Los okistas, tanto en su recopilación{83} como, de manera aún más definida, en su informe a la Comisión Socialista Internacional (Boletín nº 2, aparecido en alemán el 27.XI.1915), se esfuerzan por hacer creer al público que la fracción de Chjeidze y el OK tienen una línea propia, plenamente internacionalista y en desacuerdo con la línea de *Nuestra Causa*. Semejantes afirmaciones constituyen la más flagrante falsedad. En primer lugar, desde la formación del OK (agosto de 1912), hemos visto durante muchos años una solidaridad política plena en todo lo fundamental y una estrechísima colaboración política de la fracción de Chjeidze y el OK con el grupo de *Nuestra Aurora*, siendo este grupo el único que realizaba un trabajo sistemático entre las masas (los diarios liquidacionistas). Una divergencia mínimamente sustancial entre «amigos» tan cercanos tiene que demostrarse no con palabras, sino con hechos serios. No hay ni un solo hecho de ese tipo. En segundo lugar, durante una serie de años, 1912–1914, la fracción de Chjeidze y el OK desempeñaron el papel de peones al servicio de *Nuestra Aurora*, defendieron su política de modo sistemático, cosa que saben perfectamente los obreros de Petersburgo y de otros lugares, y ni una sola vez ejercieron influencia alguna para modificar la política de *Nuestra Aurora*, *El Rayo*{84}, etc.

En la política que concierne a las masas —por ejemplo, en la lucha contra la «fiebre huelguística», en las elecciones de los dirigentes de los más importantes sindicatos (el de los metalúrgicos, etc.) y de las instituciones de seguros más relevantes (el Consejo Panruso de Seguros{85})—, el grupo de *Nuestra Aurora* y solo él actuaba con independencia; el OK y la fracción de Chjeidze se limitaban a ayudarle, sirviéndole con fe y lealtad. En tercer lugar, durante un año y medio de guerra no hay un solo hecho que testimonie un cambio en estas relaciones, forjadas durante años, entre la fracción de Chjeidze y el OK con *Nuestra Aurora*. Por el contrario, hay hechos en sentido opuesto, incluso de entre aquellos que pueden hacerse públicos (la mayoría de los hechos de este género no son publicables). Es un hecho que no existe ni una sola intervención en Rusia, ni por parte del OK ni por parte de la fracción de Chjeidze, contra la política de *Nuestra Causa*; y para lograr un cambio real de la misma, hace falta no una intervención, sino una lucha prolongada y victoriosa, porque *Nuestra Causa* es una magnitud política alimentada por vínculos liberales, en tanto que el OK y la fracción de Chjeidze son decoraciones políticas. Es un hecho que los periódicos *Utro* y *Rabochee Utro*, que siguen plena y totalmente la política de *Nuestra Causa*, subrayan incluso de manera externa su cercanía política a la fracción de Chjeidze y hablan en nombre de todo el Bloque de Agosto. Es un hecho que la fracción de Chjeidze hace colectas de dinero para *Rabochee Utro*. Es un hecho que toda la fracción de Chjeidze comenzó a colaborar en el periódico socialchovinista de Samara *Nash Golos*{86} (véase el nº 17). Es un hecho que el miembro más destacado de la fracción de Chjeidze, concretamente Chjenkeli, intervino en la prensa, en la revista de los «defensistas» o socialchovinistas *Sovremenny Mir*{87}, en la revista de los señores Plejánov y Aleksinski, con declaraciones de principio completamente en el espíritu de Plejánov, *Nuestra Causa*, Kautsky y Axelrod. Nosotros citamos hace ya tiempo esta declaración de Chjenkeli, y ni los okistas en su recopilación ni Trotski en su *Nashe Slovo* se encargaron de defenderla, aunque se ocupan de defender y hacer propaganda de la fracción de Chjeidze. En cuarto lugar, las intervenciones políticas directas en nombre de toda la fracción de Chjeidze y de todo el OK demuestran nuestras tesis. Tomemos las intervenciones más importantes, reimpresas en la recopilación del OK: la declaración de Chjeidze y Cía. y la proclama del OK. El punto de vista de ambos documentos es idéntico, su posición es una y la misma. Dado que el OK es la institución dirigente suprema del «Bloque de Agosto» contra nuestro partido, y que publicó una proclama ilegal, es decir, podía hablar con más libertad y franqueza que Chjeidze en la Duma, examinemos precisamente esta proclama.

