El Congreso de Zúrich del Partido Socialdemócrata de Suiza (4–5. XI. 1916) ha demostrado de manera definitiva que la decisión de este partido de adherirse a Zimmerwald y de reconocer la lucha revolucionaria de masas (resolución del congreso de Aarau, 1915) no pasa de ser letra muerta, y que en el seno del partido se ha constituido plenamente un «centro», es decir, una corriente que corresponde a la corriente de Kautsky – Haase y la «Arbeitsgemeinschaft»{86} en Alemania, Longuet – Pressemanne y Cía. en Francia. Este «centro», encabezado por R. Grimm, combina declaraciones «de izquierda» con una práctica «de derecha», es decir, oportunista.

Por eso, la tarea de los zimmerwaldianos de izquierda en el Partido Socialdemócrata de Suiza es, de inmediato y sin condiciones, cohesionar sus fuerzas para influir sistemáticamente en el partido con el espíritu de que la resolución del congreso de Aarau no quede en letra muerta. Esta cohesión de las fuerzas de los zimmerwaldianos de izquierda es tanto más imperiosamente necesaria cuanto que tanto el congreso de Aarau como el de Zúrich no dejan la menor sombra de duda acerca de las simpatías revolucionarias e internacionalistas del proletariado suizo. No basta con aprobar resoluciones de adhesión a Liebknecht; hay que tomar en serio su consigna de que los actuales partidos socialdemócratas necesitan una regeneración (Regeneration){87}.

La plataforma de los zimmerwaldianos de izquierda en el Partido Socialdemócrata de Suiza debería ser aproximadamente la siguiente:

I. Actitud hacia la guerra y hacia el gobierno burgués en general

1. La «defensa de la patria» por parte de Suiza, tanto en la actual guerra imperialista como en las nuevas guerras imperialistas que se preparan, no es más que un engaño burgués al pueblo, pues, de hecho, la participación de Suiza en la guerra actual y en otras guerras semejantes sería únicamente participación en una guerra de rapiña y reaccionaria del lado de[52] una de las coaliciones imperialistas, y de ningún modo una guerra por la «libertad», la «democracia», la «independencia», etc.

2. La actitud del Partido Socialdemócrata de Suiza hacia el gobierno burgués suizo y hacia todos los partidos burgueses de Suiza debe ser una actitud de completa desconfianza. Porque este gobierno (a) se halla en la más estrecha vinculación económica y financiera y en total dependencia de la burguesía de las «grandes» potencias imperialistas; (b) desde hace tiempo y en toda la línea ha virado hacia la reacción política en los asuntos internacionales e internos (policía política; servilismo ante la reacción europea y las monarquías europeas, etc.); (c) ha demostrado con toda su política a lo largo de una serie de años (la reorganización militar de 1907, etc.; los «casos» Egli, de-Lo y otros muchos) que se convierte cada vez más en un peón en manos del partido militar y la camarilla militar más reaccionarios de Suiza.

3. En virtud de esto, la tarea más perentoria del Partido Socialdemócrata en Suiza es desenmascarar el verdadero carácter de un gobierno servil ante la burguesía imperialista y la casta militar, poner al descubierto el engaño al pueblo mediante frases sobre la democracia, etc., y esclarecer la plena posibilidad de que este gobierno (con el consentimiento de toda la burguesía que gobierna Suiza) venda los intereses del pueblo suizo a una u otra coalición imperialista.

4. Por consiguiente, en caso de que Suiza se vea arrastrada a la presente guerra, el deber de la socialdemocracia es rechazar de modo absoluto la «defensa de la patria» y poner al descubierto el engaño al pueblo con esta consigna. No por sus intereses ni por la democracia, sino por los intereses de la burguesía imperialista irían a morir los obreros y los campesinos en una guerra semejante. Los socialistas de Suiza, así como los de otros países avanzados, pueden y deben reconocer la defensa armada de la patria sólo cuando esta patria sea reestructurada socialísticamente, es decir, la defensa de la revolución proletaria, socialista, contra la burguesía.

