Se mete en la grieta de nuestras divergencias: la política ancestral de la canalla y la gentuza, impotente para discutir con nosotros abiertamente y que recurre a intrigas, zancadillas, vilezas.

He aquí el cuadro de lo que hay, y de lo que hace Radek (al hombre se le juzga no por lo que dice o piensa de sí mismo, sino por lo que hace — ¿recuerda esta verdad marxista?).

Voilà*.

¡He aquí con qué «ambiente» hay que luchar!!

¡Y qué vergüenza teórica y disparate en las «tesis» de Radek...

He leído a Humbert-Droz «Plaidoirie». ¡Dios mío, qué vulgaridad del tolstoísmo! Le he escrito también a Abramóvich: ¿acaso es tan irremediablemente desesperado? Pienso: ¿no habrá en Suiza el bacilo de la estupidez pequeñoburguesa (y pequeñoestatal), del tolstoísmo, del pacifismo, que arruina a los mejores hombres? ¡Seguro que lo hay!

He leído el segundo folleto de P. Golay («L'Antimilitarisme»)** — ¡qué gigantesco paso atrás en comparación con el primero («Le Socialisme qui meurt»***) y hacia el mismo pantano...

Le estrecho fuertemente la mano. Suyo, Lenin

P.D. ¿Esquía usted? ¡No deje de esquiar! Aprenda, consiga esquís y a las montañas, sin falta. ¡Qué bien se está en las montañas en invierno! Es una maravilla, y huele a Rusia.

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Escrito el 18 de diciembre de 1916.

Enviado desde Zúrich.

Publicado por primera vez en 1949 en la revista «Bolchevique» núm. 1.

Se imprime según el manuscrito.