de los periódicos socialistas suizos, con toda probabilidad para el «Volksrecht» de Zúrich.
VARIOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
SOBRE LA CUESTIÓN DE LA GUERRA.
[ Diciembre de 1916. Zúrich.]

Entre los socialdemócratas de izquierda de Suiza existe plena unanimidad sobre la necesidad, precisamente a raíz de la guerra actual, de rechazar el principio de la defensa de la patria. El proletariado, o al menos sus mejores elementos, también está en contra de la defensa del país.

Así, respecto a la cuestión más candente del socialismo contemporáneo en general, y del partido socialista suizo en particular, existe, al parecer, la necesaria unidad. Pero si examinamos la cuestión más de cerca, inevitablemente llegaremos a la conclusión de que esta unidad es tan solo una apariencia.

En realidad, no hay ninguna claridad —por no hablar ya de unidad de opiniones— acerca de que la declaración de rechazo a la defensa de la patria ya de por sí es un asunto que plantea exigencias extraordinariamente altas a la conciencia revolucionaria, así como a la capacidad revolucionaria de acción del partido que la proclama —claro está, a condición de que dicha declaración no se reduzca a una frase vacía. Si simplemente se proclama la renuncia a la defensa del país de forma completamente simple, sin ninguna consecuencia, es decir, sin comprender esas exigencias, sin darse cuenta de que toda la propaganda, la agitación, la organización, en una palabra, toda la actividad del partido debe ser «renovada» (empleando la expresión de Karl Liebknecht) y adaptada a las más altas tareas revolucionarias, entonces esa declaración se convierte en una frase vacía.

Reflexionemos adecuadamente sobre qué significa realmente la renuncia a la defensa del país, si la tomamos como un lema político que se acepta en serio y que debe ser efectivamente realizado.

En primer lugar. Proponemos a los proletarios y explotados de todos los países beligerantes y de los países amenazados por la guerra que rechacen la defensa del país. Ahora ya sabemos por experiencia de varios

países beligerantes lo que significa en realidad rechazar la defensa de la patria en la guerra actual. Esto significa negar todos los fundamentos de la actual sociedad burguesa, y no sólo en teoría, no sólo «en general», sino en la práctica, inmediatamente, ahora mismo, poner el hacha a la raíz del orden social actual. ¿Acaso no está claro que solo podemos hacerlo bajo la condición de que no solo tengamos la más firme convicción teórica de que el capitalismo está ya completamente maduro para su transformación en socialismo, sino que también consideremos practicable, práctica, inmediata, inmediatamente, esta transformación socialista, es decir, la revolución socialista?

Pero esto se olvida casi siempre cuando se habla de la renuncia a la defensa de la patria. En el mejor de los casos, hay disposición a reconocer «teóricamente» que el capitalismo está ya maduro para su transformación en socialismo, pero de un cambio radical e inmediato de toda la actividad del partido en el espíritu de la revolución socialista inminentemente próxima —¡de eso no quieren ni oír hablar!

¡El pueblo, al parecer, no está preparado para ello!

Pero esto es inconsecuente hasta lo ridículo. O una cosa o la otra. O no debemos proclamar ahora mismo la renuncia a la defensa del país, o debemos desplegar o comenzar a desplegar inmediatamente una propaganda sistemática de la realización inmediata de la revolución socialista. En cierto sentido, «el pueblo», por supuesto, no está «preparado» ni para la renuncia a la defensa del país ni para la revolución socialista, pero de ello no se sigue que tengamos derecho, durante dos años —¡dos años!— a aplazar el inicio de tal preparación sistemática.

En segundo lugar. ¿Qué se contrapone a la política de defensa de la patria y de paz civil? La lucha revolucionaria contra la guerra, las «acciones revolucionarias de masas», tal como fueron reconocidas por la resolución del congreso del partido en Aarau en 1915. Sin duda, es una excelente resolución, pero... la historia del partido desde aquel congreso, la política real del partido, demuestran que ¡ha quedado en una resolución de papel!

¿Cuál es el objetivo de las acciones revolucionarias de masas? El partido no ha dicho oficialmente nada al respecto, y en general no se habla de ello. O se considera evidente por sí mismo, o se reconoce expresamente que ese objetivo es el «socialismo». Se contrapone el socialismo al capitalismo (o al imperialismo).

