Los más destacados anarquistas de todo el mundo se han deshonrado, no menos que los oportunistas, con el socialchovinismo (en el espíritu de Plejánov y Kautsky) en esta guerra. Uno de los resultados útiles de la misma será, indudablemente, que esta guerra matará tanto al oportunismo como al anarquismo.

Sin renunciar en ningún caso y bajo ninguna circunstancia a la utilización de la más mínima posibilidad legal para la organización de las masas y la propaganda del socialismo, los partidos socialdemócratas deben romper con el servilismo ante la legalidad. «Disparen primero, señores burgueses», escribió Engels, aludiendo precisamente a la guerra civil y a la necesidad de que nosotros violemos la legalidad después de que la viole la burguesía. La crisis ha demostrado que la burguesía la viola en todos los países, incluso en los más libres, y que es imposible conducir a las masas a la revolución sin crear una organización ilegal para la propaganda, la discusión, la valoración y la preparación de los medios revolucionarios de lucha. En Alemania, por ejemplo, todo lo que hacen los socialistas honestos, lo hacen contra el vil oportunismo y el hipócrita «kautskyanismo» y lo hacen precisamente de forma ilegal. En Inglaterra, se envía a trabajos forzados por llamamientos impresos a no alistarse en el ejército.

Considerar compatible con la pertenencia a un partido socialdemócrata la negación de los métodos ilegales de propaganda y su ridiculización en la prensa legal es una traición al socialismo.