«Una de las formas de embaucar a la clase obrera es el pacifismo y la abstracta prédica de la paz… La propaganda de la paz en el momento actual, si no va acompañada del llamamiento a la acción revolucionaria de las masas, no puede sino sembrar ilusiones, corromper al proletariado infundiéndole confianza en el humanitarismo de la burguesía y convertirlo en juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes». Así reza la resolución de Berna de nuestro partido (véase el núm. 40 de *Sotsial-Demokrat* y *El socialismo y la guerra*)[60].

Los numerosos adversarios de nuestro planteamiento del problema de la paz —que los hay entre la emigración rusa, no entre los obreros rusos— ni una sola vez se han tomado el trabajo de analizar estas tesis. Teóricamente irrefutables, hoy reciben una confirmación práctica particularmente evidente, precisamente en virtud del giro de los acontecimientos en nuestro país.

El periódico de los liquidacionistas legalistas de Petersburgo, *Rabóchee Utro*, apoyado ideológicamente por el Comité de Organización, adoptó, como es sabido, desde el primer número una posición socialchovinista, «defensista». Publicó los manifiestos «defensistas» de los socialchovinistas de Petersburgo y Moscú. En ambos manifiestos se expresa, entre otras cosas, la idea de una «paz sin anexiones», y el núm. 2 de *Rabóchee Utro*, poniendo especialmente de relieve esta consigna, la imprime en cursiva, la denomina «la línea que garantiza al país una salida del callejón sin salida». ¡He aquí, dirán, qué calumnia eso de que somos chovinistas; nosotros reconocemos plenamente la consigna más «democrática», incluso «auténticamente socialista» de «paz sin anexiones»!

No cabe duda de que a Nicolás el Sangriento le resulta ahora muy ventajoso que sus fieles súbditos enarbolen semejante consigna. El zarismo, apoyándose en los terratenientes y la burguesía, llevó sus tropas a saquear y esclavizar Galitzia (por no hablar del acuerdo sobre el reparto de Turquía, etc.). Las tropas de los imperialistas alemanes, igualmente rapaces, rechazaron a los bandidos rusos y los expulsaron no solo de Galitzia, sino también de la «Polonia rusa». (Y en aras de los intereses de ambas camarillas, yacen muertos en los campos de batalla cientos de miles de obreros y campesinos rusos y alemanes.) La consigna de «paz sin anexiones» resultó ser así un maravilloso «juguete en manos de la diplomacia secreta» del zarismo: he aquí que nosotros somos los ofendidos, nos han despojado, nos han arrebatado Polonia, ¡estamos contra las anexiones!

Hasta qué punto este papel de lacayos del zarismo les viene «al dedillo» a los socialchovinistas de *Rabóchee Utro* se aprecia en particular en el artículo del núm. 1: «La emigración polaca». «Los meses transcurridos de guerra —leemos en él— han engendrado en la conciencia de amplios sectores del pueblo polaco una profunda aspiración a la independencia». ¡Antes de la guerra, naturalmente, no existía! «En la conciencia social de amplios sectores de la democracia polaca ha triunfado la masa [evidente errata; debe leerse: la idea, el pensamiento, etc.] de la independencia nacional de Polonia»… «Ante la democracia rusa se alza con toda su plenitud, de modo ineludible, la cuestión polaca»… «Los liberales rusos» se niegan a dar respuestas simples a las malditas cuestiones «sobre la independencia de Polonia»…

¡Pues claro, Nicolás el Sangriento, Jvostov, Chelnokov, Miliukov y Cía. están plenamente a favor de la independencia de Polonia, con toda el alma a favor ahora, cuando esta consigna en la práctica significa la consigna de la victoria sobre Alemania, que arrebató Polonia a Rusia! Obsérvese que los creadores del «partido obrero stolipiniano»{89} se manifestaban antes de la guerra total y exclusivamente en contra de la consigna de la autodeterminación de las naciones, contra la libertad de separación de Polonia, enviando para este noble fin de defensa de la opresión zarista sobre Polonia al oportunista Semkovski. Ahora, cuando Polonia ha sido arrebatada a Rusia, ellos están por la «independencia» de Polonia (de Alemania, hecho que se silencia con modestia…).

