La situación internacional se torna cada vez más clara y cada vez más amenazadora. El carácter imperialista de la guerra ha sido puesto de manifiesto con particular evidencia en los últimos tiempos por ambas coaliciones beligerantes. Las frases pacifistas, las frases sobre la paz democrática, la paz sin anexiones, etc., son desenmascaradas en toda su vacuidad y falsedad tanto más rápidamente cuanto más celosamente las ponen en circulación los gobiernos de los países capitalistas y los pacifistas burgueses y socialistas. Alemania estrangula a varias pequeñas naciones, manteniéndolas bajo su férreo tacón con la determinación completamente evidente de no soltar la presa sino a cambio de una parte de ella por enormes posesiones coloniales, y encubre su disposición a concertar inmediatamente una paz imperialista con hipócritas frases pacifistas.

Inglaterra y sus aliadas mantienen con la misma firmeza las colonias alemanas que han capturado, una parte de Turquía, etc., llamando lucha por una paz “justa” a la interminable prolongación de la carnicería por la conquista de Constantinopla, el estrangulamiento de Galitzia, el desmembramiento de Austria, la ruina de Alemania.

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin “A los trabajadores que apoyan la lucha contra la guerra y contra los socialistas que se han pasado al lado de sus gobiernos”. – 1916. (Reducido)

Esa verdad que al comienzo de la guerra era convicción teórica de unos pocos, se torna palpablemente evidente para un número cada vez mayor de obreros conscientes, a saber: que no puede hablarse siquiera de una lucha seria contra la guerra, de una lucha por la supresión de las guerras y por la creación de una paz duradera sin la lucha revolucionaria de las masas de cada país, dirigidas por el proletariado, contra sus propios gobiernos, sin el derrocamiento de la dominación burguesa, sin la revolución socialista. Y la guerra misma, al llevar a una tensión inaudita las fuerzas de los pueblos, conduce a la humanidad hacia esta única salida del callejón sin salida, obligándola a dar pasos gigantescos hacia adelante por el camino del capitalismo de Estado, mostrando en la práctica cómo debe y puede llevarse la economía social planificada no en interés de los capitalistas, sino mediante su expropiación, en interés de las masas que hoy perecen de hambre y otras calamidades de la guerra, bajo la dirección del proletariado revolucionario.

Cuanto más evidente se torna esta verdad, tanto más profundamente se descubre el abismo entre dos tendencias, dos políticas, dos orientaciones irreconciliables del trabajo socialista, que señalamos ya en Zimmerwald, donde actuamos separadamente como Izquierda de Zimmerwald y, acto seguido, nos dirigimos con un manifiesto de esta izquierda a todos los partidos socialistas y a todos los obreros conscientes. Es el abismo entre la tentativa de encubrir la bancarrota manifiesta del socialismo oficial, el paso de sus representantes al lado de la burguesía y de los gobiernos, de conciliar a las masas con esta traición total al socialismo, por un lado, y, por otro, el afán de poner al desnudo toda la profundidad de esa bancarrota, de desenmascarar la política burguesa de los “socialpatriotas” que se han pasado del proletariado a la burguesía, de arrancar a las masas de su influencia, de crear la posibilidad y la base orgánica para una lucha real contra la guerra.

La derecha zimmerwaldiana, que constituía la mayoría en Zimmerwald, combatió con todas sus fuerzas la idea de la escisión con los socialpatriotas y de la fundación de la III Internacional. Desde entonces, esta escisión se ha convertido en un hecho definitivo en Inglaterra, y en Alemania la última conferencia de la “oposición”, el 7 de enero de 1917, ha mostrado a todos los que no cierran los ojos adrede que, de hecho, también en este país actúan en sentido directamente opuesto dos partidos obreros irreconciliablemente hostiles: uno socialista, que actúa en considerable medida ilegalmente y cuenta entre sus jefes a K. Liebknecht; otro, completamente burgués, socialpatriótico, que concilia a los obreros con la guerra y con el gobierno. No hay un solo país en el mundo donde no se haya manifestado la misma división.

En Kienthal, la derecha zimmerwaldiana ya no se encontró en una mayoría tal como para continuar su política; esta derecha votó una resolución contra la Oficina Socialista Internacional socialpatriótica, una resolución de la más severa condena de la misma, y una resolución contra el socialpacifismo, previniendo a los obreros contra la mentira de las frases pacifistas, por muchos adornos socialistas con que fueran provistas. El pacifismo socialista, que no explica a los obreros el carácter ilusorio de las esperanzas en una paz sin el derrocamiento de la burguesía y la organización del socialismo, es sólo una repetición del pacifismo burgués, que infunde a los obreros confianza en la burguesía, embellece a los gobiernos imperialistas y sus arreglos entre sí, aparta a las masas de la revolución socialista, madura ya y colocada en el orden del día por los acontecimientos.

