Los socialistas siempre han condenado las guerras entre los pueblos como una obra bárbara y brutal. Pero nuestra actitud ante la guerra es, en principio, distinta de la de los pacifistas burgueses (partidarios y predicadores de la paz) y de la de los anarquistas. De los primeros nos distinguimos por comprender el nexo inevitable de las guerras con la lucha de clases en el interior del país, por comprender la imposibilidad de suprimir las guerras sin suprimir las clases y crear el socialismo, y también por reconocer plenamente la legitimidad, el carácter progresista y la necesidad de las guerras civiles, es decir, de las guerras de la clase oprimida contra la opresora, de los esclavos contra los esclavistas, de los campesinos siervos contra los terratenientes, de los obreros asalariados contra la burguesía. Tanto de los pacifistas como de los anarquistas, los marxistas nos distinguimos por reconocer la necesidad de estudiar históricamente (desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx) cada guerra por separado. En la historia ha habido repetidas veces guerras que, a pesar de todos los horrores, atrocidades, calamidades y tormentos, inevitablemente ligados a toda guerra, fueron progresistas, es decir, beneficiaron el desarrollo de la humanidad, ayudando a destruir instituciones particularmente perniciosas y reaccionarias (por ejemplo, la autocracia o la servidumbre), los despotismos más bárbaros de Europa (el turco y el ruso). Por eso hay que examinar las particularidades históricas precisamente de la guerra actual.

**Tipos históricos de las guerras de la época moderna**

La gran Revolución Francesa inauguró una nueva época en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta la Comuna de París, de 1789 a 1871, uno de los tipos de guerras fueron las guerras de carácter burgués-progresista, de liberación nacional. En otras palabras, el contenido principal y el significado histórico de estas guerras fue el derrocamiento del absolutismo y del feudalismo, su socavación, el derrocamiento de la opresión nacional extranjera. Por eso fueron guerras progresistas, y todos los demócratas revolucionarios honestos, así como todos los socialistas, simpatizaban siempre en tales guerras con el éxito del país (es decir, de la burguesía de ese país) que contribuía al derrocamiento o socavación de los pilares más peligrosos del feudalismo, del absolutismo y de la opresión de los pueblos extranjeros. Por ejemplo, en las guerras revolucionarias de Francia hubo un elemento de saqueo y conquista de tierras extranjeras por los franceses, pero esto no cambia en absoluto el significado histórico fundamental de estas guerras, que destruyeron y sacudieron el feudalismo y el absolutismo de toda la vieja Europa feudal. En la guerra franco-prusiana, Alemania saqueó Francia, pero esto no cambia el significado histórico fundamental de esta guerra, que liberó a decenas de millones del pueblo alemán de la fragmentación feudal y de la opresión de dos déspotas, el zar ruso y Napoleón III.

**Diferencia entre guerra ofensiva y guerra defensiva**

La época de 1789-1871 dejó profundas huellas y recuerdos revolucionarios. Antes del derrocamiento del feudalismo, del absolutismo y de la opresión nacional extranjera, no podía ni siquiera hablarse del desarrollo de la lucha proletaria por el socialismo. Al hablar de la legitimidad de la guerra "defensiva" en relación con las guerras de tal época, los socialistas tenían en vista siempre precisamente estos objetivos, que se reducen a la revolución contra el medioevo y la servidumbre. Los socialistas siempre entendieron por guerra "defensiva" la guerra "justa" en este sentido (así se expresó en cierta ocasión W. Liebknecht){217}. Sólo en este sentido reconocían y reconocen hoy los socialistas la legitimidad, el carácter progresista, la justicia de la "defensa de la patria" o de la guerra "defensiva". Por ejemplo, si mañana Marruecos declarara la guerra a Francia, la India a Inglaterra, Persia o China a Rusia, etc., serían guerras "justas", "defensivas", independientemente de quién atacara primero, y todo socialista simpatizaría con la victoria de los Estados oprimidos, dependientes, no equiparados en derechos, contra las "grandes" potencias opresoras, esclavistas y rapaces.

Pero imagínense que un esclavista, que posee 100 esclavos, guerrea contra un esclavista que posee 200 esclavos, por un reparto más "justo" de los esclavos. Es claro que la aplicación a semejante caso del concepto de guerra "defensiva" o de "defensa de la patria" sería una falsedad histórica y, en la práctica, un simple engaño al pueblo llano, a la pequeña burguesía, a las gentes ignorantes, por parte de hábiles esclavistas. Precisamente así es como engaña a los pueblos la actual burguesía imperialista, mediante la ideología "nacional" y el concepto de defensa de la patria, en la guerra moderna entre esclavistas por el fortalecimiento y la intensificación de la esclavitud.

