## 1. Imperialismo, socialismo y liberación de las naciones oprimidas

El imperialismo es la etapa superior del desarrollo del capitalismo. El capital en los países avanzados ha superado los marcos de los Estados nacionales, ha colocado el monopolio en lugar de la competencia, creando todas las premisas objetivas para la realizabilidad del socialismo. Por eso, en el orden del día en Europa Occidental y los Estados Unidos figura la lucha revolucionaria del proletariado por el derrocamiento de los gobiernos capitalistas, por la expropiación de la burguesía. El imperialismo empuja a las masas a esa lucha, agudizando en proporciones gigantescas las contradicciones de clase, empeorando la situación de las masas tanto en el aspecto económico — trusts, carestía — como en el político: incremento del militarismo, multiplicación de las guerras, reforzamiento de la reacción, consolidación y extensión de la opresión nacional y del saqueo colonial. El socialismo victorioso deberá necesariamente realizar la democracia plena y, por consiguiente, no sólo implantar la plena igualdad de derechos de las naciones, sino también hacer efectivo el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, es decir, el derecho a la libre separación política. Los partidos socialistas que no demuestren con toda su actividad, ahora, durante la revolución y después de su triunfo, que liberarán a las naciones esclavizadas y que construirán sus relaciones con ellas sobre la base de la unión libre — y la unión libre es una frase falsa sin la libertad de separación —, tales partidos habrán cometido una traición al socialismo.

Desde luego, la democracia es también una forma de Estado que debe desaparecer cuando desaparezca el Estado, pero esto ocurrirá sólo en el tránsito del socialismo definitivamente triunfante y consolidado al comunismo pleno.

## 2. La revolución socialista y la lucha por la democracia

La revolución socialista no es un acto único, ni una sola batalla en un solo frente, sino toda una época de agudos conflictos de clase, una larga serie de batallas en todos los frentes, es decir, en torno a todas las cuestiones de la economía y de la política, batallas que no pueden culminar sino con la expropiación de la burguesía. Sería un error de raíz pensar que la lucha por la democracia es capaz de desviar al proletariado de la revolución socialista, o de eclipsarla, ensombrecerla, etc. Por el contrario, así como es imposible el socialismo victorioso sin realizar la democracia plena, tampoco puede prepararse para la victoria sobre la burguesía un proletariado que no libre una lucha integral, consecuente y revolucionaria por la democracia.

No sería menor error excluir uno de los puntos del programa democrático, por ejemplo, el de la autodeterminación de las naciones, basándose en su supuesta «irrealizabilidad» o «carácter ilusorio» bajo el imperialismo. La afirmación de que el derecho de las naciones a la autodeterminación es irrealizable dentro de los marcos del capitalismo puede ser entendida en un sentido absoluto, económico, o en un sentido relativo, político.

En el primer caso, es errónea de raíz en el plano teórico. En primer lugar, en ese sentido son irrealizables bajo el capitalismo, por ejemplo, el dinero obrero o la supresión de las crisis, etc. Es completamente falso que la autodeterminación de las naciones sea igualmente irrealizable. En segundo lugar, un solo ejemplo, el de la separación de Noruega de Suecia en 1905, basta para refutar la «irrealizabilidad» en ese sentido. En tercer lugar, sería ridículo negar que, con un pequeño cambio en las correlaciones políticas y estratégicas, por ejemplo, entre Alemania e Inglaterra, hoy o mañana es perfectamente «realizable» la formación de nuevos Estados, como el polaco, el indio, etc. En cuarto lugar, el capital financiero, en sus afanes expansionistas, «libremente» comprará y sobornará al más libre gobierno democrático y republicano y a los funcionarios electos de cualquier país, aunque sea «independiente». La dominación del capital financiero, como la del capital en general, no puede ser eliminada por ninguna transformación en el terreno de la democracia política; y la autodeterminación pertenece por entero y exclusivamente a este terreno. Pero esta dominación del capital financiero no anula en absoluto la importancia de la democracia política como forma más libre, amplia y clara de la opresión de clase y de la lucha de clases. Por eso, todos los razonamientos sobre la «irrealizabilidad», en sentido económico, de una de las reivindicaciones de la democracia política bajo el capitalismo se reducen a una definición teóricamente incorrecta de las relaciones generales y fundamentales entre el capitalismo y la democracia política en su conjunto.

