17 de junio de 1916.

¡Querido amigo! N. K. le escribe sobre otros asuntos, y yo contesto a su posdata dirigida a mí.

Usted escribe que «no hay malas intenciones en nuestra gente», y añade que para los de Kiev «el asunto versa únicamente sobre una cuestión nacional y los artículos los escriben ellos mismos».

Si así fuera, ¿a qué vendría entonces el párrafo de los estatutos sobre el derecho de discusión para los colaboradores a solicitud de dos (repare: ni siquiera tres, sino dos, es decir, desconfianza hacia Bujarin por parte de los japoneses)? En ese caso dicho párrafo estaría desprovisto de sentido. Y es cosa inaudita que dos redactores de entre 6 o 7 exijan «libertad» de discusión (supuestamente discusión) no para sí mismos, sino para los colaboradores.

No. La japonesa no puede introducir en los estatutos párrafos desprovistos de sentido. El sentido de ese párrafo es precisamente, y sólo, el de que se nos atan las manos, quedamos impotentes frente a las aspiraciones de los polacos de provocar una escaramuza.

* Véase el presente tomo, pág. 250. (N. de la Red.)

Usted escribe que no ha visto la «Gazeta Robotnicza» (a usted debían haberle enviado tanto ella como la resolución del KZO, aprobada con la participación de Grigori; ahora mismo escribo a él y a Zina para que se la envíen de inmediato). Usted escribe al mismo tiempo que por eso «no sabe de qué se trata».

Y al mismo tiempo, de algún modo añade: «yo sé, siento que usted se ha enfriado respecto a Rádek y Cía.»

Convenga en que esto es un tanto extraño. Pues mis temores respecto a una escaramuza por parte de Rádek y Cía., mi seguridad al respecto proviene precisamente de hechos relacionados con el «Vorbote» (ya le escribí)*. Eso es lo primero. Y lo segundo y principal: precisamente de la «Gazeta Robotnicza».

* Véase el presente tomo, págs. 234-235. (N. de la Red.)

En este periódico, justamente Rádek y Cía. iniciaron una escaramuza contra nosotros, ¡cuando nosotros no habíamos escrito ni una sola línea en ningún sitio contra ellos! ¡¡318 Pues es un hecho. No se pueden ignorar los hechos. En la «Gazeta Robotnicza» ha empezado el viejo «juego» (expresión de la resolución del KZO) en torno a nuestra escisión con Chjeidze y Cía., un juego al estilo de Tyszka, envejecido, conocido desde hace mucho tiempo.

¿Qué hacer? O permitir que este juego no sólo crezca sin obstáculos, sino que también se infiltre en nuestra revista. ¡Precisamente a eso conduce el párrafo de los estatutos en el proyecto de la japonesa!

Esto significaría una guerra irremediable y definitiva con Rádek y Cía.

Usted escribe como en contra mía que «no nos conviene reñir con la izquierda de Zimmerwald».

Yo respondo: precisamente para no reñir definitivamente con Rádek y Cía. (y a través de ellos también con otros, en el peor de los casos), precisamente para eso hay que hacer imposible el «juego» y la escaramuza en nuestra revista.

He ahí por qué me niego a ir junto con los «colaboradores» que discuten, me niego a ir a «Komunist».

Una de dos: si se acepta restablecer «Komunist», eso significa abrir el camino al desarrollo de esta escaramuza, abrirle nosotros mismos las puertas. Es una política insensata, a mi juicio. ¿La comprende enteramente la japonesa? No lo sé, y además no tiene importancia: la «mecánica» de las relaciones en el extranjero llevaría por sí misma a eso, independientemente de la malicia o de la angelical bondad y pureza de intenciones de la japonesa.

Otra perspectiva: no restablecer «Komunist». Editar otra recopilación. Dar la discusión a los redactores. Analizar la cuestión nacional. Rechazar el juego y la intriga de la «Gazeta Robotnicza».

Rádek o sus amigos atacaron en la «Gazeta Robotnicza». Nosotros respondimos en nuestra recopilación 319, sólo en la nuestra, obsérvese, no en una común con las izquierdas de Zimmerwald de otros países.

El asunto está concluido.

Las izquierdas de Zimmerwald, con las cuales Rádek en Kienthal intentó sin éxito enemistarnos (ante Platten y otros quiso privarnos de la igualdad en la comisión principal de las izquierdas: y las izquierdas no se lo permitieron) — estas izquierdas de Zimmerwald no tienen nada que ver en la lucha entre la «Gazeta Robotnicza» y la «Recopilación del Socialdemócrata».

Las izquierdas de Zimmerwald no pueden inmiscuirse en esta lucha, no pueden ofenderse ni quejarse: Rádek y Cía. atacaron primero en la «Gazeta Robotnicza», se les respondió en la «Recopilación del Socialdemócrata» (o en otra recopilación). Ningún empeño de Rádek y Cía., en este estado de cosas, es capaz, absolutamente incapaz de enemistarnos con las izquierdas de Zimmerwald (así como en Kienthal Rádek no logró enemistarnos, aunque lo intentó, ni con Platten ni con el alemán de izquierda).

