El secretario de la Oficina Internacional Social-chovinista{83} Huysmans envió un telegrama de felicitación al ministro danés sin cartera Stauning, líder del partido danés supuestamente «socialdemócrata»:

«Veo en los periódicos que usted ha sido nombrado ministro. Mis sinceras felicitaciones. Así, tenemos ya diez ministros socialistas en todo el mundo. ¡Las cosas marchan! Reciba un cordial saludo».

Las cosas marchan, no cabe duda. La Segunda Internacional avanza rápidamente hacia la completa fusión con la política nacional-liberal. El órgano de combate de los oportunistas extremos y social-chovinistas alemanes, la «Voz del Pueblo»{84} de Chemnitz, al reproducir este telegrama, observa no sin mordacidad: «El secretario de la Oficina Socialista Internacional saluda, sin reserva alguna, la aceptación de un puesto ministerial por un socialdemócrata. ¡Y poco antes de la guerra, todos los congresos del partido y los congresos internacionales se habían pronunciado enérgicamente contra esto! Los tiempos cambian, y las opiniones también, también en este punto».

Los Heilmann, los David, los Südekum tienen pleno derecho a dar desdeñosas palmadas en el hombro a los Huysmans, a los Plejánov, a los Vandervelde...

Stauning ha publicado recientemente su carta a Vandervelde, llena de la mordacidad de un social-chovinista germanófilo contra el social-chovinista francés. En esta carta, entre otras cosas, Stauning se enorgullece de que «nosotros (el partido danés) hemos renegado tajante y claramente de la labor escisionista, organizativamente nociva, llevada a cabo por iniciativa de los partidos italiano y suizo mediante el llamado movimiento de Zimmerwald». ¡Literalmente así!

En Dinamarca, la formación del Estado nacional se remonta al siglo XVI. Las masas del pueblo danés realizaron hace ya mucho tiempo el movimiento de liberación burguesa. En Dinamarca, la población se compone en más de un 96 por ciento de daneses nacidos en Dinamarca. Los daneses en Alemania no llegan a doscientos mil. (La población de Dinamarca es de 2,9 millones.) Se puede juzgar, por tanto, qué grosero engaño burgués son las conversaciones de la burguesía danesa sobre el «Estado nacional independiente» como tarea del día. ¡Esto lo dicen en el siglo XX los burgueses y monárquicos de Dinamarca, poseedores de colonias cuya población casi iguala al número de daneses en Alemania y con las que comercia ahora el gobierno danés!

¿Quién ha dicho que en nuestros tiempos no se comercia con personas? Se comercia perfectamente. Dinamarca vende a América por tantos millones (aún no se ha cerrado el trato) tres islas, todas habitadas, naturalmente.

Un rasgo específico del imperialismo danés es, además, la obtención de superganancias a consecuencia de la posición monopólicamente ventajosa del mercado de productos lácteos y cárnicos: venta por la vía marítima más barata a Londres, el mayor mercado del mundo. Gracias a ello, la burguesía danesa y los campesinos ricos daneses (purísimos burgueses, pese a las patrañas de los populistas rusos) se han convertido en «prósperos» parásitos de la burguesía imperialista inglesa, en partícipes de sus ganancias especialmente tranquilas y especialmente pingües.

A esta coyuntura internacional se ha plegado por entero el partido «socialdemócrata» danés, que ha defendido enconadamente y sigue defendiendo al ala derecha, a los oportunistas de la socialdemocracia alemana. Los socialdemócratas daneses votaron los créditos al gobierno monárquico-burgués «para salvaguardar la neutralidad», tal como se dice decorosamente. En el congreso del 30 de septiembre de 1916, la mayoría, compuesta por 9/10, se pronunció a favor de la participación en el ministerio, ¡a favor del pacto con el gobierno! El corresponsal del periódico socialista de Berna comunica que la oposición al ministerialismo en Dinamarca la representaron Gerson Trier y el redactor J. P. Sundbo. Trier, en un brillante discurso, defendió los puntos de vista revolucionario-marxistas y, cuando el partido decidió participar en el ministerio, abandonó tanto el Comité Central como el partido, declarando que no deseaba ser miembro de un partido burgués. En los últimos años, el partido «socialdemócrata» danés no se ha diferenciado en nada de los radicales burgueses.

¡Salud al camarada G. Trier! «Las cosas marchan», tiene razón Huysmans, marchan hacia una división nítida, clara, políticamente honesta, socialista e imprescindible, entre los marxistas revolucionarios, representantes de las masas del proletariado revolucionario, y los aliados y agentes al estilo de Plejánov, Potrésov y Huysmans de la burguesía imperialista, que cuentan con la mayoría de los «líderes», pero representan los intereses no de la masa oprimida, sino de una minoría de obreros privilegiados que se pasan al lado de la burguesía.

¿Querrán los obreros conscientes rusos, los que eligieron a los diputados deportados a Siberia, los que votaron contra la participación en los comités de industrias de guerra en apoyo a la guerra imperialista, querrán figurar en la «Internacional» de los diez ministros? ¿En la Internacional de los Stauning? ¿En la Internacional de la que se marchan los Trier?

«El Socialdemócrata», n.º 56, 6 de noviembre de 1916.