En el segundo caso, esa afirmación es incompleta e inexacta. Pues no sólo el derecho de las naciones a la autodeterminación, sino todas las reivindicaciones cardinales de la democracia política son «realizables» bajo el imperialismo únicamente de manera incompleta, mutilada y como rara excepción (por ejemplo, la separación de Noruega de Suecia en 1905). La reivindicación de la liberación inmediata de las colonias, planteada por todos los socialdemócratas revolucionarios, es también «irrealizable» bajo el capitalismo sin una serie de revoluciones. Pero de esto no se deduce de ningún modo que la socialdemocracia renuncie a la lucha inmediata y más resuelta por todas estas reivindicaciones —semejante renuncia sólo beneficiaría a la burguesía y a la reacción—, sino, precisamente al contrario, la necesidad de formularlas y realizarlas no de manera reformista, sino revolucionaria; no limitándose a los marcos de la legalidad burguesa, sino rompiéndolos; no contentándose con intervenciones parlamentarias y protestas verbales, sino arrastrando a la acción activa a las masas, ampliando y encendiendo la lucha por cada reivindicación democrática cardinal hasta el asalto directo del proletariado contra la burguesía, es decir, hasta la revolución socialista que expropie a la burguesía. La revolución socialista puede estallar no sólo a causa de una gran huelga o de una manifestación callejera, o de un motín de hambre, o de una insurrección militar, o de una rebelión colonial, sino también a raíz de cualquier crisis política como el caso Dreyfus{91} o el incidente de Zabern{92}, o en relación con un referéndum sobre la separación de una nación oprimida, etc.

El recrudecimiento de la opresión nacional bajo el imperialismo impone a la socialdemocracia no la renuncia a la lucha «utópica», como dice la burguesía, por la libertad de separación de las naciones, sino, por el contrario, el aprovechamiento intensificado de los conflictos que también surgen sobre este terreno como motivos para la acción de masas y para las intervenciones revolucionarias contra la burguesía.

## 3. Significado del derecho a la autodeterminación y su relación con la federación

El derecho de las naciones a la autodeterminación significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, a la libre separación política de la nación opresora. En concreto, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación por la separación y la decisión de la cuestión de la separación mediante un referéndum de la nación que se separa. De este modo, dicha reivindicación no equivale en absoluto a la exigencia de separación, fragmentación o formación de pequeños Estados. Significa únicamente la expresión consecuente de la lucha contra toda opresión nacional. Cuanto más se aproxime el régimen democrático del Estado a la plena libertad de separación, tanto más raras y débiles serán en la práctica las aspiraciones a la separación, pues las ventajas de los grandes Estados, tanto desde el punto de vista del progreso económico como desde el punto de vista de los intereses de las masas, son indudables, y dichas ventajas aumentan con el crecimiento del capitalismo. El reconocimiento de la autodeterminación no equivale al reconocimiento de la federación como principio. Se puede ser un adversario resuelto de este principio y partidario del centralismo democrático, y sin embargo preferir la federación a la desigualdad nacional de derechos, como el único camino hacia el centralismo democrático pleno. Precisamente desde este punto de vista, Marx, que era centralista, prefería incluso la federación de Irlanda con Inglaterra al sojuzgamiento violento de Irlanda por los ingleses{93}.