Es interesante, dicho sea de paso, que en la prensa socialdemócrata alemana, en el periódico socialdemócrata de Berna, ya hubo una polémica sobre esta proclama. Uno de sus colaboradores la calificó de «patriótica». El Secretariado en el Extranjero del OK se indignó, publicó una réplica, declaró que también «nosotros, el secretariado en el extranjero, somos culpables de ese patriotismo» y apeló a la redacción del periódico como una especie de juez, enviándole una traducción completa al alemán de la proclama. Hagamos notar por nuestra cuenta que esa redacción es notoriamente parcial al OK, le hace propaganda. ¿Y qué dijo esa redacción, parcial al OK?

«Hemos leído la proclama del OK —dijo la redacción (nº 250)— y debemos confesar que su texto puede sin duda suscitar malentendidos y dar al conjunto un sentido que, quizá, sea ajeno a los autores de la proclama.»

¿Por qué los okistas no reimprimieron en su recopilación este juicio de la redacción a la que ellos mismos habían apelado como juez? ¡Porque es el juicio de los amigos del OK, que se negaron públicamente a defender al OK! El juicio está escrito con una exquisita y diplomática cortesía, que subraya en particular el deseo de la redacción de decir a Axelrod y a Mártox algo «agradable». ¡Y resultó que la mayor «agradable» es esta: «¡quizá (¡solo quizá!) el OK no dijera lo que quería decir; pero lo que ha dicho «sin duda puede suscitar malentendidos»!»!

Invitamos encarecidamente a los lectores a conocer la proclama del OK, reimpresa también en la *Hoja del Bund* (nº 9). Todo el que la lea atentamente verá hechos simples y claros: (1) la proclama no contiene ni una sola palabra que rechace en principio toda defensa del país en la guerra actual; (2) en la proclama no hay absolutamente nada que sea en principio inadmisible para los «defensistas» o los «socialchovinistas»; (3) toda una serie de frases en la proclama son por completo homogéneas con el «defensismo»: «el proletariado no puede permanecer indiferente ante la derrota que se avecina» (casi textualmente lo mismo en *Rabochee Utro* nº 2: «actitud no indiferente» hacia «la salvación del país de la derrota»); «el proletariado está vitalmente interesado en la autoconservación del país»; «la revolución de todo el pueblo» debe salvar al país «de la derrota exterior», etc. Quien sea realmente enemigo del socialchovinismo, en lugar de semejantes frases debiera haber dicho: los terratenientes, el zar y la burguesía mienten cuando a la autoconservación del país la llaman conservación de la opresión de los grandes rusos sobre Polonia, su mantenimiento por la violencia; mienten cuando con frases sobre la salvación del «país» de la derrota encubren las aspiraciones de «salvar» los privilegios de gran potencia y distraen al proletariado de las tareas de la lucha contra la burguesía internacional. Reconocer al mismo tiempo la solidaridad internacional del proletariado de los países beligerantes en la guerra de rapiña, imperialista, y la admisibilidad de frases sobre la «salvación de la derrota» de uno de esos países significa ser hipócrita, significa convertir en una huera y falsa declamación todas sus declaraciones. Pues eso significa supeditar la táctica del proletariado a la situación militar de un país dado en un momento dado, y si es así, también tienen razón los socialchovinistas franceses que ayudan a «salvar de la derrota» a Austria o a Turquía.

El Secretariado en el Extranjero del OK, en la prensa socialdemócrata alemana (el periódico de Berna), ha esgrimido otro sofisma, tan descarado, tan grosero, tan «falseado» especialmente para engatusar a los alemanes, que los okistas se abstuvieron prudentemente de repetirlo ante el público ruso.

«Si esto es patriotismo —escriben ante los alemanes en tono de noble indignación—, señalar al proletariado la revolución como único medio de salvar al país de su perdición», también nosotros somos esos patriotas, «quisiéramos que la Internacional tuviera muchos más de esos “patriotas” en cada partido socialista; expresamos la certeza de que Liebknecht, Rosa Luxemburg, Merrheim se sentirían muy contentos de ver en torno a ellos muchos más de esos “patriotas” que se dirigieran a los obreros alemanes y franceses con semejantes proclamas».