**La guerra actual es una guerra imperialista**

Casi todos reconocen que la guerra actual es imperialista, pero en su mayoría tergiversan este concepto, o lo aplican a un solo bando, o insinúan de todos modos la posibilidad de que esta guerra tenga un significado burgués-progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior de desarrollo del capitalismo, alcanzada sólo en el siglo XX. Al capitalismo le resultaron estrechos los viejos Estados nacionales, sin cuya formación no habría podido derrocar el feudalismo. El capitalismo ha desarrollado hasta tal punto la concentración, que ramas enteras de la industria están acaparadas por sindicatos, trusts, uniones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terráqueo está repartido entre estos "señores del capital", ya sea en forma de colonias o mediante el enredo de los países extranjeros con miles de hilos de explotación financiera. El libre comercio y la competencia han sido sustituidos por la tendencia al monopolio, al acaparamiento de tierras para la inversión de capital, para la exportación de materias primas, etc. De liberador de las naciones, que era el capitalismo en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo imperialista se ha convertido en el mayor opresor de las naciones. El capitalismo, de progresista, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas hasta tal punto, que a la humanidad le cabe, o bien pasar al socialismo, o bien vivir durante años e incluso decenios la lucha armada de las "grandes" potencias por la conservación artificial del capitalismo mediante colonias, monopolios, privilegios y opresiones nacionales de todo género.

**Guerra entre los mayores esclavistas por la conservación y el fortalecimiento de la esclavitud**

Para explicar el significado del imperialismo, daremos datos exactos sobre el reparto del mundo por parte de las llamadas "grandes" potencias (es decir, que tienen éxito en el gran saqueo):

Reparto del mundo por las "grandes" potencias esclavistas:

De aquí se ve cómo los pueblos que lucharon en su mayor parte, a la cabeza de otros, por la libertad en 1789-1871, se han convertido ahora, después de 1876, sobre la base de un capitalismo altamente desarrollado y "super maduro", en opresores y esclavizadores de la mayoría de la población y de las naciones de todo el globo terráqueo. De 1876 a 1914, seis "grandes" potencias saquearon 25 millones de kilómetros cuadrados, ¡es decir, un espacio 2 1/2 veces mayor que toda Europa! Seis potencias esclavizan a más de quinientos millones (523 millones) de habitantes en las colonias. Por cada 4 habitantes de las "grandes" potencias hay 5 habitantes en "sus" colonias. Y todo el mundo sabe que las colonias han sido conquistadas a sangre y fuego, que en las colonias se trata brutalmente a la población, que se la explota de mil maneras (mediante la exportación de capital, concesiones, etc., el engaño en la venta de mercancías, el sometimiento a las autoridades de la nación "dominante", y así sucesivamente). La burguesía anglo-francesa engaña al pueblo diciendo que libra una guerra por la libertad de los pueblos y de Bélgica: en realidad, libra una guerra para conservar las colonias que ha saqueado desmesuradamente. Los imperialistas alemanes liberarían de inmediato a Bélgica, etc., si los ingleses y franceses repartieran "equitativamente" con ellos sus colonias. Lo peculiar de la situación reside en que, en esta guerra, la suerte de las colonias se decide mediante la guerra en el continente. Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional (o del derecho de las naciones a existir), Alemania tendría incondicionalmente razón frente a Inglaterra y Francia, pues está "desfavorecida" en colonias, sus enemigos oprimen incomparablemente a más naciones que ella, y en su aliada, Austria, los eslavos oprimidos gozan, sin duda, de mayor libertad que en la Rusia zarista, esa verdadera "cárcel de pueblos". Pero Alemania misma no guerrea por la liberación, sino por la opresión de las naciones. No es tarea de los socialistas ayudar al bandido más joven y fuerte (Alemania) a saquear a los bandidos más viejos y ahíto. Los socialistas deben aprovechar la lucha entre los bandidos para derrocar a todos ellos. Para ello, los socialistas deben ante todo decir la verdad al pueblo, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra de esclavistas por el fortalecimiento de la esclavitud. Es una guerra, en primer lugar, por el fortalecimiento de la esclavitud de las colonias mediante un reparto más "justo" y una explotación ulterior más "amistosa" de las mismas; en segundo lugar, por el fortalecimiento de la opresión sobre las naciones extranjeras dentro de las propias "grandes" potencias, pues tanto Austria como Rusia (Rusia mucho más y mucho peor que Austria) se mantienen sólo mediante tal opresión, reforzándola con la guerra; en tercer lugar, por el fortalecimiento y la prolongación de la esclavitud asalariada, pues el proletariado está escindido y aplastado, mientras los capitalistas ganan, enriqueciéndose con la guerra, atizando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado cabeza en todos los países, incluso en los más libres y republicanos.

