L. Mártov se apresuró de inmediato a publicar en el «Boletín» de los bundistas una noble protesta contra esa «presentación de Chjeidze como una especie de» (?? no «una especie de», sino «igual que todos los liquidadores») «extintor del espíritu revolucionario que despierta». La defensa de Chjeidze por Mártov sigue dos líneas: la fáctica y la de principios.

La objeción fáctica consiste en que «Náshe Slovo» cita un periódico caucásico de las centurias negras y en que quienes intervinieron junto a Chjeidze son: Mikoladze, un oficial retirado, «conocido en su distrito como activista social radical», y el pope Jundadze, «procesado en 1905 por participar en el movimiento socialdemócrata» («en el movimiento socialdemócrata georgiano, como es sabido –añade Mártov–, la participación de curas rurales es un fenómeno bastante habitual»).

Así es la «defensa» de Chjeidze por Mártov. Una defensa pésima. Si sobre la intervención de Chjeidze junto a un pope escribió un periódico de las centurias negras, eso en absoluto refuta el hecho, y el propio Mártov reconoce que las intervenciones tuvieron lugar.

Que Jundadze «fuera procesado en 1905» no dice absolutamente nada, pues entonces también Gapón y Aleksinski «fueron procesados». A qué partido pertenecen o con cuál simpatizan ahora Jundadze y Mikoladze, si son defensistas o no, he aquí lo que tendría que haber averiguado Mártov si hubiera querido buscar la verdad y no «abogadear». «Conocido en su distrito como activista social radical»: esta frase significa a menudo entre nosotros, en nuestra prensa, simplemente un terrateniente liberal.

A gritos de que «Náshe Slovo» dio un «cuadro absolutamente falso», Mártov pretende con sus gritos ocultar la verdad, que no ha refutado ni un ápice.

Pero lo principal no está aún en esto. Esto son flores, lo peor está por venir. Sin haber refutado con su refutación fáctica lo «lamentable» de la conducta de Chjeidze, Mártov la confirmó con su defensa de principios.

«Queda fuera de duda –escribe Mártov– que el camarada» (?? ¿de Potrésov y Cía.?) «Chjeidze consideró necesario pronunciarse no solo contra la orientación reaccionaria que adoptaron los disturbios caucásicos al caer» (? ¿cayeron?) «bajo la influencia de las centurias negras, sino también contra sus formas destructivas (saqueo de tiendas, violencias contra los comerciantes), en las que, en general, puede desembocar el descontento popular con independencia de las influencias reaccionarias». ¡Obsérvese: «queda fuera de duda»!

Y Mártov se desata en lirismos no peor que V. Maklákov: impotencia, dispersión, «desconcierto e incluso escasa conciencia» de las masas... «el camino de este tipo de “motines” no conduce a la meta y en última instancia es perjudicial desde el punto de vista de los intereses del proletariado»... Por un lado, «mal partido revolucionario sería aquel que diera la espalda al movimiento que surge porque viene acompañado de excesos espontáneos e inadecuados»; por otro lado, «mal partido sería aquel que considerara su deber revolucionario renunciar a combatir esos excesos por ser acciones inadecuadas»... «En la medida en que en Rusia... hasta ahora no se ha iniciado (?) una campaña organizada de lucha contra la guerra, en que la dispersión de los elementos conscientes del proletariado no permite comparar nuestra situación no ya con la de 1904-1905, sino con la de 1914-1915 (?), en esa medida los disturbios populares que estallan sobre la base de la carestía, etc., siendo síntomas muy importantes, no pueden (?) convertirse directamente (?) en fuentes del movimiento que constituye nuestra tarea. Su “utilización” adecuada solo puede consistir en encauzar el descontento que irrumpe en ellos hacia algún tipo de lucha organizada, fuera de la cual no se puede ni hablar de que las masas se planteen tareas revolucionarias. Por eso, ¡incluso (!!) el llamamiento a organizar cooperativas, a presionar a las dumas municipales para fijar tasas a los precios y a otros paliativos semejantes, sobre la base del desarrollo de la iniciativa de las masas, es una labor más revolucionaria (¡ja, ja!) y fructífera que coquetear... las especulaciones frívolas son “directamente criminales”», etc.

Es difícil mantener la calma al leer estos discursos indignantes. Incluso la redacción del Bund, por lo visto, sintió que Mártov hacía trampa, y acompañó su artículo con la ambigua promesa de «volver aún sobre el tema...».

La cuestión está más clara que el agua. Supongamos que Chjeidze se enfrentaba a disturbios de una forma que él consideraba inadecuada. Está claro que su derecho y su deber de revolucionario era combatir la forma inadecuada... ¿en nombre de qué? ¿En nombre de acciones revolucionarias adecuadas? ¿O en nombre de una lucha liberal adecuada?

¡Esa es la cuestión! ¡Y eso es justamente lo que Mártov embrolla!

El señor Chjeidze «encauzaba» el «descontento de las masas» que se manifestaba revolucionariamente «hacia» la lucha liberal (solo cooperativas pacíficas, solo presión legal, aprobada por el gobernador, sobre las dumas municipales, etc.), y no hacia una lucha revolucionaria adecuada. ¡Ésa es la esencia, y Mártov vierte agua y defiende la política liberal!

Un socialdemócrata revolucionario dirá: destrozar una tienducha es inadecuado, organicemos una manifestación más seria, al mismo tiempo que los obreros de Bakú, Tiflis y Petersburgo; dirijamos nuestro odio contra el gobierno; atraigamos a una parte de las tropas que desea la paz. ¿Habló así el Sr. Chjeidze? ¡No, llamó a una «lucha» aceptable para los liberales!

Mártov firmó a la ligera la «plataforma» que recomienda «acciones revolucionarias de masas»{96} –¡hay que mostrarse como revolucionario ante los obreros!–, y cuando sobre el terreno, en Rusia, se llega a los primeros gérmenes de esas acciones, entonces empieza a defender por todos los medios, justos e injustos, al Chjeidze «izquierdista»-liberal.

«En Rusia, hasta ahora no se ha iniciado una campaña organizada de lucha contra la guerra...». En primer lugar, no es cierto. Se ha iniciado, al menos en Petersburgo, con proclamas, mítines, huelgas, manifestaciones. En segundo lugar, si en alguna provincia no ha comenzado, hay que comenzarla, mientras que Mártov hace pasar la campaña liberal «iniciada» por el Sr. Chjeidze como «más revolucionaria».

¿No es esto un blanqueo de la vileza oportunista?

Publicado en diciembre de 1916 en la «Recopilación del Sotsial-Demokrata» núm. 2. Firmado: N. Lenin

Se imprime según el texto de la «Recopilación».