¡Camaradas obreros suizos!

Al partir de Suiza a Rusia para continuar la labor revolucionaria-internacionalista en nuestra patria, nosotros, miembros del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, unificado por el Comité Central (a diferencia de otro partido que lleva el mismo nombre, pero unificado por el Comité Organizador), os enviamos un saludo fraternal y expresamos nuestro profundo agradecimiento fraternal por vuestra actitud solidaria hacia los emigrantes.

Si los socialpatriotas y oportunistas declarados, los «grütlianos» suizos, que al igual que los socialpatriotas de todos los países se han pasado del campo del proletariado al campo de la burguesía, si esos os invitaban abiertamente a luchar contra la influencia nociva de los extranjeros en el movimiento obrero suizo; si los socialpatriotas y oportunistas encubiertos, que constituyen la mayoría entre los dirigentes del partido socialista suizo{52}, practicaban una política semejante de manera encubierta, debemos declarar que por parte de los obreros socialistas revolucionarios de Suiza, que mantienen el punto de vista internacionalista, hemos encontrado una cálida simpatía y hemos extraído mucho provecho del trato fraternal con ellos.

Siempre fuimos especialmente cautelosos al pronunciarnos sobre aquellas cuestiones del movimiento suizo cuyo conocimiento exige un largo trabajo en el movimiento local. Pero aquellos de nosotros que, en un número apenas superior a 10-15 personas, éramos miembros del partido socialista suizo, considerábamos nuestro deber defender resueltamente nuestro punto de vista, el punto de vista de la «Izquierda de Zimmerwald», en las cuestiones generales y fundamentales del movimiento socialista internacional, luchar resueltamente no sólo contra el socialpatriotismo, sino también contra la orientación del llamado «centro», al que pertenecen R. Grimm, F. Schneider, Jacques Schmid y otros en Suiza, Kautsky, Haase, la «Arbeitsgemeinschaft» en Alemania{53}, Longuet, Presseman y otros en Francia, Snowden, Ramsay MacDonald y otros en Inglaterra, Turati, Treves y sus amigos en Italia, el mencionado partido del «Comité Organizador» (Axelrod, Màrtov, Chjeidze, Skóbelev y otros) en Rusia.

Trabajamos solidariamente con aquellos socialdemócratas revolucionarios de Suiza que se agrupaban en parte en torno a la revista «Freie Jugend»{54}, que redactaron y difundieron los motivos del referéndum (en alemán y francés) exigiendo la convocatoria de un congreso del partido en abril de 1917 para resolver la cuestión de la actitud ante la guerra, que presentaron en el congreso cantonal de Zúrich en Töss la resolución de los jóvenes y de la «izquierda» sobre la cuestión de la guerra{55}, que editaron y difundieron en algunas localidades de la Suiza francesa, en marzo de 1917, una hoja en francés y alemán «Nuestras condiciones de paz», etc.

Enviamos un saludo fraternal a estos camaradas, con quienes trabajamos codo a codo, como correligionarios.

Para nosotros no ha cabido ni cabe la menor duda de que el gobierno imperialista de Inglaterra no dejará pasar a Rusia a los internacionalistas rusos, adversarios irreconciliables del gobierno imperialista de Guchkov-Miliukov y Cía., adversarios irreconciliables de la continuación de la guerra imperialista por parte de Rusia.

En relación con esto, debemos detenernos brevemente en nuestra comprensión de las tareas de la revolución rusa. Tanto más necesario consideramos hacerlo cuanto que, por intermedio de los obreros suizos, podemos y debemos dirigirnos a los obreros alemanes, franceses e italianos, que hablan los mismos idiomas que la población de Suiza, la cual goza hasta ahora de los beneficios de la paz y de una libertad política comparativamente mayor.

Permanecemos absolutamente fieles a la declaración que hicimos en el Órgano Central de nuestro partido, el periódico «Sotsial-Demokrat», editado en Ginebra, en el número 47 del 13 de octubre de 1915. Dijimos allí que si en Rusia triunfaba la revolución y llegaba al poder un gobierno republicano que quisiera continuar la guerra imperialista, la guerra en alianza con la burguesía imperialista de Inglaterra y Francia, la guerra para conquistar Constantinopla, Armenia, Galitzia, etc., etc., seríamos adversarios decididos de ese gobierno, estaríamos en contra de la «defensa de la patria» en una guerra semejante[13].

Aproximadamente, ha llegado ese caso. El nuevo gobierno de Rusia, que ha negociado con el hermano de Nicolás II la restauración de la monarquía en Rusia, y en el que los puestos principales y decisivos pertenecen a los monárquicos Lvov y Guchkov, ese gobierno intenta engañar a los obreros rusos mediante la consigna «los alemanes deben derrocar a Guillermo» (¡correcto! pero ¿por qué no agregar: los ingleses, italianos, etc., a sus reyes, y los rusos a sus monárquicos, a Lvov y Guchkov??). Ese gobierno intenta, mediante semejante consigna y no publicando los tratados imperialistas y de rapiña que el zarismo concertó con Francia, Inglaterra, etc., y que han sido confirmados por el gobierno de Guchkov-Miliukov-Kerenski, hacer pasar su guerra imperialista contra Alemania por una guerra «defensiva» (es decir, justa, legítima incluso desde el punto de vista del proletariado), hacer pasar la defensa de los fines rapaces, imperialistas y de pillaje del capital ruso, inglés, etc., por la «defensa» de la república rusa (¡que en Rusia aún no existe y que los Lvov y Guchkov ni siquiera han prometido instaurar todavía!).

