«Traición al partido: traición al Estado».
Así titula la «Volksstimme» de Chemnitz un artículo en el que arremete duramente contra la acusación de traición al partido, «lanzada contra dirigentes elegidos y probados del partido y de los sindicatos en numerosas octavillas anónimas y modulada en todos los tonos hasta el “perruno”».
A esta defensa sigue el ataque. La segunda parte del artículo habla de la «traición al Estado». Dice así:
«Entre tanto, la literatura anónima de octavillas ha conducido a la abierta traición al Estado. No hablamos, por supuesto, de Karl Liebknecht, a quien el tribunal militar, basándose en no sé qué deducciones jurídicas, quiere castigar por intento de traición militar, pero cuya conducta no tiene en todo caso nada que ver con la traición al Estado tal como la entiende el pueblo: hablamos de una traición al Estado de la que no cabe zafarse. Según informa el “Hamburger Echo”, circula ahora por círculos obreros, por vías desconocidas, una octavilla que llama a la huelga general en la industria de guerra *. Bajo la consigna “¡abajo la guerra!”, la octavilla llama a un “nuevo modo de actuar” y muestra de manera bien inequívoca, con ejemplos, que bajo esto se entiende la huelga de masas. Es decir, en el momento mismo en que en los frentes los enemigos lanzan ofensivas con furia rabiosa, cubriendo a los soldados alemanes con una lluvia de hierro, se pretende privar de proyectiles a la artillería alemana: que la infantería alemana, privada de su ayuda, perezca bajo los proyectiles enemigos, que perezcan los proletarios alemanes llamados a filas. Porque huelga decir que esta idea de la huelga de masas no ejercería la menor influencia práctica ni sobre los franceses, fanáticamente nacionalistas, ni sobre los altaneros ingleses.
Así pues, esta propaganda es simple y llanamente traición al Estado, traición a nuestros compañeros de clase que se encuentran en el ejército, y nos gustaría saber qué dirán nuestros compañeros de allí sobre semejante desatino.
Estamos firmemente convencidos de que también la clase obrera alemana dará la respuesta que merecen quienes se dirigen a ella con tales pretensiones. Las octavillas, como se ha dicho, son anónimas; ignoramos si proceden de locos o de agentes provocadores anglo-rusos. De socialdemócratas no pueden proceder en ningún caso. Quien se prestara a apoyar tal propaganda, aunque solo fuera con pasividad, dejaría de existir para siempre para la socialdemocracia alemana. Porque esta propaganda es deshonrosa y antipatriótica, y con una persona que ha caído tan bajo no podemos, naturalmente, tener nada, absolutamente nada en común.
Pero la sola posibilidad de un fenómeno así muestra adónde puede conducir esa literatura anónima de octavillas. Comenzó con las más groseras injurias, de las que sus autores no se atrevían a responder ante los compañeros de partido, y ahora desemboca en semejante labor de provocación. ¡Primero los gritos sobre traición al partido y ahora la abierta traición al Estado! Ya es hora, pues, de acabar definitivamente con ella. Quien hoy quiera decir algo, que tenga el valor de hacerlo bajo su responsabilidad. ¿O se es demasiado cobarde para arriesgarse a persecuciones en un tiempo en que centenares de miles sacrifican su vida por su causa? Por lo demás, el anonimato no protege a los difusores de octavillas anónimas; si son sorprendidos, han de contar, desde luego, con los más duros castigos.
Los peligros de esta propaganda anónima se han hecho ahora patentes y evidentes. No permite distinguir entre el honesto extravío y la vil traición a la patria, probablemente pagada con dinero extranjero. Por eso advertimos a los compañeros de partido que acaben de una vez con esas octavillas anónimas. Sirven de tapadera a quienes quieren hundir en la desgracia al pueblo alemán y, ante todo, al proletariado alemán. ¡Estad alerta frente a los agentes provocadores!»
Consideramos necesario reproducir estas disquisiciones para mostrar a nuestros lectores lo que el «Hamburger Echo» y la «Volksstimme» de Chemnitz consideran tarea del día. Si ambos periódicos se hubieran enfrentado a los difusores de octavillas en el plano de los hechos, habría sido su legítimo derecho; pero cuando tildan a gritos la propaganda de traición al Estado, es una denuncia que la clase obrera merece — valorar en su justa medida.
Dicho sea de paso, la acusación es de hecho completamente infundada, porque las octavillas en cuestión, al menos por lo que sabemos de ellas, plantean la huelga solo como medio de expresar de forma clara las reivindicaciones de la clase obrera ante las cuestiones candentes del momento. Del objetivo que el «Hamburger Echo» y la «Volksstimme» de Chemnitz les atribuyen no se dice ni una palabra.

MARX
SOBRE LA GUERRA DE FRANCIA POR LA LIBERTAD (I, 1848), SOBRE IRLANDA, SOBRE LA GUERRA VENIDERA (II, 1874)
Marx sobre la guerra de 1870:
En el 1.er Manifiesto de la Internacional (23. VII. 1870; M[arx] cita la resolución] de los mandatarios de 50.000 obreros en Chemnitz que declara la guerra «exclusivamente dinástica» (pág. 18, edición 3 de «La guerra civil»).
Ib [idem] págs. 17 — 48: para los alemanes la guerra es defensiva.
En el 2.º Manifiesto (9. IX. 1870) se dice que «la guerra defensiva terminó... con la proclamación de la república...» (pág. 19), que «la clase obrera francesa se halla en condiciones sumamente difíciles»... «no ceder a los recuerdos nacionales de 1792»... «la tentativa de derrocar al nuevo gobierno sería una locura dictada por la desesperación»... «utilizar con calma y decisión las libertades republicanas para organizar su propia clase» (pág. 25).
Carta del 13. XII. 1870: «Sea cual sea el desenlace de la guerra, ésta ha enseñado al proletariado francés a manejar las armas» [[aquí]* cuaderno: «Marxismo acerca del Estado», pág. 2, al margen]
Artículo en el «Daily News» del 16. I. 1871: «Francia lucha también por su independencia nacional»
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* Más tarde Lenin tachó la palabra «aquí» y puso la llamada «αα», y en un espacio libre de la página escribió αα = cuaderno «Marxismo acerca del Estado» (Recopilación Leninista XIV, 216). — Ed.
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