En el § 3 del primer apartado de sus tesis, los camaradas polacos declaran con toda claridad que están en contra de toda anexión. Por desgracia, en el § 4 del mismo apartado encontramos afirmaciones que forzosamente hay que calificar de anexionistas. Este parágrafo empieza con la siguiente… ¿cómo decirlo suavemente?… extraña frase:

«El punto de partida de la lucha de la socialdemocracia contra las anexiones, contra el mantenimiento por la fuerza de las naciones oprimidas dentro de las fronteras del Estado anexionista, lo constituye el rechazo de *toda defensa de la patria* (cursiva de los autores), la cual en la era del imperialismo es la defensa de los derechos de la propia burguesía a oprimir y expoliar a otros pueblos…»

¿Qué es esto? ¿Cómo es esto?

«El punto de partida de la lucha contra las anexiones es el rechazo de *toda defensa de la patria*…». Pero ¡si con «defensa de la patria» se puede llamar, y hasta ahora ha sido comúnmente aceptado llamar así, a toda guerra nacional y a toda insurrección nacional! Estamos contra las anexiones, pero… ¡entendemos esto en el sentido de que estamos contra la guerra de los anexionados por su liberación de los anexionistas, estamos contra la insurrección de los anexionados con el fin de liberarse de los anexionistas! ¿Acaso no es esto una afirmación anexionista?

Los autores de las tesis motivan su… extraña afirmación con el argumento de que «en la era del imperialismo» la defensa de la patria es la defensa de los derechos de su propia burguesía a oprimir a otros pueblos. Pero esto es cierto únicamente con respecto a la guerra imperialista, es decir, a la guerra entre potencias imperialistas o grupos de potencias, cuando ambas partes beligerantes no solo oprimen a «otros pueblos», sino que también hacen la guerra por decidir a quién corresponderá oprimir más a otros pueblos.

Este punto de vista está claramente expresado en las tesis del grupo alemán «Internacional» y en el folleto de Junius, al cual dedicamos un artículo especial[11]. Señalemos, como complemento a lo dicho allí, que a la insurrección nacional de una región o país anexionado contra el anexionista se le puede llamar precisamente insurrección y no guerra (hemos oído esta objeción y por eso la mencionamos, aunque consideramos que esta discusión terminológica no es seria). En todo caso, difícilmente alguien se atreverá a negar que Bélgica, Serbia, Galitzia, Armenia anexionadas llamen a su «insurrección» contra el anexionista «defensa de la patria», y con razón.

Resulta que los camaradas polacos están contra dicha insurrección basándose en que en esos países anexionados también hay una burguesía que también oprime a otros pueblos o, más exactamente, que puede oprimirlos, ya que solo se trata de «su derecho a la opresión». Por consiguiente, para valorar esta guerra o esta insurrección se toma, no su contenido social real (la lucha de la nación oprimida contra la nación opresora por su liberación), sino la posible realización por parte de la burguesía hoy oprimida de su «derecho a la opresión». Si Bélgica, por ejemplo, fuese anexionada por Alemania en 1917 y en 1918 se sublevase por su liberación, ¡los camaradas polacos se opondrían a la insurrección basándose en que la burguesía belga tiene «derecho a oprimir a otros pueblos»!

No hay ni un ápice de marxista, ni de revolucionario en absoluto, en este razonamiento. Sin traicionar al socialismo, debemos apoyar toda insurrección contra nuestro enemigo principal, la burguesía de los grandes Estados, siempre que no sea una insurrección de una clase reaccionaria. Al negarnos a apoyar la insurrección de las regiones anexionadas, nos convertimos —objetivamente— en anexionistas. Precisamente «en la era del imperialismo», que es la era de la revolución social en ciernes, el proletariado apoyará con especial energía hoy la insurrección de las regiones anexionadas, para mañana mismo o simultáneamente atacar a la burguesía de la «gran» potencia, debilitada por dicha insurrección.