¿Y qué resultó? ¡La derecha zimmerwaldiana después de Kienthal se deslizó en una serie de grandes países –en Francia, en Alemania, en Italia– entera y completamente hacia ese socialpacifismo condenado y rechazado en Kienthal! En Italia, el partido socialista se ha conciliado en silencio con las frases pacifistas de su fracción parlamentaria y de su principal orador, Turati, aunque justamente ahora el uso de frases completamente iguales por Alemania y la Entente, y por representantes de los gobiernos burgueses de una serie de países neutrales, en los cuales la burguesía se ha enriquecido y se enriquece de modo inaudito con la guerra, precisamente ahora ha puesto al desnudo a ojos vistas todo el engaño de estas frases pacifistas. ¡Las frases pacifistas han resultado en la práctica ser la cobertura de un nuevo giro en la lucha por el reparto del botín imperialista!

En Alemania, el jefe de la derecha zimmerwaldiana, Kautsky, ha lanzado un manifiesto pacifista igualmente vacío, que a nada obliga y que en realidad sólo infunde a los obreros esperanzas en la burguesía y fe en las ilusiones, un manifiesto del cual han tenido que desvincularse formalmente los socialistas reales, los internacionalistas reales de Alemania, el grupo “Internacional” y el grupo de los “Socialistas Internacionales de Alemania”, que aplican de hecho la táctica de Karl Liebknecht.

¡En Francia, los participantes en Zimmerwald, Merrheim, Bourderon, y el participante en Kienthal, Raffin-Dugens, votan por las más vacuas y, por su significado objetivo, completamente mentirosas resoluciones pacifistas, tan ventajosas en la situación actual para la burguesía imperialista que por esas resoluciones votaron también Jouhaux y Renaudel, acusados en cada declaración de Zimmerwald y Kienthal de traición al socialismo!

Esta votación de Merrheim junto con Jouhaux, de Bourderon y Raffin-Dugens junto con Renaudel, no es una casualidad, un episodio aislado, sino el símbolo más evidente de la fusión, ya preparada en todas partes, de los socialpatriotas con los socialpacifistas contra los socialistas internacionales.

Las frases pacifistas en las notas de una larga serie de gobiernos imperialistas, las mismas frases pacifistas de Kautsky, Turati, Bourderon y Merrheim, la mano de Renaudel amistosamente tendida a unos y a otros: tal es la desenmascaración del pacifismo en la política real, como consuelo de los pueblos, ¡como medio de facilitar a los gobiernos la sumisión de las masas en la ulterior carnicería imperialista!

Y esta completa bancarrota de la derecha zimmerwaldiana se ha puesto de manifiesto con mayor fuerza todavía en Suiza, el único país de Europa en el que los zimmerwaldianos podían reunirse libremente y en el que tenían su base. El partido socialista de Suiza, que ha celebrado sus congresos durante la guerra sin ningún estorbo por parte del gobierno, que ha tenido más posibilidades que nadie de ayudar a la unión internacional contra la guerra de los obreros alemanes, franceses e italianos, se adhirió formalmente a Zimmerwald.

Y uno de los jefes de este partido, presidente de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, el miembro y representante más destacado de la Comisión Socialista Internacional de Berna, el consejero nacional R. Grimm, en la cuestión decisiva para el partido proletario se ha pasado al lado de los socialpatriotas de su propio país, ¡haciendo aprobar en la sesión del Partei-Vorstand del partido socialista suizo del 7 de enero de 1917 la decisión de aplazar por tiempo indefinido el congreso del partido, especialmente convocado para decidir la cuestión de la defensa de la patria y la actitud ante las decisiones de Kienthal que condenaban el socialpacifismo!

En el llamamiento firmado por la Internationale Sozialistische Kommission y fechado en diciembre de 1916, Grimm califica de hipócritas las frases pacifistas de los gobiernos y no dice ni una palabra sobre el pacifismo socialista, que ha unido a Merrheim y Jouhaux, a Raffin-Dugens y Renaudel. En ese llamamiento, Grimm exhorta a las minorías socialistas a luchar contra los gobiernos y sus lacayos socialpatriotas, y al mismo tiempo, junto con los “lacayos socialpatriotas” dentro del partido suizo, lleva a cabo el entierro del congreso del partido, que tan justamente indigna a todos los obreros conscientes y sinceros internacionalistas de Suiza.

Ningún pretexto puede ocultar el hecho de que la decisión del Partei-Vorstand del 7 de enero de 1917 tiene el significado precisamente de la victoria completa de los socialpatriotas suizos sobre los obreros socialistas suizos, de los adversarios suizos de Zimmerwald sobre Zimmerwald.

El periódico de los lacayos consecuentes y francos de la burguesía dentro del movimiento obrero, el “Grütlianer”, dijo una verdad de todos conocida al declarar que los socialpatriotas del tipo de Greulich, Pflüger (a los cuales se puede y se debe añadir a Seidel, Huber, Lang, Schneeberger, Dürr, etc.) no quieren permitir el congreso, no quieren que los obreros decidan la cuestión de la defensa de la patria, amenazan con renunciar a sus mandatos si se convoca el congreso y si su decisión se adopta en el espíritu de Zimmerwald.

