La burguesía y sus partidarios en el movimiento obrero, los grütlianos, suelen plantear la cuestión así:

o reconocemos por principio el deber de defender la patria, o bien dejamos nuestro país indefenso.

Tal planteamiento es radicalmente falso.

En realidad, la cuestión se plantea así:

o nos dejamos matar en interés de la burguesía imperialista, o bien preparamos sistemáticamente a la mayoría de los explotados y a nosotros mismos para, a costa de menores sacrificios, apoderarnos de los bancos, expropiar a la burguesía, para poner fin, en general, tanto a la carestía como a las guerras.

El primer planteamiento de la cuestión es enteramente burgués y no socialista. No tiene en cuenta que vivimos en la época del imperialismo, que la guerra actual es imperialista, que Suiza, bajo ninguna circunstancia, luchará en esta guerra contra el imperialismo, sino que estará del lado de una u otra coalición de potencias imperialistas, es decir, que en la práctica será un instrumento de una u otra gran potencia rapaz; que a la burguesía suiza la atan ya desde hace tiempo mil hilos a los intereses imperialistas, ya sea que esto se realice a través de la red de interrelaciones y de «participación mutua» entre los grandes bancos, ya sea la exportación de capital o la industria ligada a los turistas y que existe a costa de los millonarios extranjeros, ya sea la descarada explotación de los obreros extranjeros privados de derechos, etc.

En una palabra, se olvidan todos los principios fundamentales del socialismo, todas las ideas socialistas; se adorna la guerra rapaz imperialista, se pinta a la «propia» burguesía como una inocente ovejita y a los astutos directores de los bancos de la Suiza moderna como heroicos Guillermos Tell, mientras se cierran los ojos ante los acuerdos secretos entre los bancos y diplomáticos nacionales y extranjeros, ¡y todo este increíble montón de mentiras burguesas se encubre con la hermosa frase «popular» que aturde al pueblo: «defensa de la patria»!

Escrito en alemán en diciembre de 1916.

Publicado por primera vez el 1 de agosto de 1929 en el periódico «Pravda» n.º 174.

Se imprime según el manuscrito. Traducción del alemán.