Sin embargo, los camaradas polacos van aún más lejos en su anexionismo. No solo están contra la insurrección de las regiones anexionadas, ¡están contra todo restablecimiento de su independencia, aunque sea por medios pacíficos! Escuchen:

«La socialdemocracia, al declinar toda responsabilidad por las consecuencias de la política opresora del imperialismo y al combatirlas del modo más enérgico, no aboga en modo alguno por el establecimiento de nuevos mojones fronterizos en Europa, por el *restablecimiento de los derribados por el imperialismo*» (cursiva de los autores).

Ahora, los «mojones fronterizos han sido derribados por el imperialismo» entre Alemania y Bélgica, entre Rusia y Galitzia. La socialdemocracia internacional debe, según parece, oponerse a su restablecimiento en general, de cualquier modo que sea. En 1905, «en la era del imperialismo», cuando la Dieta autónoma de Noruega proclamó su separación de Suecia, y la guerra de Suecia contra Noruega, predicada por los reaccionarios suecos, fracasó tanto por la resistencia de los obreros suecos como por la situación internacional imperialista, ¡¡la socialdemocracia habría tenido que oponerse a la separación de Noruega, porque ello habría significado, sin duda, «el establecimiento de nuevos mojones fronterizos en Europa»!!

Esto ya es anexionismo directo, abierto. No hace falta refutarlo, se refuta por sí mismo. Ningún partido socialista se atreverá a adoptar esta posición: «estamos contra las anexiones en general, pero para Europa sancionamos las anexiones o nos resignamos a ellas con tal de que ya estén consumadas…»

Debemos detenernos únicamente en las fuentes teóricas del error que ha llevado a nuestros camaradas polacos a una «imposibilidad» tan evidente por sí misma… Sobre lo infundado de aislar a «Europa» hablaremos más abajo. Las dos frases siguientes de las tesis explican otras fuentes del error:

«…Allí donde la rueda del imperialismo ha pasado por encima de un Estado capitalista ya formado, aplastándolo, allí, en la forma brutal de la opresión imperialista, tiene lugar la concentración política y económica del mundo capitalista, que prepara el socialismo…»

Esta justificación de las anexiones es struvismo y no marxismo{21}. Los socialdemócratas rusos que recuerdan los años 1890 en Rusia conocen bien esta manera de tergiversar el marxismo, común a los señores Struve, Cunow, Legien y Cía. Precisamente sobre los struvistas alemanes, los llamados «socialimperialistas», en otra tesis (II, 3) de los camaradas polacos leemos:

…(La consigna de la autodeterminación) «da a los socialimperialistas la posibilidad, demostrando el carácter ilusorio de esta consigna, de presentar nuestra lucha contra la opresión nacional como un sentimentalismo históricamente ilegítimo y minar así la confianza del proletariado en la fundamentación científica del programa socialdemócrata…»

¡Esto significa que los autores consideran «científica» la posición de los struvistas alemanes! Les felicitamos.

Solo una «pequeñez» destruye este sorprendente argumento que amenaza con dar la razón a los Lensch, Cunow, Parvus frente a nosotros: precisamente, esos Lensch son personas consecuentes a su modo, y en el número 8-9 del periódico chovinista alemán «Die Glocke»{22} —hemos citado intencionadamente esos números en nuestras tesis— Lensch demuestra simultáneamente la «falta de fundamento científico» de la consigna de la autodeterminación (los socialdemócratas polacos, según parece, han considerado irrefutable esta argumentación de Lensch, como se desprende del razonamiento suyo que hemos citado en sus tesis…) y la «falta de fundamento científico» de la consigna: ¡contra las anexiones!

Porque Lensch comprendió perfectamente esa simple verdad que señalamos a los colegas polacos, quienes no quisieron responder a nuestra indicación: no hay diferencia, «ni económica, ni política», ni lógica en general, entre el «reconocimiento» de la autodeterminación y la «protesta» contra las anexiones. Si los camaradas polacos consideran irrefutables los argumentos de los Lensch contra la autodeterminación, no se puede dejar de reconocer el hecho de que todos esos argumentos de Lensch los dirigen también contra la lucha contra las anexiones.

El error teórico que está en la base de todos los razonamientos de nuestros colegas polacos les ha llevado a convertirse en anexionistas inconsecuentes.