Pero esto es, en sumo grado, ilógico (teóricamente) y carece de contenido práctico. Ilógico porque es demasiado general, demasiado vago. El «socialismo» como objetivo en general, en contraposición al capitalismo (o al imperialismo), es reconocido hoy no solo por los kautskianos y los socialchovinistas, sino también por muchos políticos burgueses. Pero ahora no se trata de una contraposición general de dos sistemas sociales, sino de las tareas concretas de «acciones revolucionarias de masas» concretas contra un mal concreto, a saber, contra la carestía actual, el peligro bélico actual o la guerra actual.

Toda la II Internacional de 1871-1914 contrapuso el socialismo al capitalismo en general, y fue precisamente en esta «generalización» demasiado general donde quebró. Ignoraba precisamente el mal específico de nuestra época, que Federico Engels, hace ya 30 años, el 10 de enero de 1887, caracterizó con las siguientes palabras:

...«En el propio partido socialdemócrata, incluida la fracción del Reichstag, encuentra cabida un determinado tipo de socialismo pequeño-burgués. Se expresa de tal forma que las concepciones fundamentales del socialismo moderno y la exigencia de convertir todos los medios de producción en propiedad social se reconocen como correctas, pero su realización solo se considera posible en un futuro lejano, prácticamente indeterminado. De este modo, en el presente se ve condenado a un simple remiendo social»... (Prólogo a «La cuestión de la vivienda»).

El objetivo concreto de las «acciones revolucionarias de masas» solo pueden ser las medidas concretas de la revolución socialista, no el «socialismo» en general. Cuando se propone determinar con precisión estas medidas concretas, como hicieron los camaradas holandeses en su programa, impreso en el Boletín del C. I. S., núm. 3 (Berna, 29 de febrero de 1916): anulación de las deudas del Estado, expropiación de los bancos, expropiación de todas las grandes empresas, — si se propone incluir estas medidas completamente concretas en la resolución oficial del partido, y exponerlas sistemáticamente de la forma más popular mediante la propaganda y agitación constantes del partido en las asambleas, en los discursos parlamentarios, en las proposiciones de iniciativa,

¡entonces se obtiene de nuevo la misma respuesta dilatoria o evasiva, completamente sofística, de que el pueblo no está preparado para ello, etc.!

¡Pero de lo que se trata precisamente es de comenzar ahora mismo esa preparación y llevarla a cabo sin cesar!

En tercer lugar. El partido ha «reconocido» las acciones revolucionarias de masas. Excelente. Pero ¿es capaz el partido de llevar a cabo algo semejante? ¿Se prepara para ello? ¿Estudia estas cuestiones, reúne el material correspondiente, crea los órganos y organizaciones correspondientes, discute en el pueblo, junto con el pueblo, las cuestiones pertinentes?

¡Nada de eso! El partido permanece (persiste) enteramente en su viejo cauce exclusivamente parlamentario, exclusivamente sindical, exclusivamente reformista, exclusivamente legal. El partido es notoriamente incapaz de promover y dirigir acciones revolucionarias de masas, notoriamente no se prepara en absoluto para ello. ¡Domina la vieja rutina y las «nuevas» palabras (renuncia a la defensa de la patria, lucha revolucionaria de masas) quedan en meras palabras! ¡Y los izquierdistas no son conscientes de ello y no reúnen sistemática y tenazmente sus fuerzas en todas partes, en todos los campos del trabajo del partido, para combatir este mal!

No se puede uno sino encogerse de hombros al leer, por ejemplo, la siguiente frase (la última frase) de las tesis de Grimm sobre la cuestión militar:

«Los órganos del partido, conjuntamente con las organizaciones sindicales del país, deberán, en este caso (es decir, en caso de peligro de guerra, para convocar a los empleados de ferrocarriles a la huelga de masas, etc.), tomar todas las disposiciones necesarias.»

Estas tesis fueron publicadas en el verano del presente año, y el 16 de septiembre de 1916 en el «Schweizerische Metallarbeiterzeitung» («Periódico de los Obreros Metalúrgicos Suizos»), encabezado por los nombres de los redactores: O. Schneeberger y K. Dürr, se pudo leer la siguiente frase (a punto estuve de decir: la siguiente respuesta oficial a las tesis o a los piadosos deseos de Grimm):

...«Es de muy mal gusto... la frase: "el obrero no tiene patria" en un momento en que los trabajadores de toda Europa en su

abrumadora mayoría llevan dos años hombro a hombro con la burguesía en el campo de batalla contra los «enemigos» de su patria, y los que se han quedado en casa quieren «resistir» a pesar de la necesidad y la miseria. En Suiza, en caso de un ataque extranjero, ¡seguramente veríamos el mismo espectáculo»!!!¹

¿Acaso no es una política «kautskiana», política de frase impotente, de declamación izquierdista y de práctica oportunista, cuando por un lado se proponen resoluciones de que el partido debe, «conjuntamente con las organizaciones sindicales», convocar a huelgas revolucionarias de masas, y por otro lado no se libra ninguna lucha contra la corriente grütliana, es decir, socialpatriótica, reformista, exclusivamente legalista, y sus partidarios dentro del partido y los sindicatos?

