Uno de los problemas más importantes planteados en el orden del día de la segunda conferencia internacional de los «zimmerwaldianos»{99} es el problema de la «programa de paz» socialdemócrata. Para introducir de inmediato al lector en la verdadera esencia de este problema, citemos la declaración de Kautsky, el más autorizado representante de la II Internacional y el más autorizado defensor de los socialchovinistas de todos los países.

«La Internacional no es un instrumento adecuado en tiempo de guerra; es, en esencia, un instrumento de paz... La lucha por la paz, la lucha de clases en tiempo de paz» (*Die Neue Zeit*, 27.XI.1914). «Todos los programas de paz que se han formulado hasta ahora en el seno de la Internacional, el de Copenhague, el de Londres, el de Viena, todos exigen el reconocimiento de la independencia de las naciones, y con toda justicia. Esta exigencia debe ser nuestra brújula en la guerra actual» (Ibíd., 21.V.1915).

En estas pocas palabras queda magníficamente expresado el «programa» de unión internacional y de conciliación de los socialchovinistas. Todo el mundo sabe que en Viena se reunieron los amigos y partidarios de Südekum, actuando plenamente en su espíritu, defendiendo el imperialismo alemán bajo la apariencia de la «defensa de la patria»{100}. Y en Londres se reunieron los Südekum franceses, ingleses y rusos, defendiendo a «su» imperialismo nacional con el mismo pretexto. La política real de los héroes del socialchovinismo londinenses y vieneses consiste en justificar la participación en la guerra imperialista, en justificar que los obreros franceses maten a los alemanes y viceversa, por la cuestión de qué burguesía nacional debe tener ventaja en el saqueo de los países extranjeros. Y para encubrir esta política real, para engañar a los obreros, a los héroes de Londres y de Viena les sirve la frase de que «reconocemos» la «independencia de las naciones» o, en otras palabras, reconocemos la autodeterminación de las naciones, rechazamos las anexiones, ¡y todo lo demás!

Es claro como el día que este «reconocimiento» es una mentira flagrante, una hipocresía abyecta, pues se justifica la participación en una guerra que por ambas partes sirve al sojuzgamiento de las naciones y no a su independencia. Y he aquí que el autorizado Kautsky, en vez de desenmascarar, denunciar, estigmatizar la hipocresía, la santifica. ¡¡¡La aspiración unánime de los chovinistas, traidores al socialismo, de engañar a los obreros sirve para Kautsky de prueba de la «unanimidad» y de la vitalidad de la Internacional en el problema de la paz!!! Kautsky transforma la hipocresía nacional, grosera, visible, que salta a la vista, evidente para los obreros, en hipocresía internacional, sutil, encubierta, que ciega a los obreros. La política kautskiana es cien veces más perjudicial y peligrosa para el movimiento obrero que la de Südekum, la hipocresía kautskiana es cien veces más repugnante.

Y no se trata en absoluto de un solo Kautsky, pues una política semejante, en esencia, la practican Aksélrod, Mártov, Chjeidze en Rusia, Longuet y Presseman en Francia, Treves en Italia, etc. El significado objetivo de esta política consiste en servir de apoyo a la mentira burguesa entre la clase obrera, en introducir las ideas burguesas en el proletariado. Que Südekum, por una parte, y Plejánov, por otra, se limitan a repetir la mentira burguesa de los capitalistas de «su» nación, es evidente, pero no es tan evidente que Kautsky santifique esa misma mentira y la eleve a la «verdad superior» de la Internacional «unánime». Y a la burguesía le conviene precisamente que los obreros consideren a los Südekum y a los Plejánov como «socialistas» autorizados, unánimes, sólo temporalmente discrepantes. A la burguesía le conviene precisamente que, con frases hipócritas sobre la paz, frases vacías, que a nada obligan, se aparte a los obreros de la lucha revolucionaria durante la guerra, se los adormezca, se los consuele con la esperanza de una «paz sin anexiones», una paz democrática, etc., etc.

