Cómo de lejos estaba F. Engels de la actitud despectiva hacia las anexiones alemanas contemporáneas, propia de algunos doctrinarios tergiversadores del marxismo de la socialdemocracia alemana actual, lo demuestra la siguiente declaración suya, referida al año 1893:
«No debemos olvidar que 27 años de dominación de Bismarck han hecho a Alemania odiosa en todo el extranjero — y con razón. Ni la anexión de los daneses del norte de Schleswig, ni el incumplimiento, y al final la fraudulenta derogación del punto del tratado de Praga que les concernía, ni la anexión de Alsacia-Lorena, ni las repugnantes medidas contra los polacos prusianos tuvieron nada que ver con la creación de la "unidad nacional"».
(«Kann Europa abrüsten?» Núremberg 1893, p. 27)*. Según el tratado de Praga del 23 de agosto de 1866, Austria renunció a favor de Prusia a Schleswig-Holstein con la condición de que la población de los distritos septentrionales de Schleswig debía ser cedida a Dinamarca si en una votación libre se pronunciaba por la unión con Dinamarca. La fraudulenta derogación de este punto se llevó a cabo mediante el tratado de Viena entre Alemania y Austria del 11 de octubre de 1878. Quince años más tarde, en 1893, Engels no ha olvidado este engaño y lo estigmatiza, subrayando la diferencia entre la creación de la unidad nacional de los alemanes y una serie de medidas violentas y fraudulentas de opresión contra los pueblos dependientes de los alemanes *4