueblos a esta guerra. No solo en Alemania, sino también en Inglaterra, que antes de la guerra tenía fama de ser un país particularmente libre, cientos y cientos de auténticos amigos y representantes de la clase obrera languidecen en las cárceles por haber pronunciado palabras honestas y veraces contra la guerra y contra los capitalistas. La revolución en Rusia es solo el primer paso de la primera revolución; a ella deben seguirle, y le seguirán, otras.

El nuevo gobierno en Rusia –que ha derrocado a Nicolás II, bandido coronado igual que Guillermo II– es un gobierno de capitalistas. Libran una guerra tan bandidesca e imperialista como la de los capitalistas de Alemania, Inglaterra y otros países. Ha confirmado los bandidescos tratados secretos concertados por Nicolás II con los capitalistas de Inglaterra, Francia, etc.; no publica estos tratados para el conocimiento público, del mismo modo que el gobierno alemán tampoco publica sus tratados secretos, igualmente bandidescos, con Austria, Bulgaria, etc.

El Gobierno Provisional ruso publicó el 20 de abril una nota en la que confirma una vez más los viejos tratados de rapiña firmados por el zar y expresa su disposición a continuar la guerra hasta la victoria completa, provocando con ello la indignación incluso de quienes hasta ahora confiaban en él y le prestaban apoyo.

Pero la revolución rusa ha creado, además del gobierno de los capitalistas, organizaciones revolucionarias surgidas espontáneamente que representan a la inmensa mayoría de los obreros y los campesinos, a saber: los Soviets de diputados obreros y soldados en Petrogrado y en la mayoría de las ciudades de Rusia. Hasta ahora, la mayoría de los soldados y una parte de los obreros en Rusia muestran –al igual que muchísimos obreros y soldados en Alemania– una confianza inconsciente hacia el gobierno de los capitalistas, hacia sus discursos vacíos y mentirosos sobre la paz sin anexiones, sobre la guerra defensiva y otras cosas por el estilo.

Pero los obreros y los campesinos más pobres, a diferencia de los capitalistas, no están interesados ni en las anexiones ni en la protección de las ganancias de los capitalistas. Por eso, cada día, cada paso del gobierno de los capitalistas irá desenmascarando, tanto en Rusia como en Alemania, el engaño de los capitalistas; irá desenmascarando que, mientras continúe la dominación de los capitalistas, no puede haber una paz verdaderamente democrática, no impuesta por la violencia, basada en la renuncia real a todas las anexiones, es decir, en la liberación de todas las colonias sin excepción, de todas las nacionalidades oprimidas, anexionadas por la fuerza o privadas de plenos derechos sin excepción. Mientras tanto, la guerra, con toda probabilidad, se agravará y se prolongará cada vez más.

Solo en el caso de que el poder estatal en ambos Estados actualmente enemistados, por ejemplo, tanto en Rusia como en Alemania, pase íntegra y exclusivamente a manos de los Soviets revolucionarios de diputados obreros y soldados, capaces de romper no de palabra, sino de hecho, toda la red de relaciones e intereses del capital, solo en ese caso los obreros de los dos países beligerantes se imbuirán de confianza mutua y podrán poner fin rápidamente a la guerra sobre la base de una paz verdaderamente democrática, que libere de verdad a todos los pueblos y nacionalidades del mundo.

¡Hermanos soldados!

Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para acelerar el advenimiento de este objetivo, para alcanzar esta meta. No temamos los sacrificios: cualquier sacrificio por el bien de la revolución obrera será menos penoso que los sacrificios de la guerra. Cada paso victorioso de la revolución salvará a cientos de miles y millones de personas de la muerte, de la ruina y del hambre.

¡Paz a las chozas, guerra a los palacios! ¡Paz a los obreros de todos los países! ¡Viva la unidad fraternal de los obreros revolucionarios de todos los países! ¡Viva el socialismo!

«Pravda» n.º 37, 4 de mayo (21 de abril) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».