La intervención del señor consejero nacional Robert Grimm el 7 de enero del presente año en la reunión de la dirección del partido, junto con todos los socialnacionalistas y, en gran medida, a la cabeza de ellos, a favor de una resolución sobre el aplazamiento del congreso del partido, colma la copa de la paciencia y desenmascara definitivamente al señor consejero nacional R. Grimm.

El presidente de la Comisión Socialista Internacional elegida en Zimmerwald, el presidente de las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, el representante más «autorizado» ante el mundo entero de toda la unión de Zimmerwald, actúa junto con los socialpatriotas y a la cabeza de ellos, como un traidor directo a Zimmerwald, ¡presentando la propuesta de sabotear el congreso del partido, designado desde hace tiempo y especialmente para decidir —en el país más libre y, por las condiciones de lugar y tiempo, más internacionalmente influyente de Europa— la cuestión de la defensa de la patria en la guerra imperialista!!

¿Se puede callar? ¿Se puede mantener la calma ante semejante hecho, que habría deshonrado para siempre, que habría convertido para siempre en una comedia todo el movimiento de Zimmerwald, si al señor consejero nacional R. Grimm no se le hubiera arrancado la máscara?

El Partido Socialista Suizo —el único de los partidos socialistas europeos que se adhirió a Zimmerwald directa y oficialmente, en un congreso abierto, sin el obstáculo de la censura militar y de las autoridades militares, lo apoyó, dio dos miembros a la Comisión Socialista Internacional y se presentó ante el mundo entero como el principal representante del movimiento de Zimmerwald, si no hablamos del partido italiano, colocado en condiciones inconmensurablemente más difíciles por la opresión del estado de guerra—. Y he aquí que en el Partido Socialista Suizo, que en su congreso de Zúrich, del 4 al 5 de noviembre de 1916, decidió definitivamente —después de aplazamientos provocados, entre otras cosas, por la lucha contra los socialpatriotas declarados, que sólo en otoño de 1916 se escindieron del partido para formar una asociación especial, el Grütli-Verein[72]— convocar un congreso extraordinario en febrero de 1917 en Berna para decidir la cuestión de la guerra y la defensa de la patria, en este partido hubo gente que decidió no permitir ese congreso, sabotearlo, no dejar que los propios obreros, y precisamente durante la guerra, discutan y decidan la cuestión de su actitud ante el militarismo y la defensa de la patria.

¡Y a la cabeza de esta gente, cuya política es una bofetada a todo el movimiento de Zimmerwald, se encuentra el presidente de la Comisión Socialista Internacional!

¿Acaso no es esto una traición completa a Zimmerwald? ¿Acaso no es un escupitajo a todas las decisiones de Zimmerwald?

Basta con examinar algunos de los motivos con que se explica oficialmente el aplazamiento del congreso para comprender todo el significado de esta medida.

«Los obreros, verán ustedes, no están preparados» para decidir todavía esta cuestión.

En todos los manifiestos, en todas las resoluciones de Zimmerwald y Kienthal, se dice muchas y muchas veces que la defensa de la patria en la guerra imperialista, en la guerra entre dos coaliciones imperialistas, en la guerra por el saqueo de las colonias y el sojuzgamiento de las naciones débiles, es una traición al socialismo, tanto si se refiere a las «grandes potencias» como a las pequeñas naciones que han conservado hasta ahora su neutralidad. De decenas de maneras se repite esta idea en todos los documentos oficiales de Zimmerwald y Kienthal. En cientos de artículos y notas, todos los periódicos socialistas de Suiza, y especialmente el *Berner Tagwacht*, redactado por el señor consejero nacional R. Grimm, rumiaron y volvieron a rumiar esta idea. En las declaraciones de simpatía hacia K. Liebknecht, Höglund, MacLean, etc., se subrayó cientos de veces la convicción común a todos los zimmerwaldistas de que estas personas comprendieron correctamente la situación y los intereses de la masa, que la simpatía de la masa, es decir, de la mayoría de los oprimidos y explotados, está de su parte, que los proletarios, con su instinto de clase —en todas partes, tanto en la «gran» Alemania beligerante como en la pequeña Suecia neutral— captan la verdad de que la defensa de la patria en la guerra imperialista es una traición al socialismo.

Y ahora, el presidente de la Comisión Socialista Internacional, con la entusiasta aprobación y el ardiente apoyo de todos los representantes declarados del socialpatriotismo dentro del Partido Socialista Suizo, de H. Greulich, P. Pflüger, Huber, Manz-Schäppi, etc., etc., sale con el argumento hipócrita y mentiroso de que el congreso del partido se aplaza porque «los obreros no están preparados».

