**El método de los socialchovinistas y del «centro»**

¡Oh, los socialchovinistas de todos los países son grandes «internacionalistas»! Desde el comienzo mismo de la guerra están abrumados por la preocupación por la Internacional. Por un lado, aseguran que las habladurías sobre el hundimiento de la Internacional son «exageradas». En realidad, no ha ocurrido nada especial. Escuchen a Kautsky: simplemente, la Internacional es un «instrumento de tiempos de paz»; es natural que, durante la guerra, este instrumento resultara algo desbordado. Por otro lado, los socialchovinistas de todos los países han encontrado un medio muy simple – y lo principal: internacional – para salir de la situación creada. El medio no es complicado: solo hay que esperar el fin de la guerra; hasta el final de la guerra, los socialistas de cada país deben defender su «patria» y apoyar a «sus» gobiernos, y al terminar la guerra – «amnistiarse» mutuamente, reconocer que todos tenían razón, que en tiempos de paz vivimos como hermanos, y en tiempos de guerra – sobre la base exacta de tales o cuales resoluciones – llamamos a los obreros alemanes a exterminar a sus hermanos franceses, y viceversa.

En esto coinciden por igual Kautsky, Plejánov, Victor Adler y Heine. Victor Adler escribe que «cuando hayamos sobrevivido a este tiempo difícil, nuestro primer deber será no reprocharnos mutuamente cada falta». Kautsky afirma que «hasta ahora no se han alzado desde ningún lado voces de socialistas serios que hicieran temer» por la suerte de la Internacional. Plejánov dice que «es desagradable estrechar las manos (de los socialdemócratas alemanes) que huelen a sangre de inocentes asesinados». Pero acto seguido propone la «amnistía»: «aquí será completamente oportuno», escribe, «subordinar el corazón a la razón. Por su gran causa, la Internacional deberá tener en cuenta incluso los arrepentimientos tardíos». Heine califica en el «Sozialistische Monatshefte» la conducta de Vandervelde de «valiente y orgullosa» y lo pone como ejemplo a la izquierda alemana.

En una palabra, cuando termine la guerra, nombren una comisión compuesta por Kautsky y Plejánov, Vandervelde y Adler, y al instante se redactará una resolución «unánime» en el espíritu de la amnistía mutua. La disputa será felizmente escamoteada. En lugar de ayudar a los obreros a comprender lo ocurrido, se les engañará con una «unidad» fingida y de papel. La unificación de los socialchovinistas e hipócritas de todos los países se llamará restauración de la Internacional.

No hay que ocultárselo: el peligro de semejante «restauración» es muy grande. Los socialchovinistas de todos los países están igualmente interesados en ella. Todos ellos, por igual, no quieren que las propias masas obreras de su país comprendan el problema: socialismo o nacionalismo. Todos ellos, por igual, están interesados en cubrir los pecados unos de otros. Todos ellos no pueden ofrecer otra cosa que lo que propone el virtuoso de la hipocresía «internacional», Kautsky.

Y, sin embargo, este peligro se tiene poco en cuenta. Durante el año de guerra hemos visto una serie de intentos de restauración de los vínculos internacionales. No hablaremos de las conferencias de Londres y Viena, donde se reunieron chovinistas declarados para ayudar a los estados mayores y a la burguesía de sus «patrias». Nos referimos a las conferencias de Lugano, de Copenhague, la conferencia internacional de mujeres y la conferencia internacional de la juventud. Estas reuniones estuvieron animadas por los mejores deseos. Pero no vieron en absoluto el peligro señalado. No trazaron la línea de combate de los internacionalistas. No señalaron al proletariado el peligro que lo amenaza por el método socialchovinista de «restauración» de la Internacional. En el mejor de los casos, se limitaron a repetir viejas resoluciones, sin indicar a los obreros que, sin lucha contra los socialchovinistas, la causa del socialismo es desesperada. En el mejor de los casos, fueron un paso en el mismo lugar.

**La situación en el seno de la oposición**

No hay ninguna duda de que el mayor interés para todos los internacionalistas lo representa la situación en el seno de la oposición socialdemócrata alemana. La socialdemocracia oficial alemana, que era el partido más fuerte y dirigente de la II Internacional, asestó el golpe más sensible a la organización internacional de los obreros. Pero en la socialdemocracia alemana, al mismo tiempo, resultó haber una oposición más fuerte. Entre los grandes partidos europeos, fue en ella donde primero alzaron una voz fuerte de protesta los camaradas que permanecieron fieles a la bandera del socialismo. Con alegría leíamos las revistas: «Lichtstrahlen» y «Die Internationale». Con aún mayor alegría nos enterábamos de la difusión en Alemania de proclamas revolucionarias ilegales, como, por ejemplo, la proclama: «El enemigo principal está en el propio país». Esto hablaba de que entre los obreros alemanes está vivo el espíritu del socialismo, de que en Alemania hay todavía personas capaces de defender el marxismo revolucionario.