Si son ciertas las últimas informaciones telegráficas, que indican que entre los socialpatriotas rusos declarados (como los señores Plejánov, Zasúlich, Potrésov, etc.) y el partido del «centro», el partido del «Comité Organizador», el partido de Chjeidze, Skóbelev, etc., se ha producido algo así como un acercamiento sobre la base de la consigna: «mientras los alemanes no derroquen a Guillermo, nuestra guerra es defensiva»; si esto es cierto, entonces con redoblada energía libraremos la lucha contra el partido de Chjeidze, Skóbelev y otros, lucha que ya antes siempre sostuvimos contra ese partido por su conducta política oportunista, vacilante e inestable.

¡Nuestra consigna: ningún apoyo al gobierno de Guchkov-Miliukov! Engaña al pueblo quien dice que ese apoyo es necesario para luchar contra la restauración del zarismo. Por el contrario, precisamente el gobierno de Guchkov ya ha llevado a cabo negociaciones para restaurar la monarquía en Rusia. Sólo el armamento y la organización del proletariado son capaces de impedir que los Guchkov y Cía. restauren la monarquía en Rusia. ¡Sólo el proletariado revolucionario de Rusia y de toda Europa, que se mantiene fiel al internacionalismo, es capaz de librar a la humanidad de los horrores de la guerra imperialista!

No nos cerramos los ojos ante las enormes dificultades que se alzan ante la vanguardia revolucionaria-internacionalista del proletariado de Rusia. En tiempos como los que vivimos, son posibles los cambios más bruscos y rápidos. En el número 47 de «Sotsial-Demokrat» respondimos directa y claramente a la pregunta que surge de manera natural: ¿qué haría nuestro partido si la revolución lo llevara al poder de inmediato? Respondimos: (1) propondríamos inmediatamente la paz a todos los pueblos beligerantes; (2) haríamos públicas nuestras condiciones de paz, consistentes en la liberación inmediata de todas las colonias y de todos los pueblos oprimidos o privados de derechos; (3) comenzaríamos inmediatamente y llevaríamos hasta el fin la liberación de los pueblos oprimidos por los grandes rusos; (4) no nos hacemos la menor ilusión de que tales condiciones serían inaceptables no sólo para la burguesía monárquica, sino también para la republicana de Alemania, y no sólo para la de Alemania, sino también para los gobiernos capitalistas de Inglaterra y Francia.

Nos veríamos obligados a librar una guerra revolucionaria contra la burguesía alemana, y no sólo contra la alemana. La libraríamos. No somos pacifistas. Somos adversarios de las guerras imperialistas por el reparto del botín entre los capitalistas, pero siempre hemos declarado que sería un absurdo que el proletariado revolucionario renunciara a las guerras revolucionarias que pueden resultar necesarias en interés del socialismo.

La tarea que bosquejamos en el n.º 47 de *Sotsial-Demokrat* es gigantescamente grande. Solo puede resolverse en una larga serie de grandes batallas de clase entre el proletariado y la burguesía. Pero no es nuestra impaciencia, no son nuestros deseos, sino las condiciones objetivas creadas por la guerra imperialista las que han llevado a toda la humanidad a un callejón sin salida, colocándola ante el dilema: o dejar que perezcan aún millones de personas y destruir por completo toda la cultura europea, o entregar el poder en todos los países civilizados en manos del proletariado revolucionario, realizar la transformación socialista.

Al proletariado ruso le ha cabido el gran honor de iniciar la serie de revoluciones engendradas con inevitable necesidad objetiva por la guerra imperialista. Pero nos es absolutamente ajena la idea de considerar al proletariado ruso como el proletariado revolucionario elegido entre los obreros de otros países. Sabemos perfectamente que el proletariado de Rusia está menos organizado, preparado y consciente que los obreros de otros países. No son cualidades especiales, sino solo condiciones históricas particularmente configuradas las que han hecho del proletariado de Rusia, por un tiempo determinado, quizá muy corto, el abanderado del proletariado revolucionario de todo el mundo.

Rusia es un país campesino, uno de los países europeos más atrasados. En ella no puede triunfar inmediatamente el socialismo de manera directa. Pero el carácter campesino del país, dado el enorme fondo de tierras conservado por los nobles terratenientes, puede, basándose en la experiencia de 1905, dar un enorme alcance a la revolución democrático-burguesa en Rusia y hacer de nuestra revolución el prólogo de la revolución socialista mundial, un escalón hacia ella.