5. Ni en tiempo de paz ni en tiempo de guerra, el Partido Socialdemócrata y sus diputados pueden en modo alguno votar los créditos de guerra, por muy engañosos discursos sobre «defensa de la neutralidad», etc., con que se intente justificar tal voto.

6. La respuesta del proletariado a la guerra debe ser la propaganda, la preparación y la realización de acciones revolucionarias de masas con el fin de derrocar la dominación de la burguesía, conquistar el poder político e instaurar el régimen socialista, único que librará a la humanidad de las guerras y cuya determinación de realizarlo madura en la conciencia de los obreros de todos los países con una rapidez nunca antes vista.

7. Entre las acciones revolucionarias deben figurar las manifestaciones y las huelgas de masas, pero de ningún modo la negativa al servicio militar. Por el contrario, no negarse a tomar las armas, sino volver las armas contra la propia burguesía es lo único que puede responder a las tareas del proletariado y corresponder a las consignas de los mejores representantes del internacionalismo, como K. Liebknecht.

8. Los más mínimos pasos del gobierno, antes de la guerra o durante la guerra, encaminados a abolir o restringir las libertades políticas deben conducir a que los obreros socialdemócratas constituyan organizaciones ilegales con el objetivo de realizar una propaganda sistemática, perseverante, que no se detenga ante sacrificios, de la guerra a la guerra, y de explicar a las masas el verdadero carácter de la guerra.

II. Encarecimiento e insoportable situación económica de las masas

9. No sólo en los países beligerantes, sino también en Suiza, la guerra ha conducido a un enriquecimiento inaudito, escandaloso, de un puñado de ricos y a una miseria increíble de las masas a causa del encarecimiento y la escasez de víveres. La tarea principal del Partido Socialdemócrata debe ser no una lucha reformista, sino revolucionaria contra esta calamidad: propaganda y preparación sistemática y perseverante de esta lucha, que no se detenga ante las inevitables dificultades y derrotas temporales.

10. En respuesta a los numerosos proyectos burgueses de reformas financieras, la tarea principal del Partido Socialdemócrata debe ser desenmascarar los intentos de la burguesía de cargar sobre los obreros y los campesinos más pobres el peso de la movilización y de la guerra.

En ningún caso y bajo ningún pretexto puede la socialdemocracia aceptar los impuestos indirectos. Tanto la resolución del congreso de Aarau (1915) como la resolución Huber – Grimm en el congreso de Zúrich (1916), que admiten el acuerdo de la socialdemocracia para los impuestos indirectos, deben ser anuladas. Todas las organizaciones socialdemócratas deben iniciar en el acto la preparación más enérgica para el congreso del partido en febrero de 1917 en Berna, y elegir para el congreso únicamente a aquellos delegados que estén de acuerdo con tal anulación.

Tarea de funcionarios liberales, y de ningún modo de la socialdemocracia revolucionaria, es ayudar al gobierno burgués a zafarse de las dificultades actuales manteniendo el régimen capitalista, es decir, perpetuando la miseria de las masas.

11. Los socialdemócratas deben propagandizar lo más ampliamente posible ante las masas la imperiosa necesidad de un impuesto único federal sobre la propiedad y sobre la renta, con tipos impositivos altos y progresivos, no inferiores a los siguientes:

Impuesto a quienes disponen de pensiones:

