[Otoño de 1916. Berna].

¡Querido camarada!

Muchas gracias por el relato sobre las disputas de Ginebra: es muy importante para nosotros tener las opiniones de los lectores. Lástima que nos las presenten rara vez.

Lunacharski, Bezrabotni y Cía. son gente sin cabeza.

Recomiendo plantearles la cuestión sin rodeos: que den tesis escritas (luego también impresas), breves, claras (como nuestras resoluciones): (1) sobre la autodeterminación (parágrafo 9 del programa de nuestro partido). ¿Están de acuerdo o no con la resolución de 1913? Si no lo están, ¿por qué guardaron silencio?, ¿por qué no presentaron la suya?

(2) ¿por qué niegan la defensa de la patria en la guerra actual?

(3) ¿cómo plantean la cuestión de la «defensa de la patria»?

(4) ¿cómo se sitúan respecto a las guerras nacionales

y (5) a los levantamientos nacionales?

¡Que respondan!

Se enredarán como niños, lo apuesto. No han entendido absolutamente nada de la cuestión del carácter histórico de la «nación» y de la «defensa de la patria».

Ya que quiere discutir con ellos, le envío mi artículo del n.º 3 (o 4) de la recopilación sobre este tema. Esto es en privado, es decir, solo para usted: después de leerlo, devuélvamelo o entréguelo a los Karpinski para que me lo devuelvan con el próximo paquete. Aún no puedo mostrarlo al público.

Pensé que usted se había ido y por eso envié la carta sobre los asuntos suizos solo a Noy. Pero la carta está destinada también para usted. Léala. Noy no me responde ni una palabra. ¡Extraño! ¡Muy extraño!

Mis mejores saludos. ¡Que se recupere!

Le estrecho la mano. Su Lenin.