«Volksstimme» (Chemnitz) n.º 156 (I suplemento) 8 de julio de 1916  
artículo:  
«La traición al partido es una traición al Estado».  
«Ya desde hace varios meses, numerosos volantes anónimos lanzan contra los dirigentes elegidos y probados del partido y de los sindicatos el reproche, repetido en todos los tonos, incluso en el "canino", de que en el momento de la gran crisis de la historia mundial, cuyo punto culminante para la política del partido fue sin duda el 4 de agosto de 1914, ellos vendieron y traicionaron al proletariado. Al principio, cuando se leía esto, se reían. Sin embargo, cuanto más se hacían sentir los horrores de la guerra, cuanto mayor era el número de víctimas, más fuerte se sentía la escasez de alimentos y menores eran las esperanzas de paz, debido a la obstinación del enemigo en sus planes destructivos, más personas se encontraban dispuestas a creer esta vil calumnia».  
El tono «canino» es una clara alusión a la expresión de un volante de que a los socialimperialistas habría que tratarlos «¡con un látigo de perro!»  
«¿Por qué razón Scheidemann, David, Landsberg se habrían convertido en traidores del proletariado, a cambio de qué pago? Hasta ahora no nos lo han dicho». No por puestos en el partido: «el rechazo de los créditos no es peligroso para la vida»  

NB:  
valiosas confesiones «más»  

NH ij cf. M[a]{>-]:  
[to]bJ!  
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sic!!  

Ablehnung ist nicht lebensgefährlich__ Y aún más oscuro en qué consiste la traición, pues esto es su convicción, su valoración de los hechos... ((Insofern ist der Vorwurf des Verrats ganz sinnlos».  
«Pero es sumamente peligroso para el partido. Sobre lo que piensa la masa de los compañeros de partido, se puede dudar y discutir. Pero no cabe duda alguna de que todavía hoy al menos 3/4 de los hombres que el proletariado, en tiempos de paz tranquila, eligió como dirigentes por sus méritos, consideran correcta y necesaria la aprobación de los créditos. Resultaría entonces que más de 90 de los 110 diputados socialdemócratas del Reichstag cometieron traición el 4 de agosto, y más de 3/4 de los dirigentes y funcionarios la siguen cometiendo hoy. Si esto fuera verdad, lo más sensato sería dejar que el partido se suicidara y encerrarlo en un ataúd y enterrarlo lo antes posible. Pues si el proletariado, después de 50 años de trabajo organizativo, hubiera tenido casi exclusivamente traidores como dirigentes, esto sería una prueba abrumadora e irrefutable de que el proletariado es políticamente completamente incapaz y siempre será engañado. ¿O qué otra cosa? Se podría expulsar a todos los viejos dirigentes y elegir solo nuevos, pero no se podría dar la seguridad de que en la próxima gran crisis los nuevos dirigentes no cometerán a su vez traición»... Pues muchos archirradicales estaban a favor del 4 de agosto (Pfannkuch, Ebert, etc.)... «¿Qué garantía, entonces, se podría ofrecer a los trabajadores de que, si estos hombres son traidores, no terminará también cada uno de sus sucesores siendo un traidor?»  
Ahora los volantes anónimos han llegado al llamamiento directo a la huelga en la industria de municiones. Esto = traición al Estado.  

(sic!!)  

comparar a Mártov en «Izvestia», etc.  
«Pues no hace falta ni perder una palabra sobre que esta idea de huelga de masas no tendría el más mínimo efecto práctico ni entre los franceses fanáticamente nacionalistas ni entre los ingleses arrogantes»...  
Estos no son socialdemócratas, evidentemente, sino o locos o provocadores anglo-rusos... Esto es tan «deshonroso y antipatriótico» que con tales gentes no podemos tener nunca nada en común, etc.  

comparar a Mártov en «Izvestia» etc.  

«LEIPZIGER VOLKSZEITUNG»  
Leipziger Volkszeitung, 10. VII. 1916  
DE LA VIDA DEL PARTIDO.  
«Traición al partido — traición al Estado».  
Con este título encabeza la Chemnitzer Volksstimme un artículo en el que arremete violentamente contra la acusación de traición al partido que «se ha lanzado contra los dirigentes elegidos y probados del partido y de los sindicatos en numerosos volantes anónimos y se ha repetido en todos los tonos, incluso hasta el tono "canino"».  
A esta defensa le sigue un ataque. La segunda parte trata de la «traición al Estado». Dice:  
«Mientras tanto, la literatura anónima de volantes ha conducido a la traición abierta al Estado. Por supuesto, no hablamos de Karl Liebknecht, a quien el tribunal militar quiere castigar por intento de traición a la guerra basándose en algún tipo de deducciones jurídicas, y cuyo proceder, en todo caso, no tiene absolutamente nada que ver con la traición al Estado tal como la entiende el pueblo, sino que hablamos de una traición al Estado en la que no hay nada que retorcer ni interpretar. Como comunica el Hamburger Echo, actualmente se difunde por vías desconocidas en los círculos obreros un volante que llama a la huelga general en la industria de municiones**. Con la consigna: «¡Abajo la guerra!» se llama a una «nueva acción» y se muestra de manera completamente inequívoca con ejemplos que esto debe ser la huelga de masas. Mientras allí fuera, en los frentes, los enemigos arremeten con la más salvaje furia y bañan a los guerreros alemanes con una lluvia de hierro, ¡se debe privar a la artillería alemana de municiones! Sin sus  
* El recorte de periódico está pegado en la página 22 del cuaderno, después de los extractos de «Volksstimme». Red.  
** La cursiva aquí y en lo sucesivo pertenece al autor del artículo. Red.  

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