¡No engañarán ustedes a los obreros conscientes de Rusia, señores socialchovinistas! Su consigna «octubrista»{90} del año 1925 de independencia de Polonia y de paz sin anexiones es, en realidad, lacayismo ante el zarismo, al que precisamente ahora, precisamente en febrero de 1916, le hace falta encubrir su guerra con frases de hermosos sentimientos sobre la «paz sin anexiones» (expulsar a Hindenburg de Polonia) y la independencia de Polonia (de Guillermo, pero dependiente de Nicolás II).

El socialdemócrata ruso que no haya olvidado su programa razona de otro modo. La democracia rusa, dirá, teniendo en cuenta ante todo y sobre todo a la democracia granrusa, pues solo ella gozó siempre en Rusia de libertad de idioma, esta democracia ha salido ganando indudablemente con que Rusia no oprima ahora a Polonia, no la mantenga por la fuerza. El proletariado ruso sale ganando indudablemente con no oprimir a uno de los pueblos al que ayer ayudaba a oprimir. La democracia alemana ha salido perdiendo indudablemente: mientras el proletariado alemán tolere la opresión de Polonia por Alemania, seguirá en una situación peor que la de un esclavo, en la situación de un lacayo que ayuda a mantener a otros en la esclavitud. Solo han salido ganando indudablemente los junkers y la burguesía de Alemania.

De aquí la conclusión: los socialdemócratas rusos deben desenmascarar el engaño al pueblo por parte del zarismo cuando hoy en Rusia se enarbolan las consignas de «paz sin anexiones» y de «independencia de Polonia», pues ambas consignas, en la situación dada, significan el afán de continuar la guerra y justifican dicho afán. Debemos decir: ¡ninguna guerra por Polonia! ¡El pueblo ruso no quiere volver a ser su opresor!

¿Y cómo ayudar a la liberación de Polonia de Alemania? ¿Acaso no debemos contribuir a ello? Claro que debemos, pero no apoyando la guerra imperialista de la Rusia zarista o aunque solo fuera burguesa, incluso de una Rusia burguesa republicana, sino apoyando al proletariado revolucionario de Alemania, apoyando a aquellos elementos del partido socialdemócrata alemán que luchan contra el partido obrero contrarrevolucionario de los Südekum, Kautsky y Cía. Kautsky ha demostrado bien recientemente su carácter contrarrevolucionario de modo particularmente palmario: el 26 de noviembre de 1915 calificó las manifestaciones callejeras de «aventura» (igual que Struve decía antes del 9 de enero de 1905 que en Rusia no había un pueblo revolucionario). ¡Y el 30 de noviembre de 1915 se manifestaron en Berlín 10.000 obreras!

Todos los que no quieran reconocer de manera hipócrita, no a lo Südekum, no a lo Plejánov, no a lo Kautsky, la libertad de los pueblos, el derecho de las naciones a la autodeterminación, deben estar en contra de la guerra por la opresión de Polonia; a favor de la libertad de separación de Rusia de aquellos pueblos a los que Rusia oprime ahora: Ucrania, Finlandia, etc. Todos los que no quieran ser de hecho socialchovinistas deben apoyar exclusivamente a aquellos elementos de los partidos socialistas de todos los países que laboran directa, inmediatamente, ahora mismo por la revolución proletaria dentro de su propio país.

¡No «paz sin anexiones», sino paz a las chozas, guerra a los palacios, paz al proletariado y a los trabajadores, guerra a la burguesía!

*Sotsial-Demokrat*, núm. 51, 29 de febrero de 1916.

Se publica según el texto del periódico *Sotsial-Demokrat*