12. Los socialdemócratas deben luchar sin piedad contra la mentira burguesa que difunden también muchos oportunistas dentro del Partido Socialdemócrata, y que consiste en que «no es práctico» propagandizar tipos impositivos revolucionariamente altos en el impuesto sobre la propiedad y la renta. Por el contrario, ésta es la única política práctica y la única política socialdemócrata, pues, en primer lugar, no debemos adaptarnos a lo que es «aceptable» para los ricos, sino apelar a las amplias masas de pobres y desposeídos, que se muestran indiferentes o desconfiadas hacia el Partido Socialdemócrata en medida considerable, precisamente debido al carácter reformista y oportunista de éste. En segundo lugar, el único medio de conseguir concesiones de la burguesía no consiste en «pactos» con ella, ni en «adaptarse» a sus intereses o a sus prejuicios, sino en preparar las fuerzas revolucionarias de las masas contra ella. Y cuanto mayor sea la parte del pueblo a la que convenzamos de la justeza de los tipos impositivos revolucionariamente altos y de la necesidad de conquistarlos mediante la lucha, tanto más pronto hará concesiones la burguesía, y nosotros aprovecharemos cada concesión, incluso la más pequeña, para la lucha consecuente por la expropiación total de la burguesía.

13. Establecimiento de un máximo límite para el salario de todos los empleados y funcionarios sin excepción, Bundesräte[53], etc., por un monto de 5 a 6 mil francos anuales, según el número de miembros de la familia. Prohibición de toda acumulación de otros ingresos, bajo amenaza de prisión y confiscación de dichos ingresos.

14. Expropiación forzosa de las fábricas y plantas industriales — en primer lugar, de las necesarias para asegurar los medios de subsistencia a la población — así como de todas las explotaciones agrícolas que posean más de 15 ha de tierra (más de 40 «Jucharten»[54]) (el número de tales explotaciones en Suiza es de solo 22 mil de un total de 252 mil, es decir, menos de 1/10 del total de explotaciones agrícolas). Medidas sistemáticas, sobre la base de estas transformaciones, para aumentar la producción de víveres y garantizar al pueblo productos baratos.

15. Expropiación forzosa inmediata en favor del Estado de todas las fuerzas hidráulicas de Suiza, aplicando a ésta, como a las demás expropiaciones, las tasas mencionadas más arriba de los impuestos sobre el patrimonio y sobre la renta.

III. Transformaciones democráticas particularmente urgentes y utilización de la lucha política y del parlamentarismo

16. Utilización de la tribuna parlamentaria y del derecho de iniciativa y referéndum no con un enfoque reformista, es decir, no para la defensa de reformas «aceptables» para la burguesía y, por tanto, impotentes para eliminar las calamidades principales y radicales de las masas, sino para la propaganda de la transformación socialista de Suiza, que es plenamente realizable desde el punto de vista económico y se vuelve cada vez más imperiosamente necesaria tanto a causa del insoportable encarecimiento de la vida y de la opresión del capital financiero, como en virtud de las relaciones internacionales creadas por la guerra, que empujan al proletariado de toda Europa al camino de la revolución.

17. Abolición de todas, sin excepción, las restricciones a los derechos políticos de las mujeres en comparación con los derechos de los hombres. Explicación a las masas de la particular urgencia de esta transformación en un momento en que la guerra y el encarecimiento de la vida agitan a las amplias masas populares y atraen especialmente el interés y la atención de las mujeres hacia la política.

18. Introducción del paso forzoso de los extranjeros a la ciudadanía suiza (Zwangseinbürgerung), sin gasto alguno. Todo extranjero que haya permanecido 3 meses en Suiza se convierte en ciudadano suizo, a menos que, por razones particularmente justificadas, solicite un aplazamiento no mayor de 3 meses. Explicación a las masas de la particular urgencia de esta reforma para Suiza no solo desde el punto de vista democrático general, sino también en vista de que la situación imperialista de Suiza la ha convertido en el Estado con el mayor porcentaje de extranjeros en toda Europa. 9/10 de estos extranjeros hablan uno de los 3 idiomas de Suiza. La carencia de derechos políticos de los trabajadores extranjeros y su alienación refuerzan la reacción política, que ya crece sin eso, y debilitan la solidaridad internacional del proletariado.

