¡Querido Aleksandr! Ayer le escribí brevemente*. Hoy quiero conversar un poco más.

Las «condiciones» de los japoneses 312 me indignaron hasta lo más profundo del alma. ¡Conceder a dos redactores el derecho de iniciar una discusión con un colaborador! Ni siquiera a tres, sino a dos, lo que significa que los editores no «confían» en nadie más que en sí mismos.

El sentido de este punto es claro: el deseo de escudarse detrás de Rádek y de avivar nuestras divergencias con él y con el P.S.D. 313. Esto no es una discusión, sino la cúspide de la intriga, la cúspide de la bajeza. ¡Es exactamente como si en París nos «impusieran» una discusión con Rappoport, o con Leva, o con Víktorenok, o con Bogdánov en 1911! Le escribí que la «Gazeta Robótnicza» polaca (febrero de 1916) arremete contra nosotros exactamente igual que aquellos parisienses de entonces.

De ninguna manera entraré en una redacción con semejante intriga que se escuda tras una discusión. ¿Quieren contribuir a descomponer nuestro partido, señores japoneses? Háganlo bajo su propia responsabilidad. Tienen las arcas llenas. Publiquen ustedes mismos la «discusión» de Rádek o de la «Gazeta Robótnicza»: entonces los obreros rusos verán de inmediato que son unos intrigantes y los echarán. Pero ustedes quieren llevar a cabo esta vileza bajo el manto de una «redacción colectiva». Disculpen, no participaré en eso y los desenmascararé. Esta es mi respuesta a los japoneses al respecto.

Lo mismo respecto a la «igualdad de derechos» (la exclusión del séptimo o su voto) 314. Es la continuación del viejo «juego». ¡¿Qué tiene que ver aquí el espíritu de partido: vamos a conceder «igualdad de derechos» a personas que se han manifestado negativamente?! ¿Con qué motivo? ¡Igualdad de derechos = derecho a estropear el trabajo! ¿En nombre de qué? ¿Para qué? ¿Para eternizar la trifulca?

No, si quieren hacer una nueva experiencia, tomemos una nueva revista, mejor dicho, un recopilador, e intentemos (la vieja confianza está minada) sacar un recopilador con una redacción de siete. Hagamos la experiencia: es el máximo de concesión que en conciencia puedo hacer. Si la experiencia fracasa, los señores intrigantes y capitalistas no pierden nada, pues la «bolsa» siempre se les puede retirar. Y entonces nosotros sacaremos nuestro propio recopilador. Sencillo. Claro. Sin trifulcas.

Le estrecho fuertemente la mano y le ruego que tenga paciencia.

Suyo, Lenin

a Cristianía (Oslo)  
a la revista

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* Véase el presente tomo, pág. 241. (N. de la Red.)

Escrito después del 4 de junio de 1916.  
Enviado desde Zúrich.  
Publicado por primera vez en 1929 en «Proletárskaia Revoliútsia» n.º 7.  
Se publica según el manuscrito.