Recientemente, el partido socialdemócrata de Suiza ha tenido el honor de provocar la ira del jefe del partido socialdemócrata oficial danés, el señor ministro Stauning. Este último, en una carta dirigida a otro ministro —también *quasi* socialista—, el ministro Vandervelde, el 15 de septiembre del año en curso, declaró con orgullo que «nosotros (el partido danés) hemos renegado enérgica y decididamente de la labor cismática, organizativamente perjudicial, llevada a cabo por iniciativa de los partidos italiano y suizo del llamado movimiento de Zimmerwald».

Al saludar en nombre del Comité Central del POSDR al congreso del partido socialdemócrata suizo, lo hago con la esperanza de que este partido continúe apoyando la unión internacional de los socialdemócratas revolucionarios que comenzó en Zimmerwald y debe terminar con una ruptura total del socialismo con sus traidores ministeriales y socialpatrióticos.

Esta escisión madura en todos los países del capitalismo desarrollado. En Alemania, el camarada Otto Rühle, correligionario de Karl Liebknecht, fue atacado por los oportunistas y el llamado centro cuando declaró en el órgano central del partido alemán que la escisión se había vuelto inevitable (*Vorwärts*, 12 de enero de 1916). Pero los hechos dicen cada vez con mayor claridad que el camarada Rühle tenía razón, que en Alemania existen efectivamente dos partidos: uno ayuda a la burguesía y al gobierno a librar una guerra de rapiña; el otro, desarrollando su labor principalmente de manera ilegal, difunde llamamientos verdaderamente socialistas entre las auténticas masas, organiza manifestaciones de masas y huelgas políticas.

En Francia, el «Comité para la Restauración de las Relaciones Internacionales» publicó recientemente el folleto «Los socialistas de Zimmerwald y la guerra», en el que leemos que en Francia se han desarrollado tres tendencias principales dentro del partido. La primera, a la que pertenece la mayoría, es estigmatizada en el folleto como socialistas-nacionalistas, socialpatriotas, que han entrado en la «unión sagrada» con nuestros enemigos de clase. La segunda tendencia, según este folleto, constituye la minoría; son los partidarios de los diputados Longuet y Pressemane, que marchan de acuerdo con la mayoría en las cuestiones más importantes e inconscientemente vierten agua al molino de la mayoría, atrayendo a los elementos descontentos para adormecer su conciencia socialista y obligarles a seguir la política oficial del partido. Como tercera tendencia, el folleto señala a los zimmerwaldistas. Estos últimos reconocen que Francia se ha visto envuelta en la guerra no por la declaración de guerra de Alemania, sino por su propia política imperialista, que mediante tratados y empréstitos la ha atado a Rusia. Esta tercera tendencia proclama sin ambages que «la defensa de la patria no es una causa socialista».

De igual modo, entre nosotros, en Rusia, así como en Inglaterra y en los neutrales Estados Unidos de América, en una palabra, en todo el mundo, se han formado en esencia las tres mismas tendencias. La lucha de estas tendencias determinará el destino del movimiento obrero en el período inmediato.

Permítanme tocar en pocas palabras otro punto sobre el cual se habla mucho estos días y respecto al cual nosotros, los socialdemócratas rusos, tenemos una experiencia particularmente rica; es la cuestión del terror.

Aún no tenemos noticia alguna de los socialdemócratas revolucionarios austriacos, que también existen allí, pero sobre los cuales la información es en general muy escasa. Debido a esto, no sabemos si el asesinato de Stürgkh por el camarada Fritz Adler es una aplicación del terror como táctica, consistente en la organización sistemática de asesinatos políticos sin relación con la lucha revolucionaria de masas, o si este asesinato es tan solo un paso aislado en la transición de la táctica oportunista no socialista de los socialdemócratas oficiales austriacos, con su defensa de la patria, a la táctica de la acción revolucionaria de masas. Esta segunda suposición parece corresponder más a las circunstancias, y por ello merece toda la simpatía el saludo a Fritz Adler propuesto por el Comité Central del partido italiano y publicado en *Avanti!* el 29 de octubre.

En cualquier caso, estamos convencidos de que la experiencia de la revolución y la contrarrevolución en Rusia ha confirmado la justeza de la lucha de nuestro partido durante más de 20 años contra el terror como táctica. Pero no hay que olvidar que esta lucha se llevó a cabo en estrecha relación con la lucha implacable contra el oportunismo, que tendía a rechazar todo empleo de la violencia por parte de las clases oprimidas contra los opresores. Siempre nos hemos pronunciado por el empleo de la violencia, tanto en la lucha de masas como en relación con esa lucha. En segundo lugar, vinculamos la lucha contra el terrorismo con una propaganda de muchos años, iniciada muchos años antes de diciembre de 1905, a favor de la insurrección armada. En la insurrección armada veíamos no solo la mejor respuesta del proletariado a la política del gobierno, sino también el resultado inevitable del desarrollo de la lucha de clases por el socialismo y la democracia. En tercer lugar, no nos limitábamos al reconocimiento de principio del empleo de la violencia y a la propaganda de la insurrección armada. Así, por ejemplo, cuatro años antes de la revolución apoyábamos el empleo de la violencia por las masas contra sus opresores, especialmente durante las manifestaciones callejeras. Nos esforzábamos por que todo el país asimilara la lección de cada una de esas manifestaciones. Empezamos a reflexionar cada vez más sobre la organización de una resistencia firme y sistemática de las masas a la policía y al ejército, sobre la incorporación, mediante esta resistencia, de la mayor parte posible del ejército a la lucha entre el proletariado y el gobierno, sobre la atracción del campesinado y de las tropas a una participación consciente en esta lucha. Esta fue la táctica que aplicamos en la lucha contra el terrorismo y que, según nuestra profunda convicción, se vio coronada por el éxito.

Termino, camaradas, reiterando mi saludo al congreso del partido socialdemócrata suizo y deseando éxito a vuestra labor. (Aplausos.)