Esto es una hipocresía y una mentira indignantes, insoportables. Todos saben —y el periódico *Grütlianer*{113} publica abiertamente esta amarga verdad— que el congreso se aplaza porque los mencionados socialpatriotas temen a los obreros, temen una decisión obrera contra la defensa de la patria, y amenazan con renunciar a sus mandatos en el National-Rath si se aprueba una resolución de renuncia a la defensa de la patria. Los «líderes» socialpatriotas del Partido Socialista Suizo, que todavía hoy, a los dos años y medio del comienzo de la guerra, están a favor de la «defensa de la patria», es decir, a favor de la defensa de la burguesía imperialista de una u otra coalición, estos líderes decidieron sabotear el congreso, sabotear la voluntad de los obreros socialistas suizos, no permitirles discutir durante la guerra, definir su actitud hacia la guerra, hacia los «defensores de la patria», es decir, hacia los lacayos de la burguesía imperialista.

¡Esta es la verdadera razón, perfectamente conocida por todos, del aplazamiento del congreso, esta es la traición a Zimmerwald del presidente de la Comisión Socialista Internacional, que se pasó al lado de los socialpatriotas del Partido Socialista Suizo contra los obreros conscientes suizos!

Esta es la amarga verdad, que ya expresó el abiertamente socialpatriota *Grütlianer*, el cual, dicho sea de paso, siempre está mejor informado sobre lo que piensan y hacen los líderes grütlianos, Greulich, Pflüger, Huber, Manz-Schäppi y Cía., dentro del Partido Socialista, y que, dicho sea de paso, escribía tres días antes de la reunión del 7 de enero de 1917:[73]

Otro motivo «oficial» del aplazamiento del congreso: ¡la comisión elegida especialmente en diciembre o incluso en noviembre de 1916 para redactar las resoluciones sobre la cuestión de la guerra «no llegó a la unanimidad»!!

¡Como si Grimm y Cía. no supieran de antemano que la unanimidad es imposible en una cuestión así en el Partido Socialista Suizo, si en él permanecen, sin pasarse al partido socialpatriota Grütli, «líderes» como Greulich, Pflüger, G. Müller, Huber, Manz-Schäppi, Otto Lang y otros, que comparten plenamente el punto de vista socialpatriota de la «Unión Grütli» y que sólo engañan a los obreros socialistas con su participación en el partido socialista!

¡Como si en el verano de 1916 Grimm y Cía. no vieran claramente que no hay ni puede haber unanimidad sobre la cuestión de la defensa de la patria, ya que en el verano de 1916 se publicaron las tesis socialpatriotas de Pflüger, G. Müller y otros, mientras que Grimm, evidentemente, miles de veces no pudo dejar de ver en el National-Rath las opiniones socialpatriotas de Greulich y Cía., si no de la mayoría de los miembros de la fracción socialdemócrata en el National-Rath!

Grimm y Cía. quieren engañar a los obreros socialistas de Suiza. Por eso, al nombrar la comisión, no publicaron los nombres de sus miembros. ¡Y el *Grütlianer* dijo la verdad al publicar estos nombres y añadir, como una verdad que se sobreentiende, una verdad conocida por todos, que una decisión unánime semejante comisión no puede tomar!

Para engañar a los obreros, Grimm y Cía. no tomaron la decisión de publicar inmediatamente las resoluciones de la comisión, ocultando a los obreros la verdad. ¡Y las resoluciones están listas desde hace tiempo e incluso impresas confidencialmente!!

Como era de esperar, los nombres de Huber, Pflüger, Klöti, G. Müller figuran bajo la resolución que reconoce la «defensa de la patria», es decir, que justifica la traición al socialismo durante la guerra, ¡cuyo carácter imperialista ha sido desenmascarado ya 1000 veces!! Los nombres de Nobs, Affolter, Schmid, Naine, Graber figuran bajo la resolución que rechaza la «defensa de la patria».

Fíjense, pues, en el juego desvergonzado e impúdico que Grimm y los socialpatriotas llevan a cabo con los obreros socialistas:

¡Gritan que los obreros no están preparados, y lo gritan precisamente cuando estos mismos líderes ocultan a los obreros las resoluciones ya listas, que plantean claramente ante los obreros dos círculos de ideas, dos políticas irreconciliables: la política socialpatriota y la política zimmerwaldista!!

Grimm y los socialpatriotas son unos embaucadores sinvergüenzas de los obreros, pues precisamente decidieron sabotear el congreso, no publicar las resoluciones, no permitir que los obreros sopesaran y discutieran abiertamente ambas políticas, ¡y ellos mismos gritan sobre la «falta de preparación» de los obreros!

Otros argumentos «oficiales» a favor del aplazamiento del congreso: hay que luchar contra la carestía, hay que llevar a cabo la campaña electoral, etc.

