En el Palacio de Táuride se celebra desde el 13 de abril un congreso de representantes de las organizaciones campesinas y de los Soviets de diputados campesinos, reunidos para elaborar las disposiciones sobre la convocatoria del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia y la creación de Soviets análogos en las localidades.

En el congreso, según informa *Delo Naroda*, participan representantes de más de 20 provincias.

Se han aprobado resoluciones sobre la necesidad de organizar cuanto antes al campesinado «desde abajo hasta arriba». Se ha reconocido que «la mejor forma de organización del campesinado» son los «Soviets de diputados campesinos de distintos ámbitos de actuación».

El miembro de la mesa provisional encargada de la convocatoria del presente congreso, Byjovski, señaló que la decisión de organizar al campesinado mediante la creación del Soviet de diputados campesinos de toda Rusia fue tomada por el Congreso cooperativo de Moscú{129}, que representa a 12 millones de miembros organizados, es decir, a 50 millones de habitantes.

Esta es una tarea de gigantesca importancia, que hay que apoyar con todas las fuerzas. Si se lleva a la práctica sin demora, si el campesinado, contra la opinión de Shingariov, toma toda la tierra en sus manos de inmediato por decisión de la mayoría y no por un «acuerdo voluntario» de éste con los terratenientes, no sólo saldrán ganando los soldados, que recibirán más pan y carne, sino que también ganará la causa de la libertad.

Porque la organización de los propios campesinos, obligatoriamente desde abajo, obligatoriamente sin funcionarios, sin «control y tutela» de los terratenientes y sus lacayos, es la garantía más segura y única del éxito de la revolución, del éxito de la libertad, del éxito de la liberación de Rusia del yugo y la servidumbre de los terratenientes.

No cabe duda de que todos los miembros de nuestro partido, todos los obreros conscientes apoyarán con todas sus fuerzas la organización de los Soviets de diputados campesinos, se preocuparán de aumentar su número, de fortalecer su poder y harán, por su parte, los mayores esfuerzos para desarrollar dentro de esos Soviets un trabajo en una dirección de clase consecuente y rigurosamente proletaria.

Para llevar a cabo semejante trabajo, es preciso agrupar por separado a los elementos proletarios (braceros, asistentes militares, etc.) dentro de los Soviets generales de diputados campesinos o (y a veces también) organizar Soviets de diputados braceros aparte.

No perseguimos con ello la dispersión de las fuerzas; al contrario, para fortalecer y ampliar el movimiento es necesario elevar al estrato o, más exactamente, a la clase más «baja», según la terminología de los terratenientes y capitalistas.

Para hacer avanzar el movimiento, hay que liberarlo de la influencia de la burguesía, esforzarse por depurarlo de las inevitables debilidades, vacilaciones y errores de la pequeña burguesía.

Hay que llevar a cabo este trabajo mediante la persuasión fraternal, sin adelantarse a los acontecimientos, sin apresurarse a «fijar» orgánicamente lo que aún no ha sido suficientemente asumido, reflexionado, comprendido ni sentido por los propios representantes de los proletarios y semiproletarios del campo. Pero este trabajo debe emprenderse; hay que comenzarlo de inmediato y en todas partes.

Las reivindicaciones prácticas, las consignas —o, mejor dicho, las propuestas— que deben plantearse, atrayendo hacia ellas la atención de los campesinos, han de ser las cuestiones candentes y de actualidad de la vida misma.

La primera cuestión es la de la tierra. Los proletarios del campo estarán a favor del paso completo e inmediato de toda la tierra, sin excepción, a todo el pueblo, y de que sea puesta de inmediato a disposición de los comités locales. Pero la tierra no se puede comer. Muchos millones de hogares sin caballo, sin aperos, sin semillas no ganarán nada con que la tierra pase al «pueblo».

Hay que someter de inmediato a discusión la cuestión de que, y adoptar medidas prácticas para ello, las grandes explotaciones, en la medida de lo posible, sigan funcionando como tales, bajo la dirección de agrónomos y de los Soviets de diputados braceros, con las mejores máquinas, semillas y aplicando los mejores métodos de la técnica agrícola.

No podemos ocultar ni a los campesinos ni, menos aún, a los proletarios y semiproletarios del campo que la pequeña explotación, si se mantienen la economía mercantil y el capitalismo, es incapaz de librar a la humanidad de la miseria de las masas; que hay que pensar en la transición hacia la gran explotación a cargo de la sociedad y emprenderla de inmediato, enseñando a las masas y aprendiendo de ellas las medidas prácticamente convenientes para esa transición.

Otra cuestión de la mayor importancia y de la máxima actualidad: la cuestión de la organización del Estado y de la administración. No basta con predicar la democracia, no basta con proclamarla y decretarla, no basta con confiar su realización a «representantes» del pueblo en instituciones representativas. Hay que construir la democracia de inmediato, desde abajo, por iniciativa de las propias masas, con su participación activa en toda la vida del Estado, sin «tutela» desde arriba, sin funcionarios.

Sustituir la policía, la burocracia y el ejército permanente por el armamento general del pueblo, por una milicia general, que abarque a todo el pueblo, con la participación obligatoria de las mujeres: esa es la tarea práctica a la que se puede y debe ponerse manos a la obra de inmediato. Cuanta más iniciativa, diversidad, audacia y creación aporten las masas a esta tarea, tanto mejor. No sólo los proletarios y semiproletarios del campo, sino nueve décimas partes de todo el campesinado nos seguirán seguramente si sabemos explicar con claridad, sencillez, comprensibilidad y con ejemplos vivos y lecciones de la vida real nuestra propuesta:

– no permitir que se restablezca la policía;
– no permitir que se restablezca la omnipotencia de los funcionarios, inamovibles de hecho y pertenecientes a la clase de los terratenientes o capitalistas;
– no permitir que se restablezca un ejército permanente separado del pueblo, garantía segurísima de todo intento de arrebatar la libertad y de volver a la monarquía;
– enseñar al pueblo, hasta en sus estratos más bajos, el arte de la administración del Estado, no sólo mediante libros, sino mediante el paso inmediato y generalizado a la práctica, a la aplicación de la experiencia de las masas.

Democracia desde abajo, democracia sin funcionarios, sin policía, sin ejército permanente. El desempeño del servicio público por una milicia armada, integrada por todo el pueblo: he ahí la garantía de una libertad que no podrán arrebatar ni los zares, ni los bravos generales, ni los capitalistas.

*Pravda*, núm. 34, 16 de abril de 1917.

Se publica según el texto del periódico *Pravda*.