¡Querido Grigori!

No deseo convertir nuestra correspondencia en escaramuzas. La cuestión es seria y, aunque ya he hablado de ella más de una vez, la repito por necesidad.

Después de más de medio año de trabajo con los «editores» (de Kiev) y varios meses de reflexionar a fondo sobre esa experiencia, la redacción del OC les escribió en invierno de 1915 una carta que también firmó usted. En esa carta, la redacción del OC declaró que renunciaba a participar en «El Comunista» en virtud de toda una serie de consideraciones expuestas con gran detalle, que ocuparon mucho espacio en nuestra misiva y que se reducían a que no podemos asumir la responsabilidad partidaria por semejantes coeditores, a que su actitud hacia la causa no es de partido y a que hay que considerar fracasado el intento temporal de ponernos de acuerdo.

Decidimos editar la «Compilación de ‘El Socialdemócrata’».

Luego le sobrevinieron a usted vacilaciones, que condujeron a nuestra última conversación en Kienthal. Le hice concesiones, accediendo al intento de restablecer las relaciones sobre las condiciones de (1) un acuerdo de la redacción del OC con los editores de número a número; (2) la renuncia por su parte a la posición de grupo de carácter «imperialista-económico» y a su «juego» con las divergencias con Radek, etc.

Estas condiciones no se dejaron por escrito y usted las rebate ahora. Pero esta discusión ha dejado de ser importante después de que usted mismo expuso por escrito, en el proyecto de carta a A., sus condiciones, ¡y los editores ni siquiera aceptaron esas condiciones! (¡y usted me aseguraba que el asunto estaba decidido, que no insistirían en la igualdad de derechos!).

El hecho es, por lo tanto, que incluso si después de nuestro encuentro en Kienthal aceptásemos su «interpretación», es decir, que yo planteé condiciones mayores que las suyas, también sus condiciones, menores, han sido rechazadas por los editores.

Es evidente que su deber directo e incondicional era después de esto atacar con todas las fuerzas a los editores, romper definitivamente con ellos y hacer todos los esfuerzos posibles para demostrar a Alexandr la imposibilidad de tratar con esos señores como redactores de una revista dirigente.

¡En lugar de ello, usted propone rendirse ante ellos, renunciar a toda condición, retirar la carta firmada por usted mismo en nombre de la redacción del OC! ¡Y esto bajo el pretexto de que «no merecen ser tomados en serio»: en realidad usted propone que su política no sea tomada en serio, usted reduce la carta de la redacción a sabe Dios qué, reniega de sí mismo y da derecho a los editores a sacar la conclusión de que la redacción del OC actuó de manera despótica!

Esto ya no son solo vacilaciones, son vacilaciones al cubo que se convierten en algo mucho peor.

Solo me queda repetir por última vez por qué no voy a «El Comunista», considero esto antipartidario y perjudicial, por qué me mantengo en la posición de la carta de la redacción del OC sobre la ruptura con los editores.

Con los editores concertamos una «federación» temporal, denominándolo así y estipulando de manera absolutamente clara su carácter temporal, «a título de ensayo». Cuando concertamos esta alianza temporal, los editores se pronunciaron contra las vacilaciones de Bujarin (en la conferencia de Berna, en marzo de 1915…), y no había ni un solo hecho que indicara la cohesión de este grupo de tres (editores + Bujarin) con puntos de vista particulares.

Después del primer número de la revista, tal cohesión se produjo entre ellos, y cuando yo, tras una larga correspondencia preliminar, denominé su tendencia «economismo imperialista», usted me escribió que estaba de acuerdo. Esto fue en marzo de 1916. Con ello se confirmaba una vez más la detalladísima carta de invierno de la redacción del OC.

La situación partidaria —e internacional— es ahora tal que el CC debe seguir avanzando de forma independiente, sin atarse las manos ni en los asuntos rusos ni en los internacionales. Los «editores», que no valen nada como publicistas ni como políticos (cosa que se vio obligada a reconocer la redacción del OC en la carta de invierno), quieren atarnos con un acuerdo de igualdad de derechos, es decir, debemos aceptar conceder igualdad de derechos a una dama que no ha escrito ni una sola línea ni entiende absolutamente nada, y a un «joven» que se halla por completo bajo su influencia. ¡Y ellos utilizarán esta igualdad de derechos para jugar con nuestras divergencias con Radek, con Bujarin, etc.!