Estos argumentos son simplemente una burla a los obreros. ¿Quién no sabe que nosotros, los socialdemócratas, no estamos en contra de la lucha por las reformas, pero a diferencia de los socialpatriotas, a diferencia de los oportunistas y reformistas, no nos limitamos a la lucha por las reformas, sino que la subordinamos a la lucha por la revolución? ¿Quién no sabe que precisamente esta política ha sido expuesta repetidamente en los manifiestos de Zimmerwald y Kienthal? No estamos en contra de las elecciones y las reformas para paliar la carestía, pero en primer lugar ponemos la declaración abierta de la verdad ante las masas, a saber: que la carestía no puede superarse más que expropiando a los bancos y a las grandes empresas, es decir, realizando la revolución social.

¿Y a qué llama al proletariado cada manifiesto de la unión de Zimmerwald en respuesta a la guerra? ¿en relación con la guerra?

A la lucha revolucionaria de masas, a volver las armas contra el enemigo en el propio país (véase el último llamamiento de la Internationale Sozialistische Kommission «An die Arbeiterklasse»[74] de finales de diciembre de 1916), es decir, a volver las armas contra su propia burguesía, su propio gobierno.

¿Acaso no está claro de aquí para cualquier persona capaz de pensar algo que precisamente la política de renuncia a la defensa de la patria está ligada a la lucha verdaderamente revolucionaria, verdaderamente socialista, contra la carestía? ¿a una utilización verdaderamente socialista, y no burguesa-reformista, de la campaña electoral?

¿Acaso no está claro que precisamente la política socialpatriota, la política de «defensa de la patria» en la guerra imperialista, es una política de reformismo, es decir, de lucha burguesa-reformista y no socialista contra la carestía, de lucha durante la campaña electoral?

¿Cómo se puede «aplazar» el congreso que decide la cuestión de la «defensa de la patria» (es decir, la elección entre la política socialpatriota y la socialista) «con el pretexto» de la lucha contra la carestía, etc.? ¿Con este argumento falso y mentiroso, Grimm y los socialpatriotas quieren ocultar a los obreros la verdad de que ellos quieren llevar tanto la lucha contra la carestía como las elecciones, etc., en un espíritu burgués-reformista y no en el espíritu de Zimmerwald?

El 6 de agosto de 1916, en Zúrich, Grimm habló ante 115 Arbeitervertrauensleute aus der ganzen Schweiz{114} y desarrolló ante ellos ¡precisamente la lucha burguesa-reformista, y sólo reformista, contra la carestía! Grimm «con paso firme» va hacia su objetivo: hacia el acercamiento a los socialpatriotas contra los obreros socialistas, contra Zimmerwald.

Pero lo que resulta especialmente repugnante en esto es que Grimm encubre su paso al lado de los socialpatriotas con una acrecentada injuria contra los socialpatriotas no suizos. He aquí una de las raíces más profundas de la traición de Grimm, he aquí una de las fuentes más profundas de toda esa política de engaño que ha dejado al descubierto el 7 de enero de 1917.

Fíjense en el *Berner Tagwacht*: ¡qué de palabras injuriosas no ha prodigado este periódico a costa de los socialpatriotas rusos, franceses, ingleses, alemanes, austríacos, en una palabra, de todos... menos de los suizos! Grimm llegó a decir hasta tal punto que llamó al socialpatriota alemán Ebert, miembro del Parteivorstand del Partido Socialdemócrata Alemán, «einen Rausschmeißer in einem Bordell»[75] (*Berner Tagwacht* núm. ... del...).

¿Verdad que es valiente este Grimm? ¡Qué caballeresco guerrero es este Grimm! ¡Qué valerosamente ataca desde Berna a los socialpatriotas... de Berlín! ¡Qué noblemente calla este caballero sobre los socialpatriotas... de Berna y de Zúrich!

Pero ¿en qué se diferencia Ebert en Berlín de Greulich, Manz-Schäppi, Pflüger en Zúrich? ¿de Gustav Müller, Schneeberger, Dürr en Berna? En nada en absoluto. Todos ellos son socialpatriotas. Todos ellos mantienen una posición de principios totalmente idéntica. Todos ellos introducen en la masa ideas no socialistas, sino «grütlianas», es decir, reformistas, nacionalistas, burguesas.

Cuando Grimm redactó sus tesis sobre la cuestión de la guerra en el verano de 1916, y las redactó intencionadamente largas y confusas, con la esperanza de engañar tanto a la izquierda como a la derecha, con la esperanza de «jugar» con las divergencias de unos y otros, concluyó dichas tesis con la siguiente frase:

«Los órganos del partido y de los sindicatos deben ponerse de acuerdo entre sí» (precisamente en caso de amenaza de guerra y de necesidad de acciones revolucionarias de masas).

