Planteamos esta cuestión en nuestras tesis con toda precisión (§ 7)[6]. Los camaradas polacos no la respondieron: la eludieron, declarando insistentemente 1) que están contra las anexiones y 2) explicando por qué están contra ellas. Son cuestiones muy importantes, sin duda. Pero son otras cuestiones. Si nos preocupamos mínimamente por la elaboración teórica de nuestros principios, por su formulación clara y precisa, no podemos eludir la cuestión de qué es la anexión, desde el momento en que este concepto figura en nuestra propaganda y agitación políticas. El eludir esta cuestión en una discusión colegiada no puede interpretarse sino como un abandono de la posición.

¿Por qué planteamos esta cuestión? Lo explicamos al plantearla. Porque «la protesta contra las anexiones no es sino el reconocimiento del derecho de autodeterminación». En el concepto de anexión entran habitualmente 1) el concepto de violencia (incorporación violenta); 2) el concepto de opresión nacional ajena (incorporación de un territorio «ajeno», etc.) y – a veces – 3) el concepto de violación del *status quo*. Esto lo señalamos en las tesis, y esta indicación no fue objeto de crítica.

Cabe preguntarse: ¿pueden los socialdemócratas estar en general contra la violencia? Es evidente que no. Por tanto, no estamos contra las anexiones por ser éstas violencia, sino por alguna otra razón. Del mismo modo, los socialdemócratas tampoco pueden estar a favor del *status quo*. Por más vueltas que se le dé, no se puede eludir la conclusión: la anexión es la violación de la autodeterminación de la nación, es el establecimiento de las fronteras del Estado contra la voluntad de la población.

Estar contra las anexiones significa estar por el derecho de autodeterminación. Estar «contra el mantenimiento violento de cualquier nación dentro de las fronteras de un Estado dado» (empleamos adrede también esta formulación, ligeramente modificada, de la misma idea en el § 4 de nuestras tesis[7], y los camaradas polacos nos respondieron aquí con toda claridad, declarando en su § I, 4, al comienzo, que están «contra el mantenimiento violento de las naciones oprimidas dentro de las fronteras del Estado anexionista») es lo mismo que estar por la autodeterminación de las naciones.

No queremos discutir sobre palabras. Si hay un partido que declare en su programa (o en una resolución obligatoria para todos, la forma no importa) que está contra las anexiones[8], contra el mantenimiento violento de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de su Estado, nosotros declaramos nuestro total acuerdo de principio con tal partido. Sería absurdo aferrarse a la palabra «autodeterminación». Y si en nuestro partido se encontrasen personas que quisieran modificar en este sentido las palabras, la formulación del § 9 de nuestro programa partidario, ¡consideraríamos que la divergencia con tales camaradas no es en absoluto de principio!

Se trata únicamente de la claridad política y de la elaboración teórica de nuestras consignas.

En las discusiones verbales sobre esta cuestión – cuya importancia nadie niega, especialmente ahora, en relación con la guerra – se ha esgrimido un argumento (no lo hemos encontrado en la prensa): la protesta contra un mal conocido no implica necesariamente el reconocimiento del concepto positivo que excluye ese mal. Argumento claramente insostenible y, por tanto, evidentemente, no reproducido en ninguna parte en la prensa. Si un partido socialista declara que está «contra el mantenimiento violento de una nación oprimida dentro de las fronteras del Estado anexionista», dicho partido se obliga con ello a renunciar al mantenimiento violento, cuando se halle en el poder.

No dudamos ni por un instante de que, si mañana Hindenburg obtuviese una semivictoria sobre Rusia y como expresión de esta semivictoria surgiese (en relación con el deseo de Inglaterra y Francia de debilitar un poco al zarismo) un nuevo Estado polaco, plenamente «realizable» desde el punto de vista de las leyes económicas del capitalismo y del imperialismo, y si luego, pasado mañana, triunfase la revolución socialista en Piter, Berlín y Varsovia, el gobierno socialista polaco, al igual que el ruso y el alemán, renunciaría al «mantenimiento violento», digamos, de los ucranianos, «dentro de las fronteras del Estado polaco». Si en ese gobierno figurasen miembros de la redacción de la «Gazeta Robotnicza», indudablemente sacrificarían sus «tesis» y refutarían con ello la «teoría» de que el «derecho de autodeterminación es inaplicable a la sociedad socialista». Si pensáramos de otro modo, pondríamos a la orden del día no una discusión fraternal con los socialdemócratas de Polonia, sino una lucha implacable contra ellos como chovinistas.

Supongamos que salgo a la calle de cualquier ciudad europea y declaro públicamente, repitiéndolo luego en los periódicos, mi «protesta» contra el hecho de que no me permitan comprar a un hombre como esclavo. No cabe duda de que estarán en su derecho de considerarme un esclavista, partidario del principio o del sistema, como se quiera, de la esclavitud. Que mis simpatías por la esclavitud estén revestidas de la forma negativa de la protesta, y no de la positiva («estoy a favor de la esclavitud»), no engañará a nadie. La «protesta» política equivale plenamente a un programa político; es tan evidente que resulta incluso embarazoso verse obligado a explicarlo. En todo caso, estamos firmemente convencidos de que, al menos por parte de la izquierda de Zimmerwald – no hablamos de todos los zimmerwaldianos, pues allí están Mártov y otros kautskianos –, no encontraremos «protesta» si decimos que en la III Internacional no habrá lugar para personas capaces de separar la protesta política del programa político, de contraponer una cosa a la otra, etc.

No queriendo discutir sobre palabras, nos permitimos expresar la firme esperanza de que los socialdemócratas polacos se esfuercen por formular oficialmente en breve tanto su propuesta de eliminar el § 9 de nuestro (y también su) programa partidario, así como del programa de la Internacional (resolución del Congreso de Londres de 1896), como su definición de las correspondientes ideas políticas sobre las «anexiones viejas y nuevas» y sobre el «mantenimiento violento de la nación oprimida dentro de las fronteras del Estado anexionista». – Pasemos a la siguiente cuestión.