Es simplemente una locura aceptar la igualdad de derechos en tales condiciones, significa echar a perder todo el trabajo.

No es cierto que quieran «solo la discusión». Para la discusión tienen todas las posibilidades. Tienen dinero. Ha pasado casi un año. ¿Por qué no escriben ni editan folletos de discusión? ¡Porque no quieren asumir la responsabilidad ellos mismos! Está claro. Y en eso consiste la burla a la condición de partido, pues quien declara divergencias debe reflexionar el asunto, intervenir abiertamente, asumir la responsabilidad, y no «jugar» ni pretender la «igualdad de derechos», cuando el partido ni siquiera conoce su posición (y cuando no tienen posición).

Es un hecho que Bujarin tropieza a cada paso en las concepciones que expuso por escrito en marzo de 1915 (en la conferencia) y que usted también rechazó. Usted reconoció este hecho, al estar de acuerdo en marzo de 1916 (un año después) con mi valoración del «economismo imperialista».

¡Al conceder «igualdad de derechos», usted concede ante el partido esa misma igualdad a las vacilaciones de Bujarin! Nos ata las manos y alienta esas vacilaciones. Es una política descabellada.

Sabe usted que Radek, en primer lugar, se «ofendió» tanto (por el hecho de que insistimos en incluir nuestras tesis en la revista de Pannekoek…) que, como usted mismo me escribió en marzo de 1916, ¡no lleva a cabo con usted «ningún trabajo colegiado»! Y las divergencias con él no han desaparecido; al contrario, usted mismo concordaba conmigo en que su valoración de la insurrección irlandesa es una trivialidad. ¡Y usted propone otorgar «igualdad de derechos» a los editores, que se escudan tras Radek, jugando (¡por 2.000 francos!) con nuestras divergencias con él! ! Es una política descabellada.

En segundo lugar, una cosa es Radek, y otra la redacción de su periódico («Gazeta Robotnicza»). Que este periódico también ha estado jugando (con la fracción de Chjeidze, Trotski, etc.) es algo que usted mismo ha reconocido. Recuerde que este periódico salió en febrero de 1916 y que con su participación se elaboró una carta del Comité de las Organizaciones en el Extranjero contra dicho periódico. ¿Es acaso una política seria si ahora en nuestra revista dirigente concedemos «igualdad de derechos» a personas que desean hacer carrera «aprovechándose» de nuestra lucha contra los polacos que nos traicionaron ante Vandervelde y Kautsky el 3/16 de julio de 1914?

En tercer lugar, usted sabe que en Kienthal Radek quiso imponernos su mayoría entre la izquierda, en la conferencia de la izquierda, valiéndose de Frölich, Robmann y otros por el estilo, y que fue necesario un ultimátum para obligarle a reconocer la independencia de nuestro CC. ¡Qué otro «juego» pueden desplegar estas personas cuando se plantee la cuestión de la actitud ante Junius (cuestión ya planteada) o de la «escisión mecánica» de los kautskianos, etc.! ¿Garantiza usted que ninguno? Si es así, ello equivaldría por parte de usted a renunciar a toda nuestra política. Si no, es una locura atarse las manos después de esto en la redacción de nuestra revista dirigente.

De ningún modo acepto esa política descabellada. Es mi decisión definitiva. Sigo pensando que la edición de la «Compilación de ‘El Socialdemócrata’» es lo único que desenreda el asunto (que usted quiere enredar sin remedio). La «Compilación de ‘El Socialdemócrata’» agrupa en torno a nosotros a una serie de colaboradores utilísimos (Varin, Safárov, los letones, etc.), arranca a Bujarin de los editores y lo acerca a nosotros, nos da la posibilidad de dirigir al partido (y a la izquierda internacional), en vez de ir a remolque de… la madame editora.

Escríbame con exactitud acerca de su decisión. Formalmente, la situación ahora es que la redacción del OC ha roto con «El Comunista» y su último intento (incluso sus condiciones menores) ha sido rechazado. Por lo tanto, hay que publicar el cese de «El Comunista» y la aparición de la «Compilación de ‘El Socialdemócrata’».

Le estrecho la mano y le envío un ¡salud!

V. U.

Enviada de Zúrich a Berna