Tomando en consideración,

(1) que *El Comunista* fue fundado — de manera temporal y a modo de experimento — por una redacción constituida federalmente, cuando no se había manifestado ni una sola divergencia entre la redacción del Órgano Central y el resto del equipo de redacción como conjunto, sobre ninguna cuestión esencial;

(2) que después de los números 1-2 de *El Comunista*, tres miembros de la redacción plantearon tales divergencias en las tesis sobre el problema de la autodeterminación que suscribieron;

(3) que el intercambio de opiniones sobre esta cuestión puso de manifiesto la profundidad de la discrepancia en relación con la valoración del papel de las reivindicaciones democráticas y del programa mínimo en general; —

— el Comité Central resuelve: reconocer la imposibilidad de continuar la revista *El Comunista* y declarar que esta publicación cesa. —

A continuación. Con el fin de ampliar la discusión sobre las cuestiones controvertidas y de lograr su esclarecimiento ante un círculo más amplio de camaradas dirigentes, el Comité Central resuelve:

pedir a los tres camaradas que suscribieron las tesis

que redacten una exposición motivada de sus divergencias con la redacción del Órgano Central.

Dicha exposición, junto con la respuesta de la redacción del Órgano Central, será comunicada a un círculo más amplio de trabajadores dirigentes del partido para la resolución definitiva de la cuestión de si es deseable y necesario el traslado de la discusión abierta a la prensa{108}.

Lamento mucho que usted esté alargando un asunto “harto fastidioso”. Repito — yo también estoy harto de repetirlo —, que me veo obligado a renunciar a participar en *El Comunista*.

Su plan carece de principios y enreda aún más la confusión. Si no hay divergencias profundas de principio, entonces la remisión al Comité Central es una calumnia o una intriga, y cualquier “ruso” lo desenmascarará a usted.

Si las hay, hay que decirlo: la gente empezó a embrollar sin piedad después de los números 1-2; declinamos toda responsabilidad; consideramos nuestro deber no alentar, sino desenmascarar.

Para la *Recopilación de “El Socialdemócrata”* tenemos, además de una serie de nuestros artículos[64], a Varin + Alexandr + correspondencias + el acta de acusación (aún no la he recibido) + Safarov + el letón + Kollontai (probablemente).

A los japoneses{109} invitarles solo para ponerles en ridículo. A Bujarin: solo encargarle alguna cuestión económica.

A Radek no invitarle (su artículo es legal y nada importante ahora en esa forma). Habrá que luchar contra sus tesis.

Esta es mi opinión. *El Comunista* es un cadáver, y yo no participo en su resurrección.

A Alexandr (y a los obreros rusos en el Buró) hay que plantearles la cuestión en principio: nosotros no incorporamos a la redacción a personas que embrollan sin piedad y que no quieren aprender, que no quieren ni siquiera trabajar en la exposición de sus opiniones. Quieren lanzarnos contra el P. S. D., eso está claro, y esconderse ellos en un rinconcito.

*El Comunista* respondió a la tarea de aquel momento: cohesionar a todos contra el socialchovinismo y el kautskismo.

Ahora la tarea es otra: en el orden del día está la lucha contra el “economismo imperialista”.

P. S. ¿Por qué no contestaron si enviaron a Sujánov a Ginebra? Envío materiales para Grimm.

Con las traducciones de las tesis no resultó.

Escrito en marzo, después del 28 (10 de abril), 1916.

Se publica por primera vez, según el manuscrito