Huysmans no ha hecho más que popularizar el programa de paz kautskiano, añadiendo: tribunales de arbitraje, democratización de la política exterior, etc. Pues bien, el primer punto fundamental del programa socialista de paz debe ser el desenmascaramiento de la hipocresía del programa de paz kautskiano, que consiste en reforzar la influencia burguesa sobre el proletariado.

Recordemos los conceptos fundamentales de la doctrina socialista, tergiversados por los kautskianos. La guerra es la continuación por medios violentos de la política que las clases dominantes de las potencias beligerantes venían practicando mucho antes de la guerra. La paz es la continuación de la misma política, con el registro de las modificaciones en las relaciones de fuerzas entre los adversarios que han creado las acciones bélicas. La guerra por sí misma no cambia la dirección en que se desarrollaba la política antes de la guerra, sino que acelera ese desarrollo.

La guerra de 1870-1871 fue la continuación de la política burguesa-progresista (que se arrastró durante decenios) de liberación y unificación de Alemania. La derrota de Napoleón III y su derrocamiento aceleraron esa liberación. El programa de paz de los socialistas de aquella época respondía a este resultado burgués-progresista, era un apoyo a la burguesía democrática: no despojar a Francia, una paz honrosa con la república.

Observad qué payasada es el intento de «repetir» servilmente este ejemplo en las condiciones de la guerra imperialista de 1914-1916. Esta guerra continúa la política de la burguesía sobremadura, reaccionaria, que saqueaba el mundo, se apoderaba de colonias, etc. Esta guerra, sobre la base de las relaciones burguesas, no puede, en virtud de la situación objetiva no puede, conducir a ningún «progreso» democrático, sino sólo a la intensificación y ampliación de toda opresión en general, y de la nacional en particular, y esto con cualquier desenlace de la guerra.

Aquella guerra aceleró el desarrollo en dirección democrática, burguesa-progresista: derrocamiento de Napoleón III, unificación de Alemania. Esta guerra acelera el desarrollo sólo hacia la revolución socialista. Entonces el programa de paz democrática (burguesa) tenía bajo sí una base histórica objetiva. Ahora esa base no existe, y la fraseología sobre la paz democrática es una mentira burguesa, cuyo significado objetivo consiste en apartar a los obreros de la lucha revolucionaria por el socialismo. Entonces, con el programa de paz democrática, los socialistas apoyaban un movimiento democrático-burgués de masas profundo, que se manifestaba desde hacía decenios (hacia el derrocamiento de Napoleón III, hacia la unificación de Alemania). Ahora, con el programa de paz democrática, sobre la base de las relaciones burguesas, los socialistas apoyan el engaño al pueblo por la burguesía, que quiere apartar al proletariado de la revolución socialista.

Así como las frases sobre la «defensa de la patria» introducen falsamente en las masas la ideología de la guerra de liberación nacional, así las frases sobre la paz democrática introducen por un camino indirecto la misma mentira burguesa.

«Entonces, vosotros no tenéis ningún programa de paz; entonces, vosotros estáis contra las reivindicaciones democráticas» — objetan los kautskianos, especulando con que las personas poco atentas no notarán la sustitución que encierra esta objeción de las tareas socialistas existentes por tareas democrático-burguesas inexistentes.

¡Oh, no, señores! — respondemos nosotros a los kautskianos. — Nosotros estamos por las reivindicaciones democráticas, nosotros solos luchamos por ellas sin hipocresía, porque la situación histórica objetiva no permite plantearlas fuera de la vinculación con la revolución socialista. Tomad como ejemplo esa «brújula» que sirve a Kautsky y Cía. para el engaño burgués de los obreros.

Südekum y Plejánov son «unánimes» en el «programa de paz»: ¡contra las anexiones! ¡por la independencia de las naciones! Y fijaos: Südekum tiene razón cuando dice que la actitud de Rusia hacia Polonia, Finlandia, etc., es una actitud anexionista. También tiene razón Plejánov al decir que la actitud de Alemania hacia Alsacia-Lorena, Serbia, Bélgica, etc., es la misma. Ambos tienen razón, ¿no es verdad? ¡¡¡Y Kautsky «concilia» a Südekum el alemán con Südekum el ruso!!!