Mientras Rádek y Cía. contestan en el próximo número de la «Gazeta Robotnicza» y nosotros en otra recopilación (insisto absolutamente en los acuerdos de recopilación a recopilación), pasará no poco tiempo.

Y durante todo ese tiempo, con este planteamiento del asunto, la innoble salida de Rádek y Cía. en la «Gazeta Robotnicza» no podrá enemistarnos con las izquierdas.

He ahí por qué he dicho y digo que por nada del mundo iré ahora ni a «Komunist», ni a la igualdad con la japonesa, ni en general junto con Rádek a nuestra recopilación, pues estoy convencido de que eso significa hacer inevitable la riña con las izquierdas.

Si sacamos «Komunist» núm. 3, entonces Rádek, Bronski y Pannekoek (y el público amplio) tienen derecho a esperar y esperarán la continuación de lo mismo, tienen derecho a esperar y esperarán algún tipo de garantías para los colaboradores, tienen derecho, finalmente (y esto es especialmente importante), a ofenderse e inmiscuirse, si nosotros aquí respondemos a las infamias de la «Gazeta Robotnicza». Aquí están abiertas de par en par las puertas a la escaramuza.

Aquí Rádek y Cía. con toda seguridad nos enemistarán con las izquierdas, pues aunque sea Pannekoek tiene el santísimo derecho de decir: yo no entré en un «Komunist» así, yo no quiero que «ataquen» a la «Gazeta Robotnicza» (él presentará la defensa como ataque: bien sabe usted cómo se hace esto).

Aquí Rádek y Cía. tienen derecho a publicar cualquier carta al público tanto en ruso como en alemán, tienen derecho a decir: «Komunist» era de hecho (es un hecho) un órgano común de ustedes + Pannekoek + Rádek + Bronski, y en él ustedes «ofenden» a la «Gazeta Robotnicza», ustedes empiezan a escindir a la izquierda, etc., etc. (como ya dijo en Kienthal, nótese esto: ya puso en marcha esa estrategia en Kienthal).

¡Y ante todas las izquierdas la culpa recae sobre nosotros!! Nos hemos dejado enemistar con las izquierdas, hemos caído en la trampa de Tyszka. He ahí a qué conduce la continuación de «Komunist», he ahí por qué me niego a ir allí.

Al contrario, repito, si nosotros en una recopilación especial, nueva, sin Pannekoek, Rádek, Bronski respondemos a la «Gazeta Robotnicza», respondemos a Bujarin y a quien sea, eso no atañe en absoluto a la izquierda de Zimmerwald, y ésta no puede ni inmiscuirse ni ofenderse. Rádek no puede «quejarse» ni ante Pannekoek ni ante los alemanes de que la «Recopilación del Socialdemócrata» haya contestado a la «Gazeta Robotnicza».

Y a esto se añade la cuestión del derrotismo. Lo mismo.

Y a esto se añade la cuestión de la fracción de Chjeidze. Lo mismo.

Porque en eso jugaba la «Gazeta Robotnicza».

Si la japonesa no tiene «malas intenciones», no puede rehusar un acuerdo sobre una recopilación (sin Rádek y los demás), a la vez que concedemos la discusión con los japoneses y Bujarin. Estamos de acuerdo también en trasladarla a un folleto especial (si así lo quiere Bujarin, que podrá entonces examinar de antemano mi «tono», sobre el cual ha expresado temores). Entonces se podrá separar la polémica con Bujarin del trabajo común con Bujarin.

Mis artículos y los de Grigori sobre el derrotismo, la autodeterminación, la infamia de la «Gazeta Robotnicza», sobre Chjeidze, sobre la «autodefensa», etc., los suyos sobre los «comités de la industria de guerra», etc., los de Varia, Safárov (los extranjeros no pueden entrar en esta recopilación), etc., y lo que deseen de Bujarin y los japoneses.

He aquí el plan de acuerdo sobre una recopilación.

La japonesa no puede negarse, si no tiene malas intenciones.

No se puede insistir en «Komunist» si se ha desintegrado; es absurdo y ridículo arrastrarme a la fuerza a «Komunist»: no me arrastrarán.

Pero si la japonesa no acepta el acuerdo sobre una recopilación especial, entonces tiene malas intenciones o (que para el caso es lo mismo) su política conduce a una maliciosa escaramuza.

Y entonces nosotros solos sacamos la «Recopilación del Socialdemócrata».

Le estrecho fuertemente la mano. Suyo, Lenin

A Cristianía (Oslo)
En la revista

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Enviado desde Zúrich
Publicado por primera vez en 1929
en «Proletárskaya Revolutsia» núm. 7
Se imprime según el manuscrito