¡Camaradas! Hace ya más de año y medio que arrecia la guerra europea. Y con cada mes que pasa, con cada día que transcurre de la guerra, resulta cada vez más claro para las masas obreras que el Manifiesto de Zimmerwald dijo la verdad cuando afirmó que las frases sobre la «defensa de la patria» y otras por el estilo no son más que un engaño por parte de los capitalistas. Se hace cada día más patente que ésta es una guerra de capitalistas, de grandes bandidos que disputan entre sí sobre quién obtendrá más botín, saqueará más países, oprimirá y esclavizará a más naciones.

Puede sonar inverosímil, en particular para los camaradas suizos, pero no obstante es cierto que también entre nosotros, en Rusia, no sólo el sanguinario zarismo, no sólo los capitalistas, sino también una parte de los llamados o ex socialistas habla de que Rusia libra una «guerra defensiva», de que Rusia combate únicamente contra la invasión alemana. Mientras tanto, en realidad, todo el mundo sabe que el zarismo oprime desde hace decenios en Rusia a más de cien millones de personas de otras nacionalidades, que Rusia lleva ya decenios aplicando una política de bandidaje contra China, Persia, Armenia, Galitzia. Ni Rusia, ni Alemania, ni ninguna otra gran potencia tienen derecho a hablar de «guerra defensiva»: todas las grandes potencias libran una guerra imperialista, capitalista, una guerra de rapiña, una guerra para oprimir a los pueblos pequeños y ajenos, una guerra en interés de la ganancia de los capitalistas, que extraen oro puro de los terribles sufrimientos de las masas, de la sangre proletaria, para sus ingresos de miles de millones.

Hace cuatro años, en noviembre de 1912, cuando ya estaba claro que se avecinaba la guerra, los representantes de los socialistas de todo el mundo se reunieron en el Congreso Socialista Internacional de Basilea. Ya entonces no cabía duda de que la guerra que se avecinaba sería una guerra entre las grandes potencias, entre los grandes depredadores, de que la culpa de la guerra recae sobre los gobiernos y la clase capitalista de todas las grandes potencias. Y el Manifiesto de Basilea, adoptado por unanimidad por los partidos socialistas de todo el mundo, expresó abiertamente esta verdad. El Manifiesto de Basilea no menciona ni una sola palabra sobre la «guerra defensiva», sobre la «defensa de la patria». Fustiga a los gobiernos y a la burguesía de todas las grandes potencias sin excepción. Dice abiertamente que la guerra será el mayor de los crímenes, que los obreros consideran un crimen dispararse unos a otros, que los horrores de la guerra, la indignación de los obreros contra ellos, deberán conducir inevitablemente a la revolución proletaria.

Cuando la guerra estalló realmente, se vio que en Basilea se había definido correctamente el carácter de esta guerra. Pero las organizaciones socialistas y obreras no siguieron unánimemente las resoluciones de Basilea, sino que se escindieron. En todos los países del mundo vemos ahora cómo las organizaciones socialistas y obreras se han dividido en dos grandes campos. La parte más pequeña, a saber, los líderes, funcionarios y burócratas, traicionaron al socialismo y se pasaron al lado de los gobiernos. La otra parte, a la que pertenecen las masas obreras conscientes, continúa reuniendo sus fuerzas y luchando contra la guerra por la revolución proletaria.

Las opiniones de esta segunda parte encontraron su expresión, entre otras cosas, en el Manifiesto de Zimmerwald.

Entre nosotros, en Rusia, desde el comienzo mismo de la guerra, los diputados obreros de la Duma libraron una resuelta lucha revolucionaria contra la guerra y la monarquía zarista. Cinco diputados obreros: Petrovski, Badáev, Muránov, Shágov y Samóilov, difundieron proclamas revolucionarias contra la guerra y llevaron a cabo enérgicamente la agitación revolucionaria. El zarismo ordenó detener a estos 5 diputados, los entregó a los tribunales y los condenó a deportación perpetua en Siberia. Ya hace meses que los líderes de la clase obrera de Rusia languidecen en Siberia, pero su causa no está destruida; su trabajo en la misma dirección continúa a manos de los obreros conscientes de toda Rusia.

¡Camaradas! Aquí habéis escuchado a representantes de distintos países, que os han hablado de la lucha revolucionaria de los obreros contra la guerra. Sólo quiero citaros otro ejemplo, el del país más grande y más rico, a saber, los Estados Unidos de América. Los capitalistas de este país obtienen ahora ganancias colosales de la guerra europea. Y también agitan a favor de la guerra. Dicen que América también debe prepararse para participar en la guerra, que cientos de millones de dólares del dinero del pueblo deben ser extraídos para nuevos armamentos, para armamentos sin fin. Y en América una parte de los socialistas sigue este llamamiento mendaz, criminal. Pero os leeré lo que escribe el camarada Eugenio Debs, el líder más popular de los socialistas americanos, candidato del partido socialista americano al puesto de presidente de la república.

En el periódico americano «Appeal to Reason» («Llamamiento a la Razón») del 11 de septiembre de 1915 dice: «No soy un soldado capitalista, soy un revolucionario proletario, no pertenezco al ejército regular de la plutocracia, sino al ejército irregular del pueblo. Me niego a ir a la guerra por los intereses de la clase capitalista. Estoy contra toda guerra, excepto una; por esta única guerra me pronuncio con toda el alma: por la guerra mundial en nombre de la revolución social. En esta guerra estoy dispuesto a participar, si las clases dominantes hacen la guerra en general necesaria».

Así escribe a los obreros americanos su amado líder, el Bebel americano, el camarada Eugenio Debs.

Y esto os muestra de nuevo, camaradas, que en todos los países del mundo se prepara realmente la concentración de las fuerzas de la clase obrera. Los horrores y sufrimientos del pueblo en la guerra son increíbles, pero no debemos, y no tenemos ningún fundamento, para mirar el futuro con desesperación.

No en vano caerán millones de víctimas en la guerra y a causa de la guerra. Los millones que pasan hambre, los millones que sacrifican su vida en las trincheras, no sólo sufren, sino que también reúnen fuerzas, reflexionan sobre las verdaderas causas de la guerra, templan su voluntad y alcanzan una comprensión revolucionaria cada vez más clara. El creciente descontento de las masas, la efervescencia creciente, las huelgas, las manifestaciones, las protestas contra la guerra, todo esto está teniendo lugar en todos los países del mundo. Y esto nos sirve de garantía de que después de la guerra europea advendrá la revolución proletaria contra el capitalismo.

«Berner Tagwacht» núm. 33, 9 de febrero de 1916.

Publicado en ruso por primera vez en 1929 en la 2.ª y 3.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo XIX.

Se imprime según el texto del periódico «Berner Tagwacht». Traducción del alemán.