«... Tengo literalmente la sensación (!) de que el asunto no está (!) en los cargos (!), sino 
«en general»...».

¡¡Está escrito literalmente así!! Pero, ¿acaso se puede razonar de ese modo? Pues eso significa cerrar la boca a todo el que razona y discute. En la carta de la redacción se dan indicaciones precisas y formulaciones del desacuerdo, y Usted se exalta: sensación, acusación, 
en general...

Usted leyó una ponencia «sobre el mismo tema», y ninguno de los literatos okistas «ni siquiera mencionó el anarquismo».

De nuevo: ¿acaso es esto un argumento? En la carta de la redacción tampoco se habla de anarquismo. Lo que Usted dijo exactamente en la ponencia es imposible de establecer. Que los literatos okistas son tontos es un hecho. Y Usted añade: «yo les he enjabonado la cabeza por otros puntos»...

«Oportunismo es temer lo que diga la liquidacionista-amarilla María Alexéyevna» 
(Potrésov).

Fuerte. Fuerte. ¡Pero golpea en el vacío! Pues yo afirmo que Potrésov tiene razón aquí contra 
Bazárov 386.

(1) ¿Es esto cierto o no? Usted no lo examina. — (2) ¿Es malo que los amarillos tengan razón 
contra los errores de nuestra gente? Usted ha esquivado las cuestiones de fondo con palabrotas fuertes. ¡Resulta que Usted «tiene miedo» de pensar sobre el significado de la razón de Potrésov contra Bazárov!

«... Usted no puede atribuirme la negación de la lucha por la democracia...» Yo le atribuyo 
una serie de errores sobre esta cuestión e indico exactamente cuáles. Y Usted elude la discusión de fondo.

Usted formula tres «afirmaciones», supuestamente «absolutamente indiscutibles y ortodoxamente marxistas», a las cuales «puede reducirse» el primer capítulo.

Pero estas afirmaciones (1) son tan generales que están aún lejos de la concreción; (2º y 
principal) ¡¡no es lo que se dice en el artículo!!

«Ni Gr. ni Usted intentan siquiera decirme en qué consiste la herejía».

Perdone, eso no es verdad. En la carta de la redacción se dice con grandísima precisión, y Usted no responde a lo que nosotros dijimos, a lo que nosotros señalamos. ¡¡Ni una palabra en respuesta a ninguna de nuestras muchas indicaciones precisas!!

Una de nuestras indicaciones: Usted corta las citas de Marx y Engels de tal modo que se transmite incorrectamente el sentido o se permiten conclusiones inexactas. Usted responde sólo a este punto, ¿y cómo responde? Que «la continuación (de las citas) la conozco perfectamente». «Pero en los puntos dados tenían una opinión no sujeta a reinterpretación».

¡Y basta!! Esto sería cómico si no fuera triste. Nosotros precisamente señalamos con exactitud la «reinterpretación»; Usted, sin examinar el argumento, sin aportar ni una sola cita (¡si las he comparado a propósito; no en vano le escribí; comparé más de una cita!), se desentiende: 
«no sujeta a reinterpretación». La culpa está enteramente de su lado: en lugar de discutir las divergencias, Usted se desentiende.

Ni de «herejía» ni de «anarquismo» se le ha acusado a este respecto, sino que escribimos: «dejar madurar». Esto es «una gran diferencia». Usted no sólo no responde a nuestras indicaciones, sino que además tergiversa su significado. ¡Así no se puede!

«El artículo estuvo guardado mucho tiempo...» Esto ya es un reparo a posteriori. Nos carteamos con Gr. largo tiempo, pues nos distraían otros artículos. Usted aún no había fijado plazos, nadie podía saber de su posible partida. Es un reparo.

Acerca de la «expulsión» y de la polémica en tono no rompedor, debo decir que con Usted no he polemizado aún en la prensa, sino que me carteaba antes de la polémica y para evitarla. Es un hecho. Facts are stubborn things*. Con chismes no se puede desmentir un hecho. A P. Kíevski le respondo para la prensa (no a Usted, sino a P. Kíevski), y le damos una concesión que nunca hemos dado a nadie: le enviamos de antemano el artículo para su «aprobación». (Por desgracia, el copista ha enfermado a mitad del trabajo; por eso aún no hay artículo, y Usted, seguramente, no lo verá antes de marcharse; pero hay correo con América y P. Kíevski seguro se lo remitirá. Quitarle a este copista el encargo y dárselo a otro es imposible, pues está en otra ciudad; no hay otro a mano; él pasa necesidad, y es imposible quitarle un trabajo, por pequeño que sea, que ya se le había prometido.)

* — Los hechos son testarudos. — Red.