Querido Román Vatslávovich: de usted no tengo ninguna noticia. Nadia y yo le escribimos en otoño y le aclaramos el malentendido en el que usted (y nosotros) habíamos caído. Pensamos (basándonos en su carta de primavera) que se había ido a trabajar, y estuvimos esperando su nueva dirección. Resultó —solo lo supimos en otoño— que usted no se había ido.

Ahora vivimos de nuevo en Zúrich; aquí las bibliotecas son mejores. Y Nadia, además, ha conseguido aquí un pequeño ingreso, que necesitábamos mucho. Nadia sigue enferma de su enfermedad de Basedow.

Publicamos un número de la «Colección del S[ocial]-D[emócrata]» y un número del periódico. Espero que ya los haya recibido.

Lamento mucho que no haya podido ir a trabajar —agrícola o de fábrica—, probablemente habría sido útil y agradable. Bueno, ¡no se desanime! ¡Resista! Creo que los estudios, las conferencias, etc., alivian su difícil vida.

Los tiempos son duros en todas partes. ¡Y el costo de vida es endemoniadamente alto!

Saludos a todos los amigos. Escriba de todas formas, aunque sea de vez en cuando.

Su V. Uliánov.

Nadia también envía un gran saludo.

Wl. Ulianow. Spiegelgasse. 14. (bei Kammerer). Zúrich. Suiza.