19. Inicio inmediato de la agitación para que los candidatos del partido socialdemócrata en las elecciones de 1917 al Nationalrat[55] se presenten únicamente sobre la base de una discusión previa y exhaustiva, ante los electores, de la plataforma política, en particular de la cuestión de la actitud hacia la guerra y la defensa de la patria, y de la cuestión sobre la lucha reformista o revolucionaria contra el encarecimiento de la vida.

IV. Tareas inmediatas de la propaganda, agitación y organización del partido

20. La puesta en práctica real de la resolución de Aarau sobre la lucha revolucionaria de masas es imposible sin un trabajo sistemático y tenaz para ampliar la influencia socialdemócrata sobre las masas, sin incorporar al movimiento a nuevas capas de la masa trabajadora y explotada. La propaganda y la agitación por la revolución social deben llevarse a cabo de manera más concreta, gráfica y directamente práctica, de modo que sean comprensibles no solo para los obreros organizados, que bajo el capitalismo seguirán siendo siempre una minoría del proletariado y de las clases oprimidas en general, sino también para la mayoría de los explotados, incapaz, a causa de la terrible opresión del capitalismo, de una organización sistemática.

21. Para influir en las masas más amplias, el partido debe pasar a la edición más sistemática de octavillas gratuitas que expliquen a las masas que el proletariado revolucionario lucha por la transformación socialista de Suiza, necesaria para 9/10 de la población y que responde a sus intereses. Organización de una competencia abierta entre todas las secciones del partido y, especialmente, de las organizaciones juveniles en la distribución de dichas octavillas, agitación por las calles, casas y viviendas; aumento de la atención y la energía dedicadas a la agitación entre los trabajadores agrícolas, jornaleros y peones, así como de la parte más pobre del campesinado, que no explota a trabajadores asalariados y no se lucra con el encarecimiento de la vida, sino que sufre por él. Exigencia a los representantes parlamentarios del partido (National-, Kantons-, Groß- y demás Rat), de que utilicen su posición política particularmente ventajosa no tanto para la palabrería reformista en el parlamento, que legítimamente provoca aburrimiento y desconfianza entre los obreros, como para la prédica de la revolución socialista entre las capas más atrasadas del proletariado y del semiproletariado en la ciudad y, especialmente, en el campo.

22. Ruptura decidida con la teoría de la «neutralidad» de las organizaciones económicas de la clase obrera, de los empleados, etc. Explicación a las masas de la verdad que la guerra ha confirmado de manera particularmente gráfica, a saber: que la llamada «neutralidad» es un engaño burgués o hipocresía, que significa de hecho una sumisión pasiva a la burguesía y a sus empresas particularmente infames, como la guerra imperialista. Intensificación del trabajo socialdemócrata dentro de todos y cada uno de los sindicatos de la clase obrera y de las capas más pobres de la pequeña burguesía o de los empleados, formación de grupos especiales de socialdemócratas dentro de todos esos sindicatos, preparación sistemática de un estado de cosas tal que en todos estos sindicatos la socialdemocracia revolucionaria esté en mayoría y tenga las directivas en sus manos. Explicación a las masas de la particular importancia de esta condición para el éxito de la lucha revolucionaria.

23. Ampliación e intensificación del trabajo socialdemócrata en el ejército, tanto antes del ingreso de los jóvenes en sus filas como durante el servicio. Creación de grupos socialdemócratas en todas las unidades militares. Explicación de la inevitabilidad histórica y la legitimidad, desde el punto de vista del socialismo, del uso de las armas en la única guerra legítima, a saber, la guerra del proletariado contra la burguesía por la liberación de la humanidad de la esclavitud asalariada. Propaganda contra los atentados aislados, en nombre de la vinculación de la lucha de la parte revolucionaria del ejército con el amplio movimiento del proletariado y de los explotados en la población en general. Intensificación de la propaganda de aquella parte de la resolución de Olten que recomienda a los soldados la negativa a obedecer cuando se utilice el ejército contra los huelguistas, así como de la necesidad de no limitarse a la negativa pasiva de obediencia{88}.