El objetivo del socialismo no es sólo la supresión de la fragmentación de la humanidad en pequeños Estados y de todo aislamiento de las naciones, no sólo el acercamiento de las naciones, sino también su fusión. Y precisamente para alcanzar este fin, debemos, por un lado, explicar a las masas el carácter reaccionario de la idea de Renner y O. Bauer sobre la llamada «autonomía cultural-nacional»{94}, y, por otro lado, exigir la liberación de las naciones oprimidas no en frases generales y vagas, no en declamaciones huérfanas de contenido, no en forma de «aplazar» la cuestión hasta el socialismo, sino en un programa político formulado con claridad y precisión, que tenga especialmente en cuenta la hipocresía y la cobardía de los socialistas de las naciones opresoras. Del mismo modo que la humanidad puede llegar a la supresión de las clases únicamente a través del período de transición de la dictadura de la clase oprimida, así también la humanidad puede llegar a la inevitable fusión de las naciones únicamente a través del período de transición de la completa liberación de todas las naciones oprimidas, es decir, de su libertad de separación.

## 4. El planteamiento proletario-revolucionario de la cuestión de la autodeterminación de las naciones

No sólo la reivindicación de la autodeterminación de las naciones, sino todos los puntos de nuestro programa mínimo democrático fueron planteados antes, ya en los siglos XVII y XVIII, por la pequeña burguesía. Y la pequeña burguesía, hasta ahora, sigue planteando todos esos puntos de manera utópica, sin ver la lucha de clases y su agudización bajo la democracia, creyendo en un capitalismo «pacífico». Tal es precisamente la utopía, engañosa para el pueblo y defendida por los kautskianos, de la unión pacífica de las naciones con igualdad de derechos bajo el imperialismo. Frente a esta utopía pequeñoburguesa y oportunista, el programa de la socialdemocracia debe poner de relieve, como elemento fundamental, esencial e inevitable bajo el imperialismo, la división de las naciones en opresoras y oprimidas.

El proletariado de las naciones opresoras no puede limitarse a las frases generales, estereotipadas, repetidas por cualquier burgués pacifista, contra las anexiones y por la igualdad de derechos de las naciones en general. El proletariado no puede eludir en silencio la cuestión, particularmente «desagradable» para la burguesía imperialista, de las fronteras del Estado basado en la opresión nacional. El proletariado no puede dejar de luchar contra el mantenimiento forzoso de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado determinado, y esto significa luchar por el derecho a la autodeterminación. El proletariado debe exigir la libertad de separación política de las colonias y de las naciones oprimidas por «su» nación. De lo contrario, el internacionalismo del proletariado será vacío y verbal; serán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora; y quedará al desnudo la hipocresía de los defensores reformistas y kautskianos de la autodeterminación, que silencian a las naciones oprimidas por «su propia» nación y retenidas a la fuerza en «su propio» Estado.

Por otra parte, los socialistas de las naciones oprimidas deben defender e implantar en la vida, de manera especial, la unidad completa e incondicional, incluida la unidad organizativa, de los obreros de la nación oprimida con los obreros de la nación opresora. Sin esto es imposible mantener la política independiente del proletariado y su solidaridad de clase con el proletariado de otros países frente a todas las artimañas, traiciones y supercherías de la burguesía. Pues la burguesía de las naciones oprimidas convierte constantemente las consignas de la liberación nacional en un engaño a los obreros: en la política interior, utiliza dichas consignas para pactos reaccionarios con la burguesía de las naciones dominantes (por ejemplo, los polacos en Austria y en Rusia, que llegan a acuerdos con la reacción para oprimir a los judíos y a los ucranianos); en la política exterior, procura concertar acuerdos con una de las potencias imperialistas rivales con miras a realizar sus fines de rapiña (la política de los pequeños Estados balcánicos, etc.).

La circunstancia de que la lucha por la libertad nacional contra una potencia imperialista pueda ser, en determinadas condiciones, utilizada por otra potencia «grande» para sus fines igualmente imperialistas, puede obligar a la socialdemocracia a renunciar al reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación tan poco como los múltiples casos de utilización de las consignas republicanas por la burguesía con fines de engaño político y de rapiña financiera, por ejemplo, en los países latinos, pueden obligar a los socialdemócratas a renunciar a su republicanismo[61].

