Querido amigo: En cuanto a la «cautividad alemana» y demás, todos sus temores son excesivos e infundados. No hay peligro alguno. De momento nos quedamos aquí. Le ruego encarecidamente que, al elegir su lugar de residencia, no tenga en cuenta la posibilidad de que yo vaya o no a tal lugar. ¡Sería absurdo, descabellado, ridículo que yo le coartase a la hora de elegir ciudad por la consideración de si en el futuro pudiera darse el caso de que yo también fuese allí!!!

He encargado las direcciones de las organizaciones juveniles. Me las han prometido.

En cuanto al plan de la editorial: siga adelante con el asunto. ¿Y el informe sobre el pacifismo?

Acerca de Engels. Si ha dado con un número de «Neue Zeit» con el relato de Kautsky (y las cartas de Engels) sobre cómo tergiversaron el prefacio de Engels a «Las luchas de clases en Francia», sería bueno que copiara esto en un cuaderno aparte con más detalle. Si no es posible, envíeme el número exacto de «Neue Zeit», año, tomo, página.

Sus ataques a Engels, en mi convicción, son el colmo de la falta de fundamento. Perdone la franqueza: ¡hay que prepararse mucho más en serio antes de escribir así! De lo contrario, es fácil cubrirse de ridículo; se lo advierto entre nous, amistosamente, cara a cara, por si alguna vez habla así en la prensa o en una reunión.

¿La huelga belga? En primer lugar, es posible que en esta cuestión de hecho, cuestión particular, Engels se equivocara. Por supuesto, es posible. Hay que recopilar todo lo que escribió al respecto. En segundo lugar, en cuanto a la huelga general en general, los acontecimientos de los últimos tiempos, 1905, han aportado definitivamente algo nuevo que Engels no conocía. Engels se había acostumbrado, durante decenios, a oír hablar de la «huelga general» sólo como frases vacías de los anarquistas, a quienes odiaba y despreciaba con toda razón. Pero los acontecimientos mostraron luego un nuevo tipo de «huelga de masas», política, es decir, profundamente no anarquista. Esto nuevo Engels aún no lo conocía ni podía conocerlo.

No hay que olvidarlo.

¿No fue acaso la huelga belga una transición de lo viejo a lo nuevo? ¿Podía Engels en aquel momento (¿1891-1892?; ya tenía 71-72 años, moribundo) ver que no se trataba de una vieja reminiscencia belga (los belgas fueron proudhonianos mucho tiempo), sino de una transición hacia lo nuevo? Hay que reflexionar sobre ello.

En cuanto a la «defensa de la patria», usted, a mi juicio, cae en la abstracción y la ahistoricidad. Repito lo que dije en el artículo contra Yuri: defensa de la patria = justificación de la participación en la guerra. Nada más. Generalizar esto, convertirlo en un «principio general», es ridículo, el colmo de la falta de cientificidad. (Le enviaré el programa americano del Socialist Labor Party con esa ridícula generalización.) Las guerras son algo sumamente abigarrado, diverso, complejo. No se puede abordarlas con un patrón general.

(I) Tres tipos principales: la relación de la nación oprimida con la opresora (toda guerra es continuación de la política; la política es relación entre naciones, clases, etc.). Por regla general, la guerra es legítima por parte de la oprimida (ya sea defensiva u ofensiva en el sentido militar).

(II) Relación entre dos naciones opresoras. Lucha por colonias, mercados, etc. (Roma y Cartago; Inglaterra y Alemania 1914-1917). Por regla general, una guerra de este tipo es, por ambas partes, un saqueo; y la actitud de la democracia (y del socialismo) ante ella cae bajo la regla: «dos ladrones se pelean, que perezcan los dos»...

(III) Tercer tipo. Sistema de naciones con igualdad de derechos. ¡¡¡¡La cuestión es mucho más compleja!!!! Especialmente cuando junto a naciones civilizadas, relativamente democráticas, se alza el zarismo. Así fue (aproximadamente) en Europa desde 1815 hasta 1905.

Año 1891. La política colonial de Francia y Alemania es insignificante. Italia, Japón, Estados Unidos no tienen colonias en absoluto (ahora las tienen). En Europa Occidental se ha formado un sistema (¡¡NB!! ¡¡piense en ello!! ¡¡no lo olvide!! vivimos no solo en Estados aislados, sino en un determinado sistema de Estados; a los anarquistas les está permitido ignorarlo; nosotros no somos anarquistas), un sistema de Estados, en general constitucionales, nacionales. Junto a ellos, el poderoso, inquebrantado, zarismo prerrevolucionario, que saquea y oprime a todos durante cientos de años, que aplastó las revoluciones de 1849 y 1863.

¡Alemania (de 1891) es el país del socialismo avanzado. ¡Y a este país lo amenaza el zarismo en alianza con el boulangismo!

La situación no es, en absoluto, la misma que en 1914-1917, cuando el zarismo está socavado por 1905 y Alemania libra la guerra por la dominación mundial. ¡¡Otra cosa es!!

Identificar, e incluso asemejar, las situaciones internacionales de 1891 y de 1914 es el colmo de la ahistoricidad.

El tontuelo de Radek escribió hace poco en un llamamiento polaco («Befreiung Polens»): el «Staatenbau» no es el fin de la lucha de los socialdemócratas. ¡Es archiestúpido! ¡Es semianarquismo, semiidiotismo! No, no, no nos es en absoluto indiferente el Staatenbau, el sistema de Estados, sus relaciones mutuas.

¿Engels fue el padre del «radicalismo pasivo»? ¡Falso! Nada de eso. Nunca lo demostrará usted. (Bogdánov y Cía lo intentaron, y sólo quedaron en ridículo.)

En la guerra imperialista de 1914-1917, entre dos coaliciones imperialistas, debemos estar contra la «defensa de la patria», porque (1) el imperialismo es la víspera del socialismo; (2) la guerra imperialista es una guerra de ladrones por el botín; (3) en ambas coaliciones existe un proletariado avanzado; (4) en ambas ha madurado la revolución socialista. ¡¡Sólo por eso estamos contra la «defensa de la patria», sólo por eso!!

¡Los mejores saludos y deseos!

P.D. He recibido sus dos últimas cartas de golpe, pero evidentemente sólo por culpa mía.