Pero ¿quién está al frente de los sindicatos de Suiza? Entre otros, precisamente Schneeberger y Dürr, que ambos firmaban en el verano de 1916 el periódico *Schweizerische Metallarbeiterzeitung* como redactores, llevaban este periódico en un espíritu reaccionario, reformista, socialpatriota, declarando abiertamente que están a favor de la «defensa de la patria», ¡alzándose abiertamente contra toda la política de Zimmerwald!

Y al frente del Partido Socialista Suizo, como ha demostrado una y otra vez el 7 de enero de 1917, están los socialpatriotas Greulich, Pflüger, Manz-Schäppi, Huber, etc., etc.

Así pues, ¿qué obtenemos?

Obtenemos que Grimm en sus tesis proponía al partido que confiara la dirección de las acciones revolucionarias de masas contra la guerra ¡precisamente a los socialpatriotas, a los Schneeberger, Dürr, Greulich, Pflüger y Cía.! ¡Precisamente a los adversarios de tales acciones, precisamente a los reformistas!!

Ahora, después del 7 de enero de 1917, toda la «táctica» de Grimm ha quedado desenmascarada hasta el final.

Él quiere ser considerado líder de la izquierda, presidente de la Comisión Socialista Internacional, representante y dirigente de los zimmerwaldistas, engaña a los obreros con toda clase de frases «rrrevolucionarias», encubriendo con ellas de hecho la vieja práctica socialpatriota y burguesa-reformista del partido.

Jura y perjura que simpatiza con K. Liebknecht, con Höglund, etc., que es su partidario, que aplica su política.

Pero K. Liebknecht en Alemania, Höglund en la pequeña Suecia neutral, no lucharon contra los socialpatriotas extranjeros, sino contra sus propios socialpatriotas, atacaron a los reformistas y nacionalistas en su casa, en Berlín, en Estocolmo, y no en otros países. Se granjearon con su despiadado desenmascaramiento de los socialpatriotas el odio honroso de los Greulich, Pflüger, Schneeberger, Dürr berlineses y estocolmenses.

¿Acaso es difícil comprender que cuando los chovinistas franceses alaban al alemán Liebknecht, y los alemanes al inglés MacLean, actúan como estafadores, queriendo encubrir con frases «internacionalistas» de elogio al internacionalismo ajeno su propio nacionalismo? ¿Acaso es difícil comprender que del mismo modo actúa Grimm cuando insulta a los socialpatriotas de todos los países menos Suiza, y lo hace precisamente para encubrir su paso al lado de los socialpatriotas suizos?

Grimm insultó al socialpatriota alemán Ebert llamándolo «Rausschmeißer in einem Bordell» por haber robado a los obreros alemanes el *Vorwärts*, por el hecho de que, gritando sobre la escisión, echó y sigue echando del partido a los izquierdistas.

Bueno, ¿y qué hace Grimm en su casa, en Suiza, junto con los tristes héroes del triste 7 de enero de 1917?

¿Acaso Grimm no ha robado a los obreros suizos el congreso extraordinario que les había prometido solemnemente sobre la cuestión de la defensa de la patria? ¿Acaso Grimm, gritando sobre la escisión, no prepara la expulsión del partido de los zimmerwaldistas?

No seamos puerilmente ingenuos, ¡miremos la verdad cara a cara!

En la reunión del 7 de enero de 1917, los nuevos amigos y protectores de Grimm, los socialpatriotas, gritaron junto con él contra la escisión, acusando además especialmente de escisionismo a la organización juvenil, y uno le gritó al secretario del partido, Platten, que Platten «er sei kein Parteisekretär, er sei ParteiVerräter»[76].

¿Acaso se puede callar cuando se dicen tales cosas y cuando los «líderes» quieren ocultarlas al partido? ¿Acaso los obreros socialistas suizos no se indignarán con semejantes procedimientos?

¿Cuál es la culpa de la unión juvenil y de Platten? Sólo que son partidarios sinceros de Zimmerwald, sinceros zimmerwaldistas, y no arribistas. Sólo que están en contra del aplazamiento del congreso. Y si los intrigantes gritan que contra el aplazamiento del congreso, como en general «contra su majestad Grimm», se pronuncian sólo los izquierdistas de Zimmerwald, como una fracción especial, ¿acaso el 7 de enero de 1917 no ha demostrado que eso es una intriga? ¿Acaso no se pronunciaron contra Grimm usted, camarada Ch. Naine, que nunca se ha adherido ni directa ni indirectamente, ni formal ni informalmente, a los izquierdistas de Zimmerwald?

¡Acusación de escisión! He aquí una acusación verdaderamente manida con la que ahora, en todos los países, salen precisamente los socialpatriotas de todos los países para encubrir cómo echan del partido a los Liebknecht y a los Höglund.

Escrito el 26 y 27 de diciembre de 1916 (8 y 9 de enero de 1917)

Publicado por primera vez en 1924 en la revista *Proletárskaya Revolutsia* núm. 4

Se publica de acuerdo con el manuscrito