¿Significa esto «educar» a las masas o corromperlas y desmoralizarlas, si no se les dice y demuestra a diario que los camaradas «dirigentes» O. Schneeberger, K. Dürr, P. Pflüger, H. Greulich, Huber y muchos otros tienen las mismas concepciones socialpatrióticas y siguen la misma política socialpatriótica que Grimm tan «valientemente» desenmascara y flagela... ¡cuando se trata de alemanes de Alemania, y no de suizos! Injuriar a los extranjeros, encubrir a los «propios» «conciudadanos»... ¿es eso «internacionalista»? ¿Es eso «democrático»?

Hermann Greulich ha caracterizado la situación de los trabajadores suizos, la crisis del socialismo suizo, así como la esencia de la política grütliana dentro del partido socialista, con las siguientes palabras:

...«El nivel de vida ha aumentado muy poco y solo para las capas superiores (¡oigan, oigan!) del proletariado. La masa de los trabajadores sigue viviendo en la necesidad, las preocupaciones y las privaciones. Por eso, de vez en cuando surge la duda de si el camino seguido hasta ahora es el correcto. Los críticos buscan nuevos caminos y depositan esperanzas especialmente en una actuación más decidida. Se hacen intentos en esa dirección, que por regla general (?) fracasan (??) y provocan con renovada fuerza el retorno a la vieja táctica» (¿no es aquí también el deseo padre del pensamiento?)... «Y entonces sobrevino la guerra mundial... La enorme disminución del nivel de vida,

que llega hasta la necesidad de capas que antes llevaban una existencia aún tolerable, refuerza el estado de ánimo revolucionario» (¡oigan, oigan!)... «La dirección del partido no estuvo a la altura de su tarea y se dejó llevar demasiado (??) por los cabezas calientes (¿así? ¿así?)... El Comité Central del Grütliverein se atribuye la «política nacional práctica», que quiere llevar a cabo fuera del partido. ...¿Por qué no lo ha hecho dentro del partido? (¡oigan, oigan!) ¿Por qué casi siempre me ha dejado a mí la lucha contra los superradicales?» (Carta abierta al Grütliverein de Hottingen, 26 de septiembre de 1916).²

Hasta aquí Greulich. No es, pues, que un par de «extranjeros malintencionados» (como piensan en secreto o insinúan en la prensa los grütlianos dentro del partido, y los grütlianos fuera del partido dicen abiertamente) quisieran, en su impaciencia personal, implantar el revolucionarismo en el movimiento obrero, contemplado por ellos a través de «gafas extranjeras». No. Nada menos que Hermann Greulich, cuyo papel político real es el de un ministro obrero burgués en una pequeña república democrática, nos comunica que solo las capas superiores de los trabajadores gozan de una pequeña mejora de su situación, mientras que la masa permanece en la necesidad, y que el «fortalecimiento del estado de ánimo revolucionario» no proviene de los malditos «agitadores» extranjeros, sino de la «enorme degradación del nivel de vida».

¿Entonces?

Entonces será absolutamente correcto si decimos:

O el pueblo suizo pasará hambre, y cada semana hambre más aterradora, y correrá a diario el peligro de ser arrastrado a la guerra imperialista, es decir, de ser degollado en beneficio de los capitalistas, o seguirá el consejo de la mejor parte de su proletariado, reunirá todas sus fuerzas y realizará la revolución socialista.

¿La revolución socialista? ¡Una utopía! ¡Una posibilidad «lejana, prácticamente indeterminable»!...

En realidad, no hay mayor utopía que rechazar la defensa de la patria en esta guerra, que emprender la lucha revolucionaria de masas contra

esta guerra. ¡No nos embriaguemos con palabras y no nos dejemos asustar (amedrentar) por palabras! Casi todo el mundo está dispuesto a reconocer la lucha revolucionaria contra la guerra, ¡pero imagínense la magnitud de la tarea de poner fin a semejante guerra mediante la revolución! No, no es una utopía, la revolución crece en todos los países. Y la cuestión no se plantea ahora así: seguir viviendo tranquila y tolerablemente o lanzarse a la aventura. La cuestión se plantea más bien así: perecer de hambre y ser degollado para otros, para intereses ajenos, o realizar grandes sacrificios por el socialismo.