**"La guerra es la continuación de la política por otros medios (a saber: violentos)"**

Esta célebre sentencia pertenece a uno de los más profundos escritores sobre cuestiones militares, Clausewitz{218}. Los marxistas siempre han considerado justamente esta tesis como el fundamento teórico de la concepción sobre el significado de cualquier guerra dada. Marx y Engels siempre consideraron las distintas guerras precisamente desde este punto de vista.

Apliquen ustedes esta concepción a la guerra actual. Verán que durante decenios, casi medio siglo, los gobiernos y las clases dominantes tanto de Inglaterra como de Francia, de Alemania, de Italia, de Austria y de Rusia, llevaron a cabo una política de saqueo de colonias, de opresión de naciones extranjeras, de represión del movimiento obrero. Precisamente esa política, y sólo esa, continúa en la guerra actual. En particular, tanto en Austria como en Rusia, la política, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, consiste en la esclavización de las naciones, y no en su liberación. Por el contrario, en China, Persia, la India y otros países dependientes, vemos durante los últimos decenios una política de despertar a la vida nacional a decenas y cientos de millones de hombres, de liberación de la opresión de las "grandes" potencias reaccionarias. Una guerra sobre tal suelo histórico puede ser también hoy burgués-progresista, de liberación nacional.

Basta contemplar la guerra actual desde el punto de vista de la continuación en ella de la política de las "grandes" potencias y de las clases fundamentales en su interior, para ver de inmediato la flagrante antihistoricidad, falsedad e hipocresía de la opinión de que se puede justificar la idea de la "defensa de la patria" en la presente guerra.

**El ejemplo de Bélgica**

Los socialchovinistas de la Triple (ahora Cuádruple) Entente{219} (en Rusia, Plejánov y Cía.) adoran sobre todo referirse al ejemplo de Bélgica. Pero este ejemplo habla contra ellos. Los imperialistas alemanes violaron descaradamente la neutralidad de Bélgica, como han hecho siempre y en todas partes los Estados beligerantes, pisoteando en caso necesario todos los tratados y obligaciones. Supongamos que todos los Estados interesados en el cumplimiento de los tratados internacionales declararan la guerra a Alemania exigiendo la liberación y la indemnización de Bélgica. En ese caso, la simpatía de los socialistas estaría, por supuesto, del lado de los enemigos de Alemania. Pero el quid de la cuestión está precisamente en que la guerra librada por la "Triple (y Cuádruple) Entente" no es por Bélgica: esto es perfectamente sabido, y sólo los hipócritas lo ocultan. Inglaterra saquea las colonias alemanas y Turquía, Rusia saquea Galitzia y Turquía, Francia ambiciona Alsacia-Lorena e incluso la orilla izquierda del Rin; con Italia se ha firmado un tratado sobre el reparto del botín (Albania, Asia Menor); con Bulgaria y Rumania prosigue el regateo también por el reparto del botín. ¡Sobre la base de la guerra actual de los gobiernos actuales, no se puede ayudar a Bélgica más que ayudando a aplastar a Austria o a Turquía, etc.! ¿Qué tiene esto que ver con la "defensa de la patria"? En esto consiste precisamente la peculiaridad de la guerra imperialista, de una guerra entre gobiernos burgueses reaccionarios, históricamente caducos, librada en aras de la opresión de otras naciones. Quien justifica la participación en esta guerra, perpetúa la opresión imperialista de las naciones. Quien predica el aprovechamiento de las actuales dificultades de los gobiernos para la lucha por la revolución social, defiende la libertad real de todas las naciones realmente, realizable sólo bajo el socialismo.

**¿Por qué guerra Rusia?**

En Rusia, el imperialismo capitalista del más nuevo tipo se ha manifestado plenamente en la política del zarismo con respecto a Persia, Manchuria, Mongolia, pero, en general, en Rusia predomina el imperialismo militar y feudal. En ninguna parte del mundo existe una opresión tal de la mayoría de la población del país como en Rusia: los rusos grandes constituyen sólo el 43% de la población, es decir, menos de la mitad, y todos los demás carecen de derechos, como extranjeros (inoródtsy). De los 170 millones de habitantes de Rusia, cerca de 100 millones están oprimidos y privados de derechos. El zarismo libra la guerra para apoderarse de Galitzia y aplastar definitivamente la libertad de los ucranianos, para apoderarse de Armenia, Constantinopla, etc. El zarismo ve en la guerra un medio para desviar la atención del creciente descontento en el interior del país y reprimir el ascendente movimiento revolucionario. Ahora, por cada dos rusos grandes en Rusia corresponden de dos a tres "extranjeros" privados de derechos: mediante la guerra, el zarismo se esfuerza por aumentar el número de naciones oprimidas por Rusia, consolidar su opresión y, con ello, minar la lucha por la libertad de los propios rusos grandes. La posibilidad de oprimir y saquear a los pueblos extranjeros refuerza el estancamiento económico, pues en lugar del desarrollo de las fuerzas productivas, la fuente de ingresos es a menudo la explotación semifeudal de los "extranjeros". De este modo, por parte de Rusia, la guerra se distingue por su extremado carácter reaccionario y antiliberador.