## 5. Marxismo y proudhonismo en la cuestión nacional

Frente a los demócratas pequeñoburgueses, Marx veía en todas las reivindicaciones democráticas, sin excepción, no un absoluto, sino la expresión histórica de la lucha de las masas populares, dirigidas por la burguesía, contra el feudalismo. No hay ninguna de estas reivindicaciones que no pueda servir y no haya servido, en ciertas circunstancias, como instrumento de engaño a los obreros por parte de la burguesía. Aislar en este sentido una de las reivindicaciones de la democracia política, precisamente la autodeterminación de las naciones, y contraponerla a las demás es profundamente erróneo en teoría. En la práctica, el proletariado puede conservar su independencia únicamente subordinando su lucha por todas las reivindicaciones democráticas, sin excluir la república, a su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía.

Por otra parte, frente a los proudhonianos, que «negaban» la cuestión nacional «en nombre de la revolución social», Marx ponía en primer plano, teniendo en cuenta sobre todo los intereses de la lucha de clases del proletariado en los países avanzados, el principio cardinal del internacionalismo y del socialismo: no puede ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos{95}. Precisamente desde el punto de vista de los intereses del movimiento revolucionario de los obreros alemanes, Marx exigió en 1848 que la democracia triunfante de Alemania proclamase y realizase la libertad de los pueblos oprimidos por los alemanes{96}. Precisamente desde el punto de vista de la lucha revolucionaria de los obreros ingleses, Marx exigió en 1869 la separación de Irlanda de Inglaterra, añadiendo: «aunque después de la separación se llegue a la federación»{97}. Sólo planteando semejante reivindicación, Marx educaba realmente a los obreros ingleses en el espíritu internacionalista. Sólo así pudo contraponer a los oportunistas y al reformismo burgués —que hasta hoy, medio siglo después, no ha realizado la «reforma» irlandesa— la solución revolucionaria de esta tarea histórica. Sólo así pudo Marx, frente a los apologistas del capital, que vociferan sobre el utopismo y la irrealizabilidad de la libertad de separación de las pequeñas naciones y sobre el carácter progresivo no sólo de la concentración económica, sino también de la concentración política, defender el carácter progresivo de esta concentración no a la manera imperialista, defender el acercamiento de las naciones sobre la base no de la violencia, sino de la unión libre de los proletarios de todos los países. Sólo así pudo Marx oponer al reconocimiento verbal, y a menudo hipócrita, de la igualdad de derechos y de la autodeterminación de las naciones, la acción revolucionaria de las masas también en el terreno de la solución de los problemas nacionales. La guerra imperialista de 1914-1916 y los establos de Augías de hipocresía de los oportunistas y kautskianos que ella ha destapado han confirmado de manera palmaria la justeza de esta política de Marx, la cual debe convertirse en modelo para todos los países avanzados, pues ahora cada uno de ellos oprime a naciones extranjeras[62].

## 6. Tres tipos de países en cuanto a la actitud hacia la autodeterminación de las naciones

Es preciso distinguir tres tipos principales de países a este respecto:

En primer lugar, los países capitalistas avanzados de Europa Occidental y los Estados Unidos. Los movimientos nacionales burgueses-progresivos aquí han concluido hace mucho. Cada una de estas «grandes» naciones oprime a otras naciones en las colonias y en el interior del país. Las tareas del proletariado de las naciones dominantes en estos países son precisamente las mismas que fueron las tareas del proletariado en Inglaterra en el siglo XIX con respecto a Irlanda[63].

En segundo lugar, el este de Europa: Austria, los Balcanes y, especialmente, Rusia. Aquí es precisamente el siglo XX el que ha desarrollado en particular los movimientos nacionales democrático-burgueses y ha agudizado la lucha nacional. Las tareas del proletariado de estos países, tanto en la culminación de su transformación democrático-burguesa como en la ayuda a la revolución socialista de otros países, no pueden ser cumplidas sin defender el derecho de las naciones a la autodeterminación. Aquí resulta particularmente difícil y particularmente importante la tarea de fusionar la lucha de clases de los obreros de las naciones opresoras y de los obreros de las naciones oprimidas.

