El camarada R. Grimm afirma en su artículo sobre la mayoría y la minoría (*Berner Tagwacht* y *Neues Leben*) que «también entre nosotros se ha inventado» «el pantano, un supuesto centro del partido».

Demostraremos que precisamente la posición adoptada por Grimm en el artículo mencionado representa el punto de vista típico del centro.

Grimm, polemizando con la mayoría, escribe:

«Ninguno de los partidos que se sitúan en la plataforma de Zimmerwald y Kienthal ha lanzado la consigna de la negativa al servicio militar y la obligación simultánea de sus miembros de llevarla a la práctica. El propio Liebknecht vistió el uniforme militar y se incorporó a las filas del ejército. El partido italiano se limitó a rechazar los créditos de guerra y la paz civil. La minoría en Francia hizo lo mismo».

Nos frotamos los ojos con asombro. Releemos este importante párrafo del artículo de Grimm y aconsejamos al lector que reflexione sobre él.

¡Parece increíble, pero es un hecho! Para demostrar que el centro ha sido inventado entre nosotros, el representante de este centro nuestro, Grimm, ¡¡¡mete en el mismo saco a los internacionalistas de izquierda (Liebknecht) y a los zimmerwaldianos de derecha o centro!!!

¿Acaso Grimm cuenta realmente con engañar a los obreros suizos y convencerles de que Liebknecht y el partido italiano pertenecen a la misma corriente? ¿De que entre ellos no existe precisamente la diferencia que separa a la izquierda del centro?

Aduzcamos nuestros argumentos:

En primer lugar, escuchemos a un testigo que no pertenece ni al centro ni a la izquierda. El socialimperialista alemán Ernst Heilmann escribió el 12 de agosto de 1916 en *Die Glocke*, pág. 772: ...«La *Arbeitsgemeinschaft*[86], o la derecha zimmerwaldiana, cuyo teórico es Kautsky y cuyos jefes políticos son Haase y Ledebour»... ¿Puede Grimm negar que Kautsky – Haase – Ledebour son representantes típicos del centro?

En segundo lugar. ¿Puede serle desconocido a Grimm que la derecha zimmerwaldiana o centro se manifiesta en el socialismo contemporáneo contra la ruptura inmediata con el BSI, la Oficina Socialista Internacional de La Haya, la oficina de los socialpatriotas? ¿Que la izquierda está a favor de esta ruptura? ¿Que los representantes del grupo «Internacional» en Kienthal –al que precisamente pertenece Liebknecht– lucharon contra la convocatoria del BSI y por la ruptura con él?

En tercer lugar. ¿Acaso ha olvidado Grimm que el socialpacifismo, condenado explícitamente por la resolución de Kienthal, se ha convertido precisamente ahora en la plataforma del centro en Francia, Alemania e Italia? ¿Que todo el partido italiano, que no protestó ni contra las numerosas resoluciones y declaraciones socialpacifistas de su grupo parlamentario, ni contra el vergonzoso discurso de Turati del 17 de diciembre, se sitúa en la plataforma del socialpacifismo? ¿Que ambos grupos de izquierda en Alemania, tanto el I.S.D. (Internacionalistas Socialistas de Alemania) como el «Internacional» (o grupo «Espartaco», al que precisamente pertenece Liebknecht) rechazaron directamente el socialpacifismo del centro? ¡No hay que olvidar, al mismo tiempo, que los más perniciosos socialimperialistas y socialpatriotas de Francia, encabezados por Sembat, Renaudel y Jouhaux, votaron también a favor de las resoluciones socialpacifistas, y que de este modo se puso de manifiesto de forma particularmente clara el significado real y objetivo del socialpacifismo.

En cuarto lugar... ¡pero basta! Grimm se sitúa precisamente en el punto de vista del centro cuando da al partido suizo el consejo de «contentarse» con el rechazo de los créditos y de la paz civil, tal como lo hizo el partido italiano. Grimm critica las propuestas de la mayoría precisamente desde el punto de vista del centro, porque esta mayoría quiere aproximarse al punto de vista de Liebknecht.

Grimm aboga por la claridad, la franqueza y la honestidad. ¡Bien! ¿Acaso estas excelentes cualidades no prescriben establecer clara, abierta y honestamente la diferencia entre el punto de vista y la táctica de Liebknecht y los del centro, y no meterlos en el mismo saco?

