¡Querido camarada! Su expulsión de Francia, señalada, por cierto, incluso con una protesta en el periódico chovinista «La Bataille»{79}, que, sin embargo, no quiso decir la verdad, a saber: que usted fue expulsado por su simpatía hacia la oposición, esta expulsión me ha recordado una y otra vez la dolorosa cuestión de la situación y las tareas de la oposición en Francia.

Vi en Zimmerwald a Bourderon y a Merrheim. Escuché sus informes y leí en los periódicos sobre su trabajo. No me cabe la menor duda de su sinceridad y de su abnegación a la causa del proletariado. Pero no por ello es menos evidente que su táctica es errónea. Ambos temen sobre todo la escisión. Ni un solo paso, ni una sola palabra que pudiera conducir a la escisión del Partido Socialista o de los sindicatos obreros en Francia, o a la escisión de la II Internacional, a la creación de la III Internacional: tal es la consigna tanto de Bourderon como de Merrheim.

Entretanto, la escisión del movimiento obrero y del socialismo en todo el mundo es un hecho. Existen dos tácticas y políticas irreconciliables de la clase obrera frente a la guerra. Cerrar los ojos ante esto es ridículo. Intentar conciliar lo inconciliable significa condenar todo su trabajo a la impotencia. En Alemania, incluso el diputado Otto Rühle, camarada de Liebknecht, ha reconocido abiertamente la inevitabilidad de la escisión del partido, pues la mayoría actual del mismo, las «cúpulas» oficiales del partido alemán, se han puesto del lado de la burguesía. Las objeciones esgrimidas contra Rühle y contra la escisión por los llamados representantes del «centro» o «pantano» (le marais), Kautsky y el «Vorwärts»{80}, consisten solo en mentira e hipocresía, por muy «bienintencionada» que sea esa hipocresía. Kautsky y el «Vorwärts» no pueden, y ni siquiera intentan, refutar el hecho de que la mayoría del partido alemán aplica de hecho la política de la burguesía. La unidad con semejante mayoría es perjudicial para la clase obrera. Tal unidad es la subordinación de la clase obrera a la burguesía de «su» nación, es la escisión de la clase obrera internacional. Y de hecho, Rühle tiene razón: en Alemania hay dos partidos. Uno, el oficial, aplica la política de la burguesía. El otro, la minoría, edita proclamas ilegales, organiza manifestaciones, etc. En todo el mundo se repite el mismo cuadro, y los diplomáticos impotentes o el «pantano», como Kautsky en Alemania, Longuet en Francia, Martov y Trotski en Rusia, causan el mayor perjuicio al movimiento obrero al defender la ficción de la unidad, impidiendo con ello la madura y acuciante unificación de la oposición de todos los países, la creación de la III Internacional. En Inglaterra, incluso un periódico tan moderado como el «Labour Leader» publica cartas de Russell Williams sobre la necesidad de la escisión con los «líderes» de los sindicatos obreros y con el «Partido Laborista» (Labour Party), que ha «vendido» los intereses de la clase obrera. Y una serie de miembros del Partido Laborista Independiente (Independent Labour Party) declara por escrito su simpatía hacia Russell Williams. En Rusia, incluso el «conciliador» Trotski se ha visto obligado ahora a reconocer la inevitabilidad de la escisión con los «patriotas», es decir, con el partido del «Comité de Organización», el CO, que justifican la entrada de los obreros en los comités de guerra industrial. Y solo por un falso amor propio Trotski sigue defendiendo la «unidad» con la fracción parlamentaria de Chjeidze, que es la amiga más fiel, la cobertura y la defensa de los «patriotas» y del «CO».

Incluso en los Estados Unidos de América se ha producido de hecho una escisión total. Pues allí unos socialistas están a favor del ejército, de la «preparación» («preparedness»), de la guerra. Otros, entre ellos el líder obrero más popular, Eugene Debs (Debs), candidato del Partido Socialista al cargo de presidente de la república, ¡predican la guerra civil contra la guerra de los pueblos!

¡Y miren ustedes los actos de los propios Bourderon y Merrheim! De palabra están contra la escisión. ¡Pero lean la resolución que Bourderon presentó al congreso del Partido Socialista Francés{81}! ¡¡Esa resolución exige la salida de los socialistas del ministerio!! ¡¡La resolución «désapprouve» (desaprueba) directamente al C. A. P. y al G. P. (C. A. P. – Comité Administratif Permanent, G. P. = Groupe Parlementaire)[55]!! Está más claro que el día que la aprobación de tal resolución significaría la escisión tanto del Partido Socialista como de los sindicatos, pues los señores Renaudel, Sembat, Jouhaux y Cía. jamás podrán resignarse a ello.