En tercer lugar, los países semicoloniales, como China, Persia, Turquía, y todas las colonias, con una población total de hasta 1.000 millones. Aquí los movimientos democrático-burgueses en parte apenas comienzan, en parte están lejos de haber concluido. Los socialistas deben no sólo exigir la liberación incondicional, sin rescate e inmediata de las colonias —y esta exigencia, en su expresión política, no significa otra cosa que precisamente el reconocimiento del derecho a la autodeterminación—; los socialistas deben apoyar del modo más decidido a los elementos más revolucionarios de los movimientos de liberación nacional democrático-burgueses de estos países y ayudar a su insurrección —y, llegado el caso, también a su guerra revolucionaria— contra las potencias imperialistas que los oprimen.

## 7. El socialchovinismo y la autodeterminación de las naciones

La época imperialista y la guerra de 1914-1916 han planteado con especial relieve la tarea de luchar contra el chovinismo y el nacionalismo en los países avanzados. En la cuestión de la autodeterminación de las naciones hay dos matices principales entre los socialchovinistas, es decir, entre los oportunistas y los kautskianos que embellecen la guerra imperialista reaccionaria aplicándole el concepto de «defensa de la patria».

Por un lado, vemos a servidores bastante francos de la burguesía que defienden las anexiones en nombre de que el imperialismo y la concentración política son progresivos, y que niegan el derecho a la autodeterminación por considerarlo utópico, ilusorio, pequeñoburgués, etc. Pertenecen a este grupo: Cunow, Parvus y los oportunistas extremos en Alemania, una parte de los fabianos y de los líderes de las trade unions en Inglaterra, los oportunistas en Rusia: Semkovski, Liebmann, Yurkévich, etc.

Por otro lado, vemos a los kautskianos, a los que pertenecen también Vandervelde, Renaudel y muchos pacifistas de Inglaterra y Francia, etc. Están por la unidad con los primeros y coinciden plenamente con ellos en la práctica, defendiendo el derecho a la autodeterminación de manera puramente verbal e hipócrita: consideran «excesiva» («zu viel verlangt»: Kautsky en «Neue Zeit», 21 de mayo de 1915) la exigencia de la libertad de separación política; no defienden la necesidad de una táctica revolucionaria de los socialistas precisamente de las naciones opresoras, sino que, al contrario, silencian sus deberes revolucionarios, justifican su oportunismo, facilitan su engaño al pueblo, eluden precisamente la cuestión de las fronteras del Estado que mantiene por la fuerza en su seno a naciones privadas de derechos, etc.

Unos y otros son igualmente oportunistas que prostituyen el marxismo, habiendo perdido toda capacidad para comprender la importancia teórica y la necesidad práctica de la táctica de Marx, ilustrada por él con el ejemplo de Irlanda.

En lo que concierne, en particular, a las anexiones, la cuestión ha cobrado especial actualidad en relación con la guerra. Pero ¿qué es una anexión? Es fácil convencerse de que la protesta contra las anexiones o bien se reduce al reconocimiento de la autodeterminación de las naciones, o bien se basa en una frase pacifista que defiende el statu quo y es hostil a toda violencia, incluso a la revolucionaria. Semejante frase es de raíz falsa e irreconciliable con el marxismo.

## 8. Tareas concretas del proletariado en el futuro inmediato

La revolución socialista puede comenzar en un futuro muy próximo. En ese caso, el proletariado tendrá ante sí la tarea inmediata de conquistar el poder, expropiar los bancos y aplicar otras medidas dictatoriales. La burguesía —y en particular la intelectualidad del tipo de los fabianos y kautskianos— se esforzará en semejante momento por dividir y frenar la revolución, imponiéndole objetivos limitados, democráticos. Si todas las reivindicaciones puramente democráticas pueden, bajo la condición de que ya haya comenzado el asalto de los proletarios contra las bases del poder de la burguesía, desempeñar en cierto sentido el papel de un obstáculo a la revolución, la necesidad de proclamar y realizar la libertad de todos los pueblos oprimidos (es decir, su derecho a la autodeterminación) será tan perentoria en la revolución socialista como lo fue para el triunfo de la revolución democrático-burguesa, por ejemplo, en Alemania en 1848 o en Rusia en 1905.