Estar con Liebknecht significa: (1) atacar al enemigo principal en el propio país; (2) desenmascarar a los socialpatriotas del propio país (¡y no solo a los extranjeros, con perdón, camarada Grimm!), luchar contra ellos, no unirse a ellos –¡con perdón, camarada Grimm!– contra los radicales de izquierda; (3) criticar y denunciar abiertamente las debilidades no solo de los socialpatriotas, sino también de los socialpacifistas y «centristas» en el propio país; (4) utilizar la tribuna parlamentaria para llamar al proletariado a la lucha revolucionaria, a volver las armas; (5) difundir literatura ilegal y organizar reuniones ilegales; (6) organizar manifestaciones proletarias como, por ejemplo, las manifestaciones en la Potsdamer Platz de Berlín, donde fue detenido Liebknecht; (7) llamar a las huelgas de los obreros de la industria de guerra, como lo hacía en sus proclamas ilegales el grupo «Internacional»; (8) demostrar abiertamente la necesidad de una completa «renovación» de los partidos actuales, que se limitan a una actividad reformista, y actuar del mismo modo que actuó Liebknecht; (9) rechazar incondicionalmente la defensa de la patria en la guerra imperialista; (10) luchar en toda la línea contra el reformismo y el oportunismo dentro de la socialdemocracia; (11) manifestarse con la misma intransigencia contra los jefes sindicales, que en todos los países, especialmente en Alemania, Inglaterra y Suiza, constituyen la vanguardia del socialpatriotismo y del oportunismo, etc.

Está claro que, desde este punto de vista, mucho de lo que hay en el proyecto de la mayoría es susceptible de crítica. Pero de esto solo se puede hablar en un artículo especial. Aquí es necesario subrayar que la mayoría, en todo caso, propone algunos pasos en esta dirección, y Grimm ataca a esta mayoría no desde la izquierda, sino desde la derecha, no desde el punto de vista de Liebknecht, sino desde el punto de vista del centro.

En su artículo, Grimm confunde constantemente dos cuestiones de principio diferentes: en primer lugar, la cuestión de cuándo, en qué momento debe llevarse a cabo una u otra acción revolucionaria. Pretender resolver esta cuestión de antemano es un sinsentido, y los reproches que de ello se derivan por parte de Grimm contra la mayoría no son más que polvareda arrojada a los ojos de los obreros.

Segunda cuestión: cómo transformar, cómo convertir un partido, incapaz actualmente de llevar a cabo una lucha sistemática, consecuente y verdaderamente revolucionaria en cualesquiera condiciones concretas, en un partido que sea capaz de ello.

¡Esta es la cuestión más importante! ¡Aquí está la raíz de toda la controversia, de toda la lucha de corrientes en la cuestión de la guerra, así como en la cuestión de la defensa del país! ¡Y precisamente esta cuestión es silenciada, velada, oscurecida por Grimm! Más aún: las explicaciones de Grimm se reducen a negar esta cuestión.

Todo sigue como antes: este es el hilo rojo que recorre todo el artículo de Grimm; esta es la razón más profunda de la afirmación de que este artículo representa al centro. ¡Todo sigue como antes: solo el rechazo de los créditos de guerra y de la paz civil! Cualquier burgués inteligente no puede dejar de reconocer que, a fin de cuentas, esto no es inaceptable tampoco para la burguesía: esto no amenaza aún la dominación de la burguesía, no le impide hacer la guerra («nos sometemos» como «minoría en el Estado»: ¡estas palabras de Grimm tienen un significado político muy, muy grande, mucho mayor de lo que parece a primera vista!).

¿Y acaso no es un hecho internacional que la propia burguesía y sus gobiernos en los países beligerantes, ante todo en Inglaterra y Alemania, persiguen solo a los partidarios de Liebknecht y toleran a los representantes del centro?

¡Adelante, a la izquierda, incluso si esto va acompañado de la salida de algunos jefes socialpatriotas!: tal es, en pocas palabras, el sentido político de las propuestas de la mayoría.

¡Atrás desde Zimmerwald, a la derecha, hacia el socialpacifismo, hacia la posición del centro, hacia la «paz» con los jefes socialpatriotas, ninguna acción de masas, ninguna revolucionarización del movimiento, ninguna renovación del partido!: tal es el punto de vista de Grimm.

Hay que esperar que esto abra, por fin, los ojos de los radicales de izquierda suizos sobre su posición centrista.

Escrito en alemán a finales de enero de 1917.

Publicado por primera vez en 1931 en la *Recopilación Leninista* XVII.

Se publica según el manuscrito. Traducción del alemán.