**¿Qué es el socialchovinismo?**

El socialchovinismo es la defensa de la idea de la "defensa de la patria" en la presente guerra. De esta idea se deriva, además, la renuncia a la lucha de clases durante la guerra, la votación de créditos de guerra, etc. En realidad, los socialchovinistas aplican una política antiproletaria, burguesa, pues en la práctica defienden no la "defensa de la patria" en el sentido de lucha contra la opresión nacional extranjera, sino el "derecho" de tales o cuales "grandes" potencias a saquear colonias y oprimir a los pueblos extranjeros. Los socialchovinistas repiten el engaño burgués al pueblo, de que la guerra se libra por la defensa de la libertad y de la existencia de las naciones, y con ello se pasan al lado de la burguesía contra el proletariado. A los socialchovinistas pertenecen tanto aquellos que justifican y embellecen a los gobiernos y a la burguesía de uno de los grupos de potencias beligerantes, como aquellos que, a semejanza de Kautsky, reconocen el mismo derecho de los socialistas en todas las potencias beligerantes a "defender la patria". El socialchovinismo, siendo en la práctica la defensa de los privilegios, ventajas, saqueos y violencias de "su" (o de cualquier) burguesía imperialista, representa una traición total a todas las convicciones socialistas y a la resolución del congreso socialista internacional de Basilea.

**El Manifiesto de Basilea**

El Manifiesto sobre la guerra, aprobado por unanimidad en 1912 en Basilea, se refiere precisamente a aquella guerra entre Inglaterra y Alemania con sus actuales aliados, que estalló en 1914. El Manifiesto declara directamente que ningún interés popular puede justificar una guerra tal, librada "en provecho de los capitalistas y en beneficio de las dinastías", sobre el terreno de la política imperialista y rapaz de las grandes potencias. El Manifiesto declara directamente que la guerra es peligrosa "para los gobiernos" (de todos, sin excepción), señala su temor a la "revolución proletaria", indica con toda precisión el ejemplo de la Comuna de 1871 y de octubre-diciembre de 1905, es decir, el ejemplo de la revolución y de la guerra civil. De este modo, el Manifiesto de Basilea, precisamente para la presente guerra, establece la táctica de lucha revolucionaria de los obreros a escala internacional contra sus gobiernos, la táctica de la revolución proletaria. El Manifiesto de Basilea repite las palabras de la resolución de Stuttgart, que, en caso de estallar la guerra, los socialistas deben utilizar la "crisis económica y política" creada por ésta para "acelerar la caída del capitalismo", es decir, utilizar las dificultades de los gobiernos creadas por la guerra y la indignación de las masas para la revolución socialista.

La política de los socialchovinistas, su justificación de la guerra desde puntos de vista burgueses-liberadores, su admisión de la "defensa de la patria", su voto a favor de los créditos, su entrada en los ministerios, etc., etc., es una traición directa al socialismo, que se explica únicamente, como veremos más abajo, por la victoria del oportunismo y de la política obrera nacional-liberal en el seno de la mayoría de los partidos europeos.

**Falsas referencias a Marx y Engels**

Los socialchovinistas rusos (con Plejánov a la cabeza) se remiten a la táctica de Marx en la guerra de 1870; los alemanes (del tipo de Lensch, David y Cía.) a las declaraciones de Engels en 1891 sobre la obligatoriedad para los socialistas alemanes de defender la patria en caso de guerra contra Rusia y Francia juntas; por último, socialchovinistas del tipo de Kautsky, deseosos de conciliar y legalizar el chovinismo internacional, se remiten a que Marx y Engels, condenando las guerras, se ponían sin embargo constantemente, de 1854-1855 a 1870-1871 y 1876-1877, del lado de uno u otro Estado beligerante, una vez que la guerra estallaba de todos modos.

Todas estas referencias constituyen una tergiversación ultrajante de las concepciones de Marx y Engels en provecho de la burguesía y de los oportunistas, exactamente igual que los escritos de los anarquistas Guillaume y Cía. tergiversan las concepciones de Marx y