Bourderon y Merrheim comparten el error, la debilidad, la timidez de la mayoría de la Conferencia de Zimmerwald. Por un lado, esta mayoría llama indirectamente en su manifiesto a la lucha revolucionaria, pero teme decirlo directamente. Por un lado, escribe: los capitalistas de todos los países mienten al hablar de «defensa de la patria» en la guerra actual. Por otro lado, la mayoría temió añadir la verdad evidente que de todos modos añadirá cualquier obrero que piense, a saber: ¡que no mienten solo los capitalistas, sino también Renaudel, Sembat, Longuet, Hyndman, Kautsky, Plejánov y Cía.! La mayoría de la Conferencia de Zimmerwald quiere volver a reconciliarse con Vandervelde, Huysmans, Renaudel y Cía. Esto es perjudicial para la clase obrera, y la «izquierda de Zimmerwald» actuó correctamente al decir abiertamente la verdad a los obreros.

¡Miren cómo fingen les socialistes-chauvins[56]: en Francia elogian al «minorité»[57] alemán, en Alemania, ¡al francés!

¡¡Qué enorme importancia tendría un pronunciamiento de la oposición francesa si declarara de forma directa, sin temor y abiertamente ante todo el mundo: somos solidarios solo con la oposición alemana, solo con Rühle y sus partidarios!! ¡Solo con quienes rompen sin miedo tanto con el socialchovinismo directo como con el encubierto, socialisme chauvin, es decir, con todos los «defensores de la patria» en la guerra actual!! ¡¡Nosotros mismos no tememos la ruptura con los «patriotas» franceses, que llaman «defensa de la patria» a la defensa de las colonias, y llamamos a esa misma ruptura a los socialistas y sindicalistas de todos los países!! ¡Tendemos la mano a Otto Rühle y a Liebknecht, a ellos y solo a sus partidarios, estigmatizamos tanto a la «majorité»[58] y al «le marais» franceses como a los alemanes! ¡Proclamamos la gran unificación internacional de aquellos socialistas del mundo entero que en la guerra actual han roto con la frase mentirosa sobre «la defensa de la patria» y trabajan en la prédica y preparación de la revolución proletaria mundial!

Semejante llamamiento tendría una importancia gigantesca. Disiparía a los hipócritas, pondría al descubierto y desenmascararía el engaño internacional, daría el mayor impulso al acercamiento de los obreros realmente fieles al internacionalismo en todo el mundo.

En Francia, la frase anarquista siempre ha hecho mucho daño. Pero ahora los anarquistas-patriotas, los anarquistas-chauvins, como Kropotkin, Grave, Cornelissen y demás caballeros de la «Bataille Chauvinisten[59]», ayudarán a curar a muchísimos obreros de la frase anarquista. ¡Abajo los socialistas-patriotas y los socialistas-chauvins, como «abajo los anarquistas-patriotas» y los anarquistas-chauvins! Este clamor encontrará eco en los corazones de los obreros de Francia. No la frase anarquista sobre la revolución, sino un trabajo prolongado, serio, tenaz, perseverante y sistemático para crear en todas partes organizaciones ilegales entre los obreros, para difundir literatura libre, es decir, ilegal, para preparar el movimiento de masas contra sus propios gobiernos. ¡He ahí lo que necesita la clase obrera de todos los países!

No es cierto que «los franceses no sean capaces» de un trabajo ilegal sistemático. ¡No es cierto! Los franceses aprendieron rápidamente a esconderse en las trincheras. Rápidamente aprenderán también las nuevas condiciones del trabajo ilegal y la preparación sistemática del movimiento revolucionario de masas. Yo creo en el proletariado revolucionario francés. Él impulsará también a la oposición francesa.

Los mejores deseos. Suyo, Lenin

P. S. Propongo a los camaradas franceses que editen en hoja aparte la traducción de esta carta mía ((traducción completa)){82}.

Impreso en 1916 en Ginebra en hoja aparte en francés

Publicado por primera vez en ruso en 1924 en la revista «Revolución Proletaria» n.º 4

Se imprime según el manuscrito