En las entrañas de la socialdemocracia alemana se perfiló con la mayor claridad la escisión en el socialismo contemporáneo. Vemos aquí con toda nitidez 3 corrientes: los oportunistas-chovinistas, que en ninguna parte han llegado a tal grado de caída y renegadismo como en Alemania; el «centro» kautskiano, que se ha mostrado aquí completamente impotente para desempeñar otro papel que el de sirviente de los oportunistas; y – la izquierda, que representa a los únicos socialdemócratas en Alemania.

Naturalmente, lo que más nos interesa es la situación en el seno de la izquierda alemana. Vemos en ella a nuestros camaradas, la esperanza de todos los elementos internacionalistas.

¿Cuál es, pues, esta situación?

La revista «Die Internationale» tenía toda la razón cuando dijo que en la izquierda alemana todo se encuentra todavía en proceso de fermentación, que se avecinan aún grandes reagrupaciones, que en su seno hay elementos más decididos y menos decididos.

Nosotros, los internacionalistas rusos, no pretendemos en absoluto, por supuesto, inmiscuirnos en los asuntos internos de nuestros camaradas de la izquierda alemana. Comprendemos que solo ellos mismos son plenamente competentes para determinar sus métodos de lucha contra los oportunistas, teniendo en cuenta las condiciones de tiempo y lugar. Solo consideramos nuestro derecho y nuestro deber expresar francamente nuestra opinión sobre la situación.

Estamos convencidos de que tenía profunda razón el autor del artículo de fondo de la revista «Die Internationale» cuando afirmaba que el «centro» kautskiano causa más daño a la causa del marxismo que el socialchovinismo abierto. Quien escamotea ahora las divergencias, quien bajo la apariencia del marxismo predica ahora a los obreros lo que predica el kautskianismo, adormece a los obreros, es más dañino que los Südekum y los Heine, que plantean la cuestión de manera tajante y obligan a los obreros a discernir.

La oposición de fachada contra las «instancias», que últimamente se permiten Kautsky y Haase, no debe inducir a nadie a error. Las divergencias entre ellos y los Scheidemann no son divergencias de principio. Unos consideran que Hindenburg y Mackensen ya han vencido y que ahora ya se puede permitir el lujo de protestar contra las anexiones. Otros consideran que Hindenburg y Mackensen aún no han vencido y que por eso hay que «aguantar hasta el final».

El kautskianismo libra contra las «instancias» solo una lucha de fachada – precisamente para después de la guerra escamotear ante los obreros la disputa de principio y embadurnar el asunto con una enésima resolución abultada en un espíritu indefinidamente-«izquierdista», en lo que son tan maestros los diplomáticos de la II Internacional.

Es completamente comprensible que en su difícil lucha contra las «instancias» la oposición alemana deba utilizar también esta oposición no principista del kautskianismo. Pero la piedra de toque para todo internacionalista debe seguir siendo una actitud negativa hacia el neokautskianismo. Solo es realmente internacionalista quien lucha contra el kautskianismo, quien comprende que el «centro», incluso después del viraje simulado de sus jefes, sigue siendo en el plano de los principios un aliado de los chovinistas y oportunistas.

Reviste enorme importancia nuestra actitud hacia los elementos vacilantes en la Internacional en general. Estos elementos – predominantemente socialistas de matiz pacifista – existen tanto en los países neutrales como en algunos países beligerantes (en Inglaterra, por ejemplo, el Partido Laborista Independiente). Estos elementos pueden ser nuestros compañeros de ruta. El acercamiento a ellos contra los socialchovinistas es necesario. Pero hay que recordar que estos son solo compañeros de ruta, que en lo principal y fundamental, en el momento de restaurar la Internacional, estos elementos no irán con nosotros, sino contra nosotros, irán con Kautsky, Scheidemann, Vandervelde, Sembat. En las conferencias internacionales no se puede limitar el programa propio a lo que es aceptable para estos elementos. De lo contrario, nosotros mismos caeremos prisioneros de los pacifistas vacilantes. Así ocurrió, por ejemplo, en la conferencia internacional de mujeres en Berna. La delegación alemana, que sostenía el punto de vista de la camarada Clara Zetkin, desempeñó de hecho en esta conferencia el papel de «centro». La conferencia de mujeres dijo solo lo que era aceptable para las delegadas del partido oportunista holandés de Troelstra y para las delegadas del I.L.P. (Partido Laborista Independiente), el cual – no olvidemos esto – votó en la conferencia chovinista de Londres de la «Entente» por la resolución de Vandervelde. Expresamos nuestro mayor respeto al I.L.P. por su valiente lucha contra el gobierno inglés durante la guerra. Pero sabemos que este partido no se ha situado ni se sitúa en el terreno del marxismo. Y nosotros consideramos que la tarea principal de la oposición socialdemócrata en el momento actual es levantar la bandera del marxismo revolucionario, decir a los obreros firme y claramente cómo vemos las guerras imperialistas, lanzar la consigna de las acciones revolucionarias de masas, es decir, la transformación de la época de las guerras imperialistas en el comienzo de la época de las guerras civiles. Los elementos revolucionarios socialdemócratas, a pesar de todo, existen en muchos países. Existen tanto en Alemania como en Rusia, en Escandinavia (la influyente corriente representada por el camarada Höglund), en los Balcanes (el partido de los «tesniaks» búlgaros), en Italia, en Inglaterra (una parte del Partido Socialista Británico), en Francia (el propio Vaillant reconoció en «L'Humanité» que recibía cartas de protesta de internacionalistas, pero no publicó íntegramente ni una sola de ellas), en Holanda (los tribunistas), etc. Agrupar a estos elementos marxistas – por poco numerosos que sean al principio –, recordar en su nombre las palabras ahora olvidadas del auténtico socialismo, llamar a los obreros de todos los países a romper con los chovinistas y a ponerse bajo la vieja bandera del marxismo – esta es la tarea del día.