Grimm dijo una indignante e intolerable mentira tanto en la sesión del Partei-Vorstand como en su periódico “Berner Tagwacht” del 8 de enero de 1917, cuando justificaba el aplazamiento del congreso con la falta de preparación de los obreros, la necesidad de una campaña contra la carestía, el acuerdo de los propios “izquierdistas” con el aplazamiento, etc.{115}

De hecho, precisamente los izquierdistas, es decir, los zimmerwaldianos sinceros, deseando, por un lado, optar por el mal menor y, por otro, desenmascarar las verdaderas intenciones de los socialpatriotas y de su nuevo amigo Grimm, proponían el aplazamiento hasta marzo, votaban por el aplazamiento hasta mayo, proponían fijar a las direcciones cantonales un plazo hasta julio, ¡pero todas estas propuestas fueron rechazadas por los “defensores de la patria” con el presidente de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, R. Grimm, a la cabeza de ellos!

En realidad, la cuestión se planteaba así: ¿tolerar que la Internationale Sozialistische Kommission de Berna y el periódico de Grimm cubrieran de improperios a los socialpatriotas extranjeros y encubrieran, primero con su silencio y después con la deserción de R. Grimm, a los socialpatriotas suizos, o llevar a cabo una política internacionalista honrada, luchando en primer lugar contra los socialpatriotas del propio país?

En realidad, la cuestión se planteaba así: ¿encubrir con fraseología revolucionaria el dominio de los socialpatriotas y reformistas dentro del partido suizo, o alzarse contra ellos con un programa y una táctica revolucionarios tanto en la cuestión de la lucha contra la carestía como en la cuestión de la lucha contra la guerra, de poner en el orden del día la lucha por la revolución socialista?

En realidad, la cuestión se planteaba así: ¿tolerar que en Zimmerwald se repitieran las peores tradiciones de la II Internacional, que sufrió una vergonzosa bancarrota, que se ocultara a las masas obreras lo que deciden y dicen sus jefes en el Partei-Vorstand, que la fraseología revolucionaria encubriera la inmundicia socialpatriótica y reformista, o ser internacionalistas de hecho?

En realidad, la cuestión se planteaba así: ¿mantener también en Suiza –cuyo partido tiene una importancia primordial para toda la unión zimmerwaldiana– una división clara, de principios y políticamente honrada entre socialpatriotas e internacionalistas, entre reformistas burgueses y revolucionarios, entre los consejeros del proletariado que le ayudan a llevar a cabo la revolución socialista y los agentes o “lacayos” de la burguesía que quieren apartar a los obreros de la revolución con reformas y promesas de reformas, entre los grütlianistas y el partido socialista, o sembrar la confusión y la corrupción en la conciencia de los obreros, ¡llevando dentro del partido socialista precisamente la política “grütlianista” de los grütlianistas, la política de los socialpatriotas de las filas del propio partido socialista!

Que los socialpatriotas suizos, esos “grütlianistas” que quieren llevar a cabo desde dentro del partido la política de Grütli, es decir, la política de su burguesía nacional, insulten a los extranjeros, defiendan la “inviolabilidad” del partido suizo frente a la crítica de otros partidos, sostengan la vieja política burguesa-reformista, precisamente la que condujo a la bancarrota del partido alemán y de otros partidos el 4 de agosto de 1914; nosotros, los partidarios de Zimmerwald no de palabra sino de hecho, entendemos por internacionalismo otra cosa.

No estamos de acuerdo en contemplar en silencio las tendencias definitivamente manifestadas y consagradas por el propio presidente de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, de dejarlo todo como antes en el podrido socialismo europeo y, mediante una hipócrita solidarización con K. Liebknecht, eludir la verdadera consigna de este jefe de los obreros internacionales, su llamamiento a trabajar por la “regeneración de arriba abajo” de los viejos partidos. Estamos seguros de que tenemos de nuestra parte a todos los obreros conscientes que en el mundo entero han aclamado con entusiasmo a K. Liebknecht y su táctica.

Salimos abiertamente con el desenmascaramiento de la derecha zimmerwaldiana, que se ha pasado al lado del pacifismo burgués-reformista.

Salimos abiertamente con el desenmascaramiento de la traición a Zimmerwald por parte de R. Grimm y exigimos la convocatoria de una conferencia para destituirlo de su cargo de miembro de la Internationale Sozialistische Kommission.

La palabra Zimmerwald es la consigna del socialismo internacional y de la lucha revolucionaria. Esta palabra no debe servir de cobertura al socialpatriotismo y al reformismo burgués.

¡Por el verdadero internacionalismo, que exige la lucha contra los socialpatriotas de su propio país en primer lugar! ¡Por una verdadera táctica revolucionaria, imposible con acuerdos con los socialpatriotas contra los obreros socialistas y revolucionarios!

Escrito a fines de diciembre de 1916.

Publicado por primera vez en 1924 en la revista “Revolución Proletaria” № 5.

Se publica según el manuscrito.