Pero cualquier obrero inteligente ve inmediatamente que tanto Kautsky como los dos Südekum son unos hipócritas. Esto está claro. Para ser socialista, no hay que resignarse al democratismo hipócrita, sino desenmascararlo. ¿Cómo desenmascararlo? Muy sencillo: el «reconocimiento» de la independencia de las naciones puede considerarse no hipócrita sólo cuando el representante de la nación opresora, tanto antes de la guerra como durante ella, exija la libertad de separación de la nación oprimida por su propia «patria».

Sólo esta exigencia corresponde al marxismo. Marx la planteaba, partiendo de los intereses del proletariado británico, al exigir la libertad de Irlanda, admitiendo además la probabilidad de una federación después de la separación, es decir, exigiendo la libertad de separación no en aras de la desmembración y el aislamiento, sino en aras de una vinculación más sólida y más democrática. En todos los casos en que hay naciones oprimidas y opresoras, cuando no se dan circunstancias especiales que distinguen a las naciones democrático-revolucionarias de las reaccionarias (tales circunstancias se daban, por ejemplo, en la década de 1840), la política de Marx respecto a Irlanda debe convertirse en modelo de la política proletaria. Y la época del imperialismo es precisamente aquella en que es esencial y típica la división de las naciones en opresoras y oprimidas, y la distinción entre naciones reaccionarias y revolucionarias en Europa es completamente imposible.

Nuestro partido ya en 1913 planteó, en una resolución sobre el problema nacional, la obligatoriedad para los socialdemócratas de aplicar el concepto de autodeterminación en el sentido aquí indicado. Y la guerra de 1914-1916 nos ha confirmado plenamente.

Tomad el último artículo de Kautsky en *Die Neue Zeit* del 3. III. 1916. Declara directamente su coincidencia con el declarado y extremo chovinista alemán en Austria, Austerlitz, redactor del chovinista periódico vienés «Rabóchaya Gazeta»{101}, coincidencia en que no se debe «confundir la independencia de la nación con su soberanía». En otras palabras: ¡que las naciones oprimidas se contenten con la autonomía nacional dentro del «Estado de nacionalidades», no hace falta exigir para ellas el derecho igual a la independencia política. Y al mismo tiempo, en el mismo artículo, Kautsky afirma que no se puede demostrar que «la pertenencia al Estado ruso sea una necesidad para los polacos»!!!

¿Qué significa esto? ¡Significa que, para complacer a Hindenburg, Südekum, Austerlitz y Cía., Kautsky reconoce la libertad de separación de Polonia respecto a Rusia, aunque Rusia es un «Estado de nacionalidades», pero calla sobre la libertad de separación de los polacos respecto a Alemania! En el mismo artículo, Kautsky declara que los socialistas franceses han retrocedido del internacionalismo, basándose en que quieren conseguir con la guerra la libertad de Alsacia-Lorena. ¡Sobre el hecho de que los alemanes Südekum y Cía. retroceden del internacionalismo al negarse a exigir la libertad de separación de Alsacia-Lorena de Alemania, Kautsky calla!

La palabrita «Estado de nacionalidades» — palabrita que puede aplicarse también a Inglaterra, pensando en Irlanda, y a Alemania, pensando en Polonia, Alsacia, etc. — la utiliza Kautsky para una defensa manifiesta del socialchovinismo. Kautsky ha convertido la «lucha contra las anexiones» en un «programa de paz»... con los chovinistas, en una hipocresía flagrante. Y en ese mismo artículo, Kautsky repite los dulces discursos de Judas: «La Internacional nunca ha dejado de exigir el consentimiento de la población interesada en las modificaciones de las fronteras estatales». ¿No está claro que Südekum y Cía. exigen el «consentimiento» de los alsacianos y belgas para su anexión a Alemania, y Austerlitz y Cía. exigen el «consentimiento» de los polacos y serbios para su anexión a Austria?