Las conferencias con los llamados programas de «acción» se han reducido hasta ahora solo a que en ellas se proclamaba, con mayor o menor plenitud, el programa del simple pacifismo. El marxismo no es pacifismo. Luchar por el rápido cese de la guerra es necesario. Pero solo con el llamamiento a la lucha revolucionaria la reivindicación de la «paz» adquiere un sentido proletario. Sin una serie de revoluciones, la llamada paz democrática es una utopía pequeñoburguesa. Un verdadero programa de acción sería solo un programa marxista, que diera a las masas una respuesta plena y clara sobre lo que ha sucedido, que explicara qué es el imperialismo y cómo luchar contra él, que declarara abiertamente que lo que llevó al hundimiento de la II Internacional fue el oportunismo, que llamara abiertamente a construir una Internacional marxista sin y contra los oportunistas. Solo un programa así, que mostrara que creemos en nosotros mismos, creemos en el marxismo, declaramos al oportunismo una lucha a muerte, nos aseguraría, antes o después, la simpatía de las auténticas masas proletarias.

**El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y la III Internacional**

El Partido POSDR hace tiempo que se ha escindido de sus oportunistas. Los oportunistas rusos ahora se han vuelto también chovinistas. Esto solo nos fortalece en la opinión de que la escisión con ellos es necesaria en interés del socialismo. Estamos convencidos de que las divergencias actuales de los socialdemócratas con los socialchovinistas no son en absoluto menores que las que tuvieron los socialistas con los anarquistas cuando los socialdemócratas se escindieron de estos últimos. El oportunista Monitor dijo correctamente en «Preußische Jahrbücher» que la unidad actual es ventajosa para los oportunistas y la burguesía, pues obliga a los izquierdistas a someterse a los chovinistas e impide a los obreros comprender las disputas y crear su partido verdaderamente obrero, verdaderamente socialista. Estamos profundísimamente convencidos de que, en la situación actual, la escisión con los oportunistas y chovinistas es el primer deber del revolucionario, de la misma manera que la escisión con los sindicatos amarillos, con los antisemitas, con las uniones obreras liberales, etc., fue necesaria precisamente en interés de la rápida ilustración de los obreros atrasados y de su atracción a las filas del partido socialdemócrata.

La Tercera Internacional, en nuestra opinión, debería constituirse precisamente sobre esta base revolucionaria. Para nuestro partido no existe la cuestión de la conveniencia de la ruptura con los socialchovinistas. Para él está resuelta irrevocablemente. Para él solo existe la cuestión de la viabilidad de esto en un futuro próximo a escala internacional.

Es completamente comprensible que, para la realización de una organización marxista internacional, es necesario que exista la disposición a crear partidos marxistas independientes en los diferentes países. Alemania, como país del movimiento obrero más antiguo y fuerte, tiene una importancia decisiva. El futuro próximo mostrará si ya han madurado las condiciones para la creación de una nueva Internacional marxista. Si es así, nuestro partido ingresará con alegría en una III Internacional así, depurada del oportunismo y del chovinismo. Si no, esto mostrará que para esta depuración se requiere aún una evolución más o menos larga. Y entonces nuestro partido será la oposición de extrema dentro de la Internacional anterior – hasta que en los distintos países se cree una base para una asociación internacional de obreros, situada en el terreno del marxismo revolucionario.

No sabemos y no podemos saber cómo se desarrollará en los próximos años el curso de los acontecimientos en la arena internacional. Pero lo que sabemos con certeza, de lo que estamos inquebrantablemente convencidos, es de que nuestro partido, en nuestro país, entre nuestro proletariado, trabajará infatigablemente en la dirección señalada y con toda su actividad cotidiana creará la sección rusa de la Internacional marxista.

Entre nosotros, en Rusia, tampoco faltan socialchovinistas declarados ni grupos del «centro». Estas personas lucharán contra la creación de la Internacional marxista. Sabemos que Plejánov se sitúa en el mismo terreno de principios que Südekum y ya ahora le tiende la mano. Sabemos que el llamado «Comité de Organización», dirigido por Axelrod, predica el kautskianismo en suelo ruso. Bajo la apariencia de la unidad de la clase obrera, estas personas predican la unidad con los oportunistas y, a través de ellos, con la burguesía. Pero todo lo que sabemos sobre el presente del movimiento obrero en Rusia nos da la plena seguridad de que el proletariado consciente de Rusia permanecerá como antes con nuestro partido.