En la lucha por estas ideas, plenamente confirmadas tanto por la experiencia de 1905 como por la primavera de 1917, se formó nuestro partido, enfrentándose de manera irreconciliable a todos los demás partidos, y por estas ideas lucharemos también en adelante.

En Rusia no puede triunfar el socialismo de manera directa e inmediata. Pero la masa campesina puede llevar la inevitable y madura transformación agraria hasta la confiscación de toda la inmensa propiedad territorial de los terratenientes. Esta consigna la hemos enarbolado siempre, y la han enarbolado ahora en Petersburgo tanto el Comité Central de nuestro partido como el periódico de nuestro partido, *Pravda*. Por esta consigna luchará el proletariado, sin cerrar en absoluto los ojos ante la inevitabilidad de encarnizados choques de clase entre los obreros agrícolas asalariados, junto con los campesinos más pobres que se adhieran a ellos, y los campesinos acomodados, fortalecidos por la "reforma" agraria de Stolypin (1907-1914). No hay que olvidar que 104 diputados campesinos, tanto en la primera (1906) como en la segunda (1907) Duma, presentaron un proyecto agrario revolucionario que exige la nacionalización de todas las tierras y su administración a través de comités locales elegidos sobre la base de un democratismo pleno.

Semejante transformación, por sí misma, no sería aún en modo alguno socialista. Pero daría un enorme impulso al movimiento obrero mundial. Fortalecería extraordinariamente las posiciones del proletariado socialista en Rusia y su influencia sobre los obreros agrícolas y los campesinos más pobres. Daría al proletariado urbano la posibilidad, apoyándose en esta influencia, de desarrollar organizaciones revolucionarias como los "Soviets de diputados obreros", sustituir con ellas los viejos instrumentos de opresión de los Estados burgueses, el ejército, la policía, la burocracia, y llevar a cabo –bajo la presión de la insoportablemente gravosa guerra imperialista y sus consecuencias– una serie de medidas revolucionarias para el control de la producción y la distribución de los productos.

El proletariado ruso no puede, solo con sus propias fuerzas, culminar victoriosamente la revolución socialista. Pero puede dar a la revolución rusa un alcance tal que cree las mejores condiciones para ella, que en cierto sentido la inicie. Puede facilitar la situación para la entrada en las batallas decisivas de su principal, su más fiel, su más seguro colaborador: el proletariado socialista europeo y americano.

Que los pusilánimes se entreguen a la desesperación ante la victoria temporal en el socialismo europeo de lacayos tan repugnantes de la burguesía imperialista como los Scheidemann, Legien, David y Cía. en Alemania, Sembat, Guesde, Renaudel y Cía. en Francia, los fabianos y "laboristas"{56} en Inglaterra. Estamos firmemente convencidos de que esta sucia espuma en el movimiento obrero mundial será barrida rápidamente por las olas de la revolución.

En Alemania ya hierve el estado de ánimo de la masa proletaria, que tanto ha dado a la humanidad y al socialismo con su tenaz, persistente y constante trabajo organizativo durante largas décadas de la "calma" europea de 1871-1914. El futuro del socialismo alemán no lo representan los traidores Scheidemann, Legien, David y Cía., ni tampoco esos políticos vacilantes, sin carácter, aplastados por la rutina del período "pacífico", como los Sres. Haase, Kautsky y similares.

Este futuro pertenece a la corriente que dio a Karl Liebknecht, que creó el "Grupo Espartaco"{57}, que realizaba propaganda en la *Arbeiterpolitik*{58} de Bremen.

Las condiciones objetivas de la guerra imperialista son garantía de que la revolución no se limitará a la primera etapa de la revolución rusa, de que la revolución no se limitará a Rusia.

El proletariado alemán es el más fiel, el más seguro aliado de la revolución proletaria rusa y mundial.

Cuando nuestro partido enarboló en noviembre de 1914 la consigna: "transformación de la guerra imperialista en guerra civil" de los oprimidos contra los opresores por el socialismo, esta consigna fue acogida con hostilidad y burlas malignas por los socialpatriotas, y con un silencio desconfiado-escéptico, sin carácter y expectante por los socialdemócratas del "centro". El socialchovinista, socialimperialista alemán David la calificó de "descabellada", y el representante del socialchovinismo ruso (y anglofrancés), socialista de palabra, imperialista de hecho, el señor Plejánov, la llamó "farsa de ensueño" (Mittelding zwischen Traum und Komödie). Y los representantes del centro se limitaban a guardar silencio o a hacer chistes vulgares acerca de esta "línea recta trazada en el vacío".

Ahora, después de marzo de 1917, solo un ciego puede no ver que esta consigna es correcta. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil se está convirtiendo en un hecho.

¡Viva la revolución proletaria que comienza en Europa!

Por encargo de los camaradas que parten, miembros del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (unificado por el Comité Central), que aprobaron esta carta en la reunión del 8 de abril (nuevo estilo) de 1917.

Impreso en alemán el 1 de mayo de 1917 en el periódico *Jugend-Internationale* n.º 8

Impreso por primera vez en ruso el 21 de septiembre de 1917

Se imprime según el manuscrito en el periódico *Yedinstvo* n.º 145