Es posible, sin embargo, que transcurran cinco, diez o más años antes del comienzo de la revolución socialista. En el orden del día figurará la educación revolucionaria de las masas en un espíritu tal que haga imposible la pertenencia al partido obrero de los socialchovinistas y los oportunistas y su triunfo como el de 1914-1916. Los socialistas deberán explicar a las masas que los socialistas ingleses que no exigen la libertad de separación de las colonias y de Irlanda; los alemanes, que no exigen la libertad de separación de las colonias, de los alsacianos, de los daneses, de los polacos, y que no extienden directamente la propaganda revolucionaria y la acción revolucionaria de masas también al terreno de la lucha contra la opresión nacional, que no aprovechan incidentes como el de Zabern para una amplísima propaganda ilegal entre el proletariado de la nación opresora, para manifestaciones callejeras y acciones revolucionarias de masas; los rusos, que no exigen la libertad de separación de Finlandia, Polonia, Ucrania, etc., etc., —que tales socialistas actúan como chovinistas, como lacayos de las monarquías imperialistas y de la burguesía imperialista cubiertas de sangre y de lodo.

## 9. Actitud hacia la autodeterminación de la socialdemocracia rusa y polaca y de la II Internacional

Las discrepancias entre los socialdemócratas revolucionarios de Rusia y los socialdemócratas polacos sobre la cuestión de la autodeterminación salieron a la luz ya en 1903, en el congreso que aprobó el programa del POSDR e incluyó en él, a pesar de la protesta de la delegación de los socialdemócratas polacos, el § 9, que reconoce el derecho de las naciones a la autodeterminación. Desde entonces los socialdemócratas polacos no han repetido ni una sola vez, en nombre de su partido, la propuesta de eliminar del programa de nuestro partido el § 9 o de sustituirlo por cualquier otra fórmula.

En Rusia, donde las naciones oprimidas constituyen no menos del 57 % de la población, más de cien millones, donde estas naciones pueblan preferentemente las zonas periféricas, donde una parte de estas naciones es más culta que los rusos grandes, donde el régimen político se distingue por un carácter particularmente bárbaro y medieval, donde aún no ha terminado la revolución democrático-burguesa, en Rusia, el reconocimiento del derecho de las naciones oprimidas por el zarismo a la libre separación de Rusia es incondicionalmente obligatorio para la socialdemocracia en nombre de sus tareas democráticas y socialistas. Nuestro partido, restablecido en enero de 1912, adoptó en 1913 una resolución que confirma el derecho a la autodeterminación y lo explica precisamente en su significado concreto arriba indicado{98}. La orgía de chovinismo gran ruso en 1914-1916, tanto entre la burguesía como entre los socialistas oportunistas (Rubanóvich, Plejánov, «Náshe Dielo», etc.), nos impulsa aún más a insistir en esta reivindicación y a reconocer que quienes la niegan en la práctica sirven de apoyo al chovinismo gran ruso y al zarismo. Nuestro partido declara que rechaza del modo más resuelto toda responsabilidad por semejante actitud contra el derecho a la autodeterminación.