24. Explicación a las masas del nexo indisoluble entre el trabajo práctico en la consecuente dirección revolucionario-socialdemócrata, desarrollada más arriba, y la lucha sistemática de principios entre las tres tendencias principales del movimiento obrero moderno, configuradas en todos los países civilizados y perfiladas definitivamente también en Suiza (especialmente en el congreso de Zúrich de 1916). Estas tres tendencias son: 1) los socialpatriotas, es decir, los que reconocen abiertamente la «defensa de la patria» en la presente guerra imperialista de 1914-1916. Es la tendencia oportunista de los agentes de la burguesía en el movimiento obrero; 2) los zimmerwaldianos de izquierda, que rechazan por principio la «defensa de la patria» en la guerra imperialista, están a favor de la escisión con los socialpatriotas como agentes de la burguesía, y de la lucha revolucionaria de masas en conexión con una reorganización completa de la táctica socialdemócrata en correspondencia con la propaganda y la preparación de dicha lucha; 3) el llamado «centro» (Kautsky — Haase, «Arbeitsgemeinschaft» en Alemania; Longuet — Pressemane en Francia)[56], que está a favor de la unidad de la 1ª y 2ª tendencia. Tal «unidad» solo ata las manos de la socialdemocracia revolucionaria, impidiéndole desplegar el trabajo y corrompiendo a las masas por la ausencia de un nexo indisoluble y completo entre los principios del partido y su práctica.

En el congreso del partido socialdemócrata suizo en Zúrich, en 1916, en tres discursos sobre la cuestión de la Nationalratsfraktion[57], precisamente en los discursos de Platten, Nain y Greulich, se manifestó con especial claridad el reconocimiento de que la lucha de las distintas corrientes de la política socialdemócrata dentro del partido socialdemócrata de Suiza se había convertido desde hacía tiempo en un hecho. La simpatía de la mayoría de los delegados estaba claramente del lado de Platten, cuando éste hablaba de la necesidad de defender consecuentemente el trabajo en el espíritu de la socialdemocracia revolucionaria. Nain declaró directa, precisa y claramente que dentro de la Nationalratsfraktion luchan constantemente dos corrientes y que las organizaciones obreras deben preocuparse ellas mismas de enviar a Nationalrat a partidarios de la corriente revolucionaria realmente solidarios entre sí. Cuando Greulich habló de que el partido había abandonado a sus viejos «favoritos» (Lieblinge) y se había encontrado nuevos «favoritos», reconoció el mismo hecho de la existencia y lucha de distintas corrientes. Pero ningún obrero consciente y pensante estará de acuerdo con la «teoría de los favoritos». Precisamente para que la inevitable y necesaria lucha de corrientes no degenere en una competencia de «favoritos», en conflictos personales, en pequeñas sospechas, en escandalillos, precisamente por eso todos los miembros del partido socialdemócrata están obligados a preocuparse de una lucha abierta y de principios de las distintas corrientes de la política socialdemócrata.

25. Lucha intensificada contra la Grütli-Verein{89} desde el punto de vista de principios, como manifestación evidente en suelo suizo de las tendencias de la política obrera burguesa, a saber: oportunismo, reformismo, socialpatriotismo, corrupción de las masas con ilusiones burguesas-democráticas. Explicación a las masas de todo el error y de todo el daño de la política del socialpatriotismo y del «centro» a través del ejemplo de la actividad concreta de la Grütli-Verein.

26. Inicio inmediato de la preparación de las elecciones para el congreso del partido de febrero (1917) en Berna, de manera que estas elecciones se realicen exclusivamente sobre la base de la discusión en cada organización del partido de plataformas de principios y político-concretas. Tal plataforma de los socialdemócratas revolucionarios internacionalistas consecuentes debe ser la presente plataforma.

Elección de las personas para todos los puestos dirigentes del partido, en la Presskommission[58], para todas las instituciones representativas, para todas las juntas directivas, etc., únicamente sobre la base de la misma discusión de plataformas.

