¡Querida amiga! Respecto al libro de Delaisi debo, lamentablemente, decir que no lo tengo.

Debí dejarlo en Berna o alguien se lo llevó para leerlo.

Respecto a su carta a las mujeres, ¿parece que se ha ofendido por mis observaciones? ¿Quizá incluso las ha malinterpretado un poquito?

Escribí que aconsejaría suprimir el pasaje donde se dice que «queremos tomar en nuestras manos», pues parecería ridículo. Si no está de acuerdo en suprimirlo, entonces aconsejo enviarla solo a los amigos más cercanos y de mayor confianza; a Alemania, por ejemplo, por medio de Radek.

Pero si usted acepta modificar las expresiones imprudentes (pues la carta podría, con los actuales procedimientos postales, las detenciones en Alemania y Francia, etc., caer en otras manos), entonces mi consejo ya no es necesario. Tal era el sentido de mis consejos. Absolutamente nada más. Ni sombra de «descontento» con su carta, nada parecido.

Usted pidió mi opinión: se la di y solo aconsejé pequeñas modificaciones.

Le estrecho la mano.

Su Lenin

en Sörenberg (Suiza)

Se publica por primera vez, según el manuscrito

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Escrito el 26 de noviembre de 1916.
Enviado desde Zúrich.