Hoy «Rech» concluye su editorial con las siguientes palabras:

«El gobierno alemán se esfuerza por conservar en Alemania la unidad interna y por dividir a las potencias de la Entente. Nuestros "pravdistas" minan por todos los medios la unidad de la Rusia revolucionaria y azuzan al gobierno ruso contra los gobiernos aliados de Inglaterra y Francia. ¿No tenemos derecho a decir que los "valientes" leninistas trabajan para von Bethmann-Hollweg y Guillermo II?».

No, señores capitalistas, no tienen derecho a decirlo. Precisamente nosotros, los pravdistas, nosotros solos, lejos de conservar la unidad interna en Alemania, la destruimos.

Es un hecho que los señores capitalistas rusos no borrarán de la vida con ninguna mentira.

Es un hecho que nosotros, los pravdistas, nosotros solos, exigimos una escisión incondicional e inmediata de los socialistas alemanes con los Plejánov alemanes, es decir, con los Scheidemann, y con el «centro» alemán, es decir, con los hombres vacilantes que no se deciden a romper de manera principista e irrevocable con los Scheidemann.

Es un hecho que nosotros, los pravdistas, nosotros solos, abogamos por la unidad exclusivamente con dos grupos de socialistas alemanes («Espartaco» y «Política Obrera»), grupos que comparten la política de Karl Liebknecht, es decir, la política de destrucción de la unidad interna en Alemania. La política de Karl Liebknecht consiste de hecho, y no de palabra, en la destrucción de la «unidad interna» de capitalistas y obreros en Alemania.

Consciente con claridad de que los capitalistas alemanes y su Guillermo son imperialistas, es decir, bandidos, Karl Liebknecht envió ya a la conferencia de Zimmerwald (septiembre de 1915) una carta que no fue publicada porque entonces Liebknecht era aún un hombre legal. Pero todos los que estuvieron en Zimmerwald conocen esa carta{121}.

Esta carta contenía un llamamiento: no tregua civil, sino guerra civil.

Así predicaba nuestro correligionario, Karl Liebknecht, la «unidad interna» en Alemania. Así predicábamos nosotros en la traducción alemana de nuestro folleto pravista (de Zinóviev y Lenin) «El socialismo y la guerra»[42].

Y Karl Liebknecht no solo lo decía, sino que obraba así. Desde la tribuna del parlamento alemán exhortó a los soldados de Alemania a volver las armas contra su propio gobierno alemán, y luego acudió a una manifestación callejera con proclamas revolucionarias: «¡Abajo el gobierno!».

He aquí cómo «se esforzaba por conservar la unidad interna en Alemania» el partidario de nuestra política pravista, Karl Liebknecht. He aquí por qué ahora languidece en prisión penal.

Y no solo toda la prensa de los capitalistas alemanes llama directamente traidor y renegado a Karl Liebknecht, sino que todos los periódicos de los Plejánov alemanes lo acusan, más o menos directamente, de traición o de anarquismo.

En todos los países, los capitalistas sepultan con torrentes de mentiras y calumnias, de invectivas y acusaciones de traición a aquellos socialistas que actúan como Karl Liebknecht en Alemania, como los pravdistas en Rusia, es decir, que destruyen la «unidad interna» de los obreros con los capitalistas de cada país, con los Plejánov de cada país, con los hombres del «centro» de cada país, y crean la unidad de los obreros de todos los países para poner fin a la guerra de rapiña, de pillaje, imperialista, para liberar a toda la humanidad del yugo del capital.

En Alemania los capitalistas acosan como traidor a Karl Liebknecht y a sus amigos. En Alemania nuestro camarada Karl Liebknecht también ha sido amenazado más de una vez con el linchamiento de la turba. De ello habló incluso el Plejánov alemán, el socialchovinista David. En Rusia los capitalistas acosan como traidores a los pravdistas. En Inglaterra los capitalistas acosan como traidor al maestro popular escocés MacLean, que languidece también en prisión penal por el mismo crimen, por la misma «traición» de la que son culpables Karl Liebknecht y nosotros, los pravdistas.

En Francia el gobierno de los capitalistas republicanos mantiene en prisión al francés Constant y al ruso Ráev por editar proclamas: «lograremos la paz por la fuerza».

¡Señores de «Rech», señores ministros, señores miembros del gobierno revolucionario! ¡Enciérrennos a nosotros, los pravdistas, en prisiones penales o propongan al pueblo ruso que nos encierre en prisiones penales! Entonces imitarán de hecho la política de la «aliada» (al zar Nicolás II, ¡pues él firmó el tratado de alianza!) Inglaterra capitalista, que mantiene en prisión penal a los pravdistas ingleses.

¡Abajo la «unidad interna» de obreros y capitalistas en todos los países, porque esa «unidad» ha condenado y condena a la humanidad a los horrores de la guerra de rapiña, imperialista, en aras de los intereses de los capitalistas!

¡Viva la unidad de aquellos socialistas y obreros de todos los países que no solo simpatizan de palabra con Karl Liebknecht, sino que llevan de hecho la misma política contra sus capitalistas!

Escrito el 14 (27) de abril de 1917.

Publicado el 15 de abril de 1917 en el periódico «Pravda» núm. 33.

Se publica según el texto del periódico.