reconocer la redacción del Órgano Central en la carta de invierno), quieren atarnos con un acuerdo sobre la igualdad de derechos,
es decir, debemos aceptar conceder igualdad de derechos a una dama que no ha escrito ni una sola línea y
no entiende absolutamente nada, y a un «jovenzuelo» que está completamente bajo su
influencia. ¡Y ellos utilizarán esa igualdad de derechos para jugar con nuestras divergencias con Radek, con Bujarin y otros!

Es simplemente una locura aceptar la igualdad de derechos en tales condiciones; eso significa
estropear todo el trabajo.

No es cierto que quieran «solo discusión». Para la discusión tienen todas las posibilidades. Tienen dinero. Ha pasado casi un año. ¿Por qué no escriben y publican folletos de discusión? ¡Porque no quieren asumir la responsabilidad ellos mismos! Está claro. Y en esto consiste precisamente la burla del espíritu de partido, pues quien declara divergencias debe meditar el asunto, actuar abiertamente, asumir la responsabilidad, y no

«jugar» ni pretender la «igualdad de derechos», cuando el partido ni siquiera conoce su posición
(y cuando no tienen posición alguna).

Que Bujarin tropieza a cada paso en aquellas concepciones que expuso por escrito en marzo de 1915 (en la conferencia) y que usted también rechazó, es un hecho. Usted reconoció
ese hecho al aceptar en marzo de 1916 (un año después) mi valoración del «economismo imperialista».

¡Al conceder la «igualdad de derechos», usted concede ante el partido igualdad de derechos a las vacilaciones de Bujarin! Usted
nos ata las manos y alienta esas vacilaciones. Es una política insensata.

Usted sabe que Radek, en primer lugar, se «ofendió» tanto (porque insistimos en que se incluyeran
nuestras tesis en la revista de Pannekoek[301]) que, como usted mismo me escribió en marzo de 1916,

¡no mantiene con usted «ningún trabajo colegiado»! Y las divergencias con él no han desaparecido; al
contrario, usted mismo coincidía conmigo en que su valoración del levantamiento irlandés es una
vulgaridad. ¡Y usted propone conceder «igualdad de derechos» a unos editores que se esconden detrás de Radek, jugando (¡por 2000 frs!*) con nuestras divergencias con él! ¡Es una política insensata!

* - francs! - ¡francos! Red.

En segundo lugar, Radek es una cosa, y la redacción de su periódico («Gazeta Robotnicza») otra. Que
ese periódico también ha iniciado un juego (con la fracción de Chjeidze, Trotski y otros), lo ha reconocido usted
mismo. Recuerde que ese periódico salió en febrero de 1916 y que con su participación se redactó una carta del KZO* contra él. ¿Acaso es una política seria, si ahora nosotros en
nuestra revista dirigente concedemos «igualdad de derechos» a personas que quieren hacer carrera
«utilizando» nuestra lucha contra los polacos, que nos traicionaron ante Vandervelde
y Kautsky el 3/16 de julio de 1914?

En tercer lugar, usted sabe que en Kienthal Radek quiso ponernos en minoría entre los izquierdistas, en la reunión de los izquierdistas, valiéndose de Frölich, Robmann y otros, y que fue necesario un ultimátum
para obligarlo a reconocer la independencia de nuestro Comité Central.

¡Qué «juego» emprenderán además esas personas cuando surja la cuestión de la actitud hacia Junius
(esa cuestión ya ha surgido) o de la «separación mecánica» de los kautskistas y demás! ¿Usted
garantiza que ninguno? Si es así, eso equivaldría por su parte a una renuncia
a toda nuestra política. Si no, es una locura atarse las manos después de esto en la redacción de nuestra revista dirigente.

En ningún caso acepto esa política insensata. Es mi decisión definitiva. Sigo pensando
que la publicación de la «Colección del Social-Demócrata» resuelve el asunto (que usted quiere enredar sin esperanza). La «Colección del Social-Demócrata»
agrupa en torno a nosotros a una serie de colaboradores utilísimos (Varin, Safárov, letones y otros),
arranca a Bujarin de los editores y lo atrae hacia nosotros, nos da la posibilidad de dirigir al partido (y a la izquierda internacional), no de ir a la zaga de... la señora editora.

Escríbame exactamente sobre su decisión. Formalmente, la situación actual es que la redacción del Órgano Central rompió con «Kommunist», y su último intento (incluso sus condiciones menores) fue rechazado. Por lo tanto, es necesario

* Véase Obras, 5ª ed., t. 27, págs. 275-278. Red.