Los procedimientos de la “Rússkaya Volia”, de la que incluso los kadetes se apartan con desprecio, encuentran cada vez más imitadores. Observen “Yedinstvo” del señor Plejánov. Queriendo “desenmascarar” a “Pravda”, el señor Plejánov toma la primera tesis de Lenin, cita las palabras de que la guerra por parte de Rusia sigue siendo una guerra de rapiña, una guerra imperialista, y pregunta con aire triunfal:

“¿Y cómo está la situación por parte de Alemania? Sobre esto Lenin no ha dicho nada”.

Así, literalmente así. Lees y no das crédito a tus ojos. ¿Será posible que en verdad el señor Plejánov haya llegado ya del todo a los linderos de “Nóvoye Vremia” y “Rússkaya Volia”? Increíble, pero el hecho está ante nosotros.

La desvergüenza del señor Plejánov traspasa todos los límites. Él conoce perfectamente la literatura de los bolcheviques, publicada en el extranjero. Sabe de sobra que innumerables veces todos los bolcheviques sin excepción, tanto en discursos como en artículos y resoluciones, han declarado: la guerra por parte de Alemania es igual de rapaz, igual de imperialista que por parte de todas las demás “grandes” potencias beligerantes. Los capitalistas de Alemania, su bandido coronado —el cabecilla Guillermo—, son tan depredadores imperialistas como los capitalistas de otros países.

Repetimos: ningún hombre alfabetizado que sepa algo de los bolcheviques puede ignorar que tal es nuestra opinión. Y el señor Plejánov lo sabe perfectamente. Sabe que el folleto de Zinóviev y Lenin “El socialismo y la guerra”[40] fue publicado en Suiza también en alemán, fue introducido clandestinamente en Alemania. Y sobre Alemania se dice en ese folleto más claro que el agua: Alemania libra una guerra de rapiña por el “saqueo de países competidores”; Alemania es un “joven y fuerte bandido”; “los imperialistas alemanes violaron desvergonzadamente la neutralidad de Bélgica, como siempre y en todas partes han hecho los Estados beligerantes, pisoteando cuando les conviene todos los tratados y compromisos”; — “Kautsky concilia de manera no principista la idea fundamental del socialchovinismo, el reconocimiento de la defensa de la patria en la guerra actual, con una concesión de cara a la galería a los izquierdistas”; — “los oportunistas-chovinistas en ningún sitio han llegado a semejante grado de caída y renegadismo como en Alemania”.

El señor Plejánov sabe esto de sobra — y desciende a los procedimientos de “Nóvoye Vremia” y “Rússkaya Volia”, se esfuerza en presentar a los pravdistas como germanófilos.

Burlándose del marxismo, el señor Plejánov se agarra además a quién declaró la guerra a quién.

El señor Plejánov ha olvidado que para los marxistas la guerra es la continuación de la política que han llevado determinados gobiernos, representantes de determinadas clases.

Que Nicolás II y Guillermo II representaban ambos a las clases reaccionarias y capitalistas de sus países, que ambos han llevado en los últimos decenios una política de saqueo de países ajenos, saqueo de China, estrangulamiento de Persia, desmembramiento y reparto de Turquía, es un hecho. Si el señor Plejánov hubiera rozado —aunque solo fuera rozado— la historia de la diplomacia y la política exterior de los últimos decenios, no habría podido dejar de notarlo, no se habría atrevido a negarlo.

Y precisamente esta política rapaz, imperialista, estrechamente ligada al capital bancario de ambos países, fue la que Nicolás II y Guillermo II continuaron con la guerra actual.

Y si la guerra se libra entre dos grupos de depredadores y opresores por el reparto del botín bandidesco, por a quién le toca estrangular más pueblos, a quién le toca saquear más, entonces para tal guerra no tiene ninguna importancia, ni económica ni política, la cuestión de quién empezó primero, quién declaró la guerra, etcétera.

El señor Plejánov ha descendido —exactamente igual que los Plejánov alemanes, los Scheidemann y Cía.— al nivel del más vulgar, del más adocenado chovinista burgués, que no quiere saber (o nunca ha sabido) que la guerra es la continuación de la política, que la guerra y la política están ligadas a los intereses de determinadas clases, que hay que analizar qué clases y por qué combaten.

Una furiosa y desvergonzada mentira, un encubrimiento de la política rapaz de Nicolás II —política que no han cambiado Lvov y Cía. (¡incluso confirmaron los tratados del zar!)—, esa es toda la sabiduría del señor Plejánov.

No seguirán esta mentira ni los obreros conscientes ni los soldados conscientes.

«Pravda» nº 31, 13 de abril de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»