El truco de tahúr es evidente: los cinco secretarios saben perfectamente que en Francia y Alemania, que marchan al encuentro de la revolución socialista, no hay ni sombra de espíritu revolucionario burgués, ni sombra de un movimiento social burgués que aspire a la revolución para alcanzar la victoria sobre el enemigo. Pero en Rusia, precisamente porque marcha al encuentro de la revolución democrático-burguesa, es notorio que ese movimiento existe. Los cinco secretarios engañan a los alemanes con este divertido sofisma: ¡el OK y Chjeidze y Cía. no pueden ser revolucionarios chovinistas en Rusia, porque en Europa la combinación de espíritu revolucionario con el chovinismo es un absurdo!

Sí, en Europa es un absurdo. Y en Rusia es un hecho. Podéis reprochar a los «prizyvistas» que son malos revolucionarios burgueses, pero no podéis negar que a su modo combinan el chovinismo con el espíritu revolucionario. La Conferencia de Julio de los populistas en Rusia, *Nuestra Causa* y *Rabochee Utro* se sitúan en este sentido completa y enteramente en la posición de los «prizyvistas», también ellos combinan el chovinismo con el espíritu revolucionario.

La fracción de Chjeidze, en su declaración (págs. 141–143 de la recopilación del OK), adoptó la misma posición. En Chjeidze encontramos las mismas frases chovinistas sobre el «peligro de la derrota», y si él reconoce el carácter imperialista de la guerra, la «paz sin anexiones», las «tareas comunes de todo el proletariado internacional», la «lucha por la paz», etc., etc., pues eso mismo lo reconoce también *Rabochee Utro*, y lo reconocen los populistas rusos, pequeñoburgueses. En la misma recopilación del OK, en la pág. 146, puede leerse que los populistas pequeñoburgueses reconocieron también el carácter imperialista de la guerra y «la paz sin anexiones», y la necesidad de que los socialistas (pues los populistas, al igual que *Rabochee Utro*, quieren pasar por socialistas) «aspiren a la rápida reconstitución de la solidaridad internacional de la organización socialista para poner fin a la guerra», etc. En los populistas, pequeñoburgueses, todas estas frases sirven para encubrir la consigna de la «defensa nacional», que ellos han planteado directamente, mientras que en Chjeidze y el OK, como en *Rabochee Utro*, esa misma consigna se denomina «¡salvación del país de la derrota!».

El resultado es que tanto Chjeidze como el OK han pronunciado frases revolucionarias, que no obligan absolutamente a nada, que no estorban en nada la política práctica de los prizyvistas y los nashedelistas, y sobre esa política han callado. De una manera u otra, apoyan la participación en los comités de la industria de guerra.

Menos frases sobre la revolución, señores, y más claridad, franqueza y honestidad en la política práctica del día de hoy. Prometéis ser revolucionarios y ahora ayudáis a los chovinistas, a la burguesía, al zarismo, ya sea defendiendo directamente la participación de los obreros en los comités de la industria de guerra, ya callando encubridamente a los participantes, sin combatirlos.

Mártov puede pergeñar todo tipo de argucias. Trotski puede gritar contra nuestro espíritu de fracción, encubriendo con esos gritos (¡vieja receta del… héroe de Turguéniev!{88}) sus miras, presumiblemente no fraccionales, de que algún fulano de la fracción de Chjeidze está «de acuerdo» con Trotski y jura por su izquierdismo, internacionalismo, etc. El hecho sigue siendo un hecho. No hay ni sombra de una diferencia política seria, no solo entre el OK y la fracción de Chjeidze, sino tampoco entre esos dos organismos y *Rabochee Utro* o *Prizyv*.

Por eso, en la práctica, todos ellos marchan juntos contra nuestro partido, por la política burguesa de la participación obrera en los comités de la industria de guerra, junto con los obreros sin partido y los populistas. Y las reservas verbales y los juramentos de los «secretarios en el extranjero» de que ellos «no están de acuerdo» siguen siendo frases vacías, que no afectan en absoluto a la política real de las masas, del mismo modo que los juramentos de Südekum, Legien, David de que están «por la paz» y «contra la guerra» no los limpian de chovinismo.

*El Socialdemócrata* nº 50, 18 de febrero de 1916.

Se imprime según el texto del periódico *El Socialdemócrata*.