¿Y el kautskiano ruso Mártov? Él fue al periódico de los gvózdevistas «Nash Golos» (Samara) a demostrar aquella verdad indiscutible de que de la autodeterminación de las naciones aún no se deduce la defensa de la patria en la guerra imperialista. Pero sobre el hecho de que el socialdemócrata ruso traiciona el principio de autodeterminación si no exige la libertad de separación de las naciones oprimidas por los grandes rusos, Mártov calla, ¡con lo cual tiende la mano para la paz a Aleksínski, Gvózdev, Potrésov y Plejánov! ¡Sobre esto calla Mártov también en la prensa ilegal! Discute con el holandés Gorter, aunque Gorter, negando incorrectamente el principio de autodeterminación de las naciones, lo aplica correctamente, exigiendo la independencia política de las Indias Holandesas y desenmascarando como traición al socialismo a los oportunistas holandeses que no están de acuerdo con esto. ¡Pero Mártov no quiere discutir con su cosecretario Semkovski, quien en los años 1912-1915 fue el único que intervino sobre este problema en la prensa liquidacionista y negó el derecho a la separación, negó en general la autodeterminación!

¿No está claro que Mártov «defiende» la autodeterminación tan hipócritamente como Kautsky? ¿Que también encubre su deseo de paz con los chovinistas?

¿Y Trotski? Se declara ardiente partidario de la autodeterminación, pero también en él es una frase vacía, pues no exige la libertad de separación de las naciones oprimidas por la «patria» del socialista nacional de que se trate; ¡calla sobre la hipocresía de Kautsky y los kautskianos!

Semejante «lucha contra las anexiones» es un engaño a los obreros, y no una explicación del programa socialdemócrata; es una evasiva verbal, y no una indicación concreta del deber de los internacionalistas; es una concesión a los prejuicios del nacionalismo y a sus intereses egoístas (¡«nosotros» todos, tanto la burguesía como los socialchovinistas, obtenemos «ventajas» de la opresión de una nación por «nuestra» patria!), y no una lucha contra el nacionalismo.

La «programa de paz» de la socialdemocracia debe consistir, ante todo, en desenmascarar la hipocresía de las frases burguesas, socialchovinistas y kautskianas sobre la paz. Esto es lo primero y principal. Sin esto somos — voluntaria o involuntariamente — cómplices del engaño a las masas. Nuestra «programa de paz» exige que el punto principal de la democracia en este problema — la negación de las anexiones — se aplique de hecho y no de palabra, sirva a la propaganda internacionalista y no a la hipocresía nacional. Para ello es necesario explicar a las masas que la negación de las anexiones, es decir, el reconocimiento de la autodeterminación, sólo es sincero cuando el socialista de cada nación exige la libertad de separación de las naciones oprimidas por su nación. — Como consigna positiva, que arrastre a las masas a la lucha revolucionaria y explique la necesidad de medidas revolucionarias para la paz «democrática», debe plantearse la consigna: negativa al pago de las deudas del Estado.

Nuestra «programa de paz», por último, debe consistir en explicar que las potencias imperialistas y la burguesía imperialista no pueden dar una paz democrática. Esta debe ser buscada y conquistada — no atrás, en la utopía reaccionaria del capitalismo no imperialista o de la unión de naciones iguales en derechos bajo el capitalismo, — sino adelante, en la revolución socialista del proletariado. Ninguna reivindicación democrática fundamental puede ser realizada de manera medianamente amplia y sólida en los Estados imperialistas avanzados más que mediante batallas revolucionarias bajo la bandera del socialismo.

Y quien promete a los pueblos una paz «democrática», sin predicar al mismo tiempo la revolución socialista, negando la lucha por ella, la lucha ya durante la guerra, ése engaña al proletariado.

Escrito entre el 19 de febrero y el 7 de marzo (3 y 20 de marzo) de 1916.

Publicado el 25 de marzo de 1916 en el periódico «El Socialdemócrata» núm. 52.