Control atento de cada organización local sobre el órgano de prensa local del partido desde el punto de vista de la aplicación de las concepciones y la táctica no solo de la socialdemocracia en general, sino precisamente de una plataforma exactamente definida de la política socialdemócrata.

V. Tareas internacionales de los socialdemócratas suizos

27. Para que el reconocimiento del internacionalismo por los socialdemócratas suizos no quede en una palabra vacía, que no compromete a nada –la misma palabra vacía con la que siempre se limitan los partidarios del «centro» y, en general, de la socialdemocracia de la época de la II Internacional–, para eso es necesario, en primer lugar, luchar consecuente e inflexiblemente por el acercamiento organizativo y la fusión en los mismos sindicatos y por la plena igualdad de derechos (civil y política) de los obreros extranjeros y de los obreros suizos. La característica específica del imperialismo en Suiza consiste precisamente en la creciente explotación de los obreros extranjeros sin derechos por la burguesía suiza, que construye sus esperanzas sobre el distanciamiento de estas dos categorías de obreros.

En segundo lugar, es necesario aplicar todos los esfuerzos para que entre los obreros alemanes, franceses e italianos de Suiza se elabore una dirección internacionalista única, de hecho, en toda la práctica del movimiento obrero, una dirección internacionalista única, que luche con igual decisión y con igual criterio de principios contra el socialpatriotismo tanto francés (de la Suiza romanda) como alemán e italiano. La presente plataforma debe servir de base para una plataforma común y única de los obreros de las tres nacionalidades o lenguas principales que viven en Suiza. Sin tal fusión de los obreros que están del lado de la socialdemocracia revolucionaria, en todas las nacionalidades de Suiza, el internacionalismo es una palabra vacía.

Para facilitar la puesta en práctica de tal fusión, hay que conseguir la publicación de suplementos (al menos semanales (mensuales) y de solo 2 páginas para empezar) a todos los periódicos socialdemócratas (y a todos los órganos de los sindicatos económicos de obreros, empleados, etc.) de Suiza, reimpresos en tres lenguas y que desarrollen, en relación con la política de cada día, la presente plataforma.

28. Los socialdemócratas suizos deben apoyar solo a los elementos revolucionario-internacionalistas que se sitúan en el terreno de la Izquierda de Zimmerwald, de todos los demás partidos socialistas, y este apoyo no debe quedarse en platónico. Es especialmente importante la reedición en Suiza de los llamamientos que se imprimen clandestinamente contra el gobierno en Alemania, Francia, Italia, su traducción a las 3 lenguas y su difusión tanto entre el proletariado suizo como entre el proletariado de todos los países vecinos.

29. El partido socialdemócrata de Suiza no solo debe conseguir en el congreso de Berna (febrero de 1917) la adhesión, y además sin condiciones, a las resoluciones de la Conferencia de Kienthal, sino también exigir, por su parte, la ruptura inmediata, completa y organizativa con el S. B. de La Haya, que es el baluarte del oportunismo y del socialpatriotismo, irreconciliablemente hostiles a los intereses del socialismo.

30. El partido socialdemócrata de Suiza, que se encuentra en condiciones excepcionalmente favorables para conocer lo que sucede en el movimiento obrero de los países avanzados de Europa y para unir a los elementos revolucionarios de este movimiento obrero, no debe esperar pasivamente el desarrollo de la lucha interna en su seno, sino ir por delante de esa lucha. Precisamente: debe seguir el camino de la Izquierda de Zimmerwald, cuya justeza se hace cada día más evidente por el curso de los acontecimientos en el socialismo de Alemania, Francia, Inglaterra, los Estados Unidos y, en general, de todos los países civilizados.

Escrito a fines de octubre – comienzos de noviembre de 1916.

Publicado por primera vez en 1918 en un folleto aparte en francés.

En ruso se publicó por primera vez en 1924 en la revista «Revolución Proletaria» núm. 4.

Se publica según el manuscrito.