1. La «defensa de la patria» por parte de Suiza, tanto en la presente guerra imperialista como en las nuevas guerras imperialistas que se preparan, no es más que un engaño burgués al pueblo, pues, en realidad, la participación de Suiza en la guerra actual y en otras guerras semejantes no sería sino la participación en una guerra de rapiña y reaccionaria al lado de[52] una de las coaliciones imperialistas, y de ningún modo una guerra por la «libertad», la «democracia», la «independencia», etc.

2. La actitud del partido socialdemócrata suizo hacia el gobierno burgués suizo y hacia todos los partidos burgueses de Suiza debe ser de total desconfianza. Pues este gobierno (a) se halla en la más estrecha vinculación económica y financiera y en completa dependencia de la burguesía de las «grandes» potencias imperialistas; (b) ha dado hace ya tiempo y en toda la línea un viraje hacia la reacción política en los asuntos internacionales e internos (policía política; servilismo ante la reacción europea y las monarquías europeas, etc.); (c) ha demostrado con toda su política a lo largo de una serie de años (reorganización militar de 1907, etc.; los «casos» Egli, de Lo y otros muchos) que se convierte cada vez más en un peón en manos del partido militar y la camarilla militar más reaccionarios de Suiza.

3. En virtud de ello, la tarea más perentoria del partido socialdemócrata en Suiza es desenmascarar el verdadero carácter del gobierno, servil ante la burguesía imperialista y la casta militar, poner al descubierto el engaño al pueblo mediante frases sobre la democracia, etc., esclarecer la plena posibilidad de que este gobierno (con el consentimiento de toda la burguesía que gobierna Suiza) venda los intereses del pueblo suizo a una u otra coalición imperialista.

4. Por lo tanto, en caso de que Suiza se vea arrastrada a la presente guerra, es deber de la socialdemocracia rechazar incondicionalmente la «defensa de la patria» y desenmascarar el engaño al pueblo con esta consigna. No por sus intereses ni por la democracia, sino por los intereses de la burguesía imperialista irían a morir los obreros y los campesinos en tal guerra. Los socialistas de Suiza, como los de otros países adelantados, pueden y deben reconocer la defensa armada de la patria solo cuando esta patria sea reestructurada socialísticamente, es decir, la defensa de la revolución proletaria, socialista, contra la burguesía.

5. Ni en tiempo de paz ni en tiempo de guerra, el partido socialdemócrata y sus diputados pueden, en modo alguno, votar los créditos de guerra, por más que tal voto se intente justificar con discursos engañosos sobre la «defensa de la neutralidad», etc.

6. La respuesta del proletariado a la guerra debe ser la propaganda, la preparación y la realización de acciones revolucionarias de masas con el fin de derrocar la dominación de la burguesía, conquistar el poder político e implantar el régimen socialista, el único que librará a la humanidad de las guerras y cuya realización madura en la conciencia de los obreros de todos los países con una rapidez jamás vista antes.

7. Entre las acciones revolucionarias deben figurar las manifestaciones y las huelgas de masas, pero de ningún modo la negativa al servicio militar. Por el contrario, no negarse a tomar las armas, sino solo volver las armas contra la propia burguesía puede responder a las tareas del proletariado y corresponder a las consignas de los mejores representantes del internacionalismo, por ejemplo, K. Liebknecht.

8. Los más mínimos pasos del gobierno, antes de la guerra o durante la misma, encaminados a abolir o restringir las libertades políticas deben conducir a la formación, por parte de los obreros socialdemócratas, de organizaciones ilegales que tengan por objeto la propaganda sistemática, tenaz, sin detenerse ante sacrificios, de la guerra a la guerra y la explicación a las masas del verdadero carácter de la guerra.