En la novísima formulación de la posición de la socialdemocracia polaca sobre la cuestión nacional (declaración de la socialdemocracia polaca en la conferencia de Zimmerwald) se contienen las siguientes ideas:

Esta declaración estigmatiza al gobierno alemán y a otros gobiernos que consideran los «territorios polacos» como una prenda en el próximo juego de compensaciones, «privando al pueblo polaco de la posibilidad de decidir por sí mismo su destino». «La socialdemocracia polaca protesta resuelta y solemnemente contra el redibujamiento y el desgarramiento en partes de todo un país…» Fustiga a los socialistas que han dejado a los Hohenzollern… «la obra de la liberación de los pueblos oprimidos». Expresa la convicción de que sólo la participación en esta lucha que se avecina del proletariado internacional revolucionario, la lucha por el socialismo, «romperá las cadenas de la opresión nacional y destruirá cualquier forma de dominación extranjera, garantizará al pueblo polaco la posibilidad de un libre desarrollo integral como miembro igual en derechos en la unión de los pueblos». La declaración reconoce que la guerra es «doble fratricida» «para los polacos» (Boletín de la Comisión Socialista Internacional, núm. 2, 27.IX.1915, pág. 15; traducción rusa en la recopilación «El Internacional y la guerra», pág. 97).

En esencia, estas tesis no difieren en nada del reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación, adoleciendo únicamente de una vaguedad e imprecisión aún mayores en las formulaciones políticas que la mayoría de los programas y resoluciones de la II Internacional. Cualquier intento de expresar estas ideas en formulaciones políticas exactas y de determinar su aplicabilidad al régimen capitalista o sólo al régimen socialista mostrará aún más claramente lo erróneo de la negación de la autodeterminación de las naciones por parte de los socialdemócratas polacos.

La resolución del Congreso Socialista Internacional de Londres de 1896, que reconoce la autodeterminación de las naciones, debe ser completada, basándose en las tesis expuestas más arriba, con las indicaciones 1) sobre la excepcional perentoriedad de esta reivindicación bajo el imperialismo; 2) sobre el carácter políticamente condicionado y el contenido de clase de todas las reivindicaciones de la democracia política, incluida ésta; 3) sobre la necesidad de distinguir las tareas concretas de los socialdemócratas de las naciones opresoras y de los socialdemócratas de las naciones oprimidas; 4) sobre el reconocimiento inconsecuente, puramente verbal y por eso, en cuanto a su significado político, hipócrita, de la autodeterminación por parte de los oportunistas y de los kautskianos; 5) sobre la coincidencia de hecho con los chovinistas de aquellos socialdemócratas, particularmente de las grandes potencias (rusos grandes, angloamericanos, alemanes, franceses, italianos, japoneses, etc.), que no defienden la libertad de separación de las colonias y de las naciones oprimidas por «sus» naciones; 6) sobre la necesidad de subordinar la lucha por esta reivindicación, como por todas las reivindicaciones cardinales de la democracia política, a la lucha revolucionaria directa de masas por el derrocamiento de los gobiernos burgueses y por la realización del socialismo.

Trasladar a la Internacional el punto de vista de algunas pequeñas naciones, y en particular de los socialdemócratas polacos, a quienes su lucha contra la burguesía polaca, que engaña al pueblo con consignas nacionalistas, ha llevado a una negación incorrecta de la autodeterminación, sería un error teórico, una sustitución del marxismo por el proudhonismo, y en la práctica significaría el apoyo involuntario al más peligroso chovinismo y oportunismo de las grandes potencias.

Post scríptum. En el número recién aparecido de «Neue Zeit», del 3 de marzo de 1916, Kautsky tiende abiertamente la mano cristiana de la reconciliación al representante del más sucio chovinismo alemán, Austerlitz, negando para la Austria de los Habsburgo la libertad de separación de las naciones oprimidas, pero reconociéndola para la Polonia rusa, con el fin de prestar un servicio de lacayo a Hindenburg y a Guillermo II. ¡Difícilmente podría desearse una autodesenmascaración mejor del kautskianismo!

Escrito en enero–febrero de 1916.

Publicado en abril de 1916 en la revista «Vorbote» núm. 2.

En ruso se publicó por primera vez en octubre de 1916 en la «Recopilación de “El Socialdemócrata”» núm. 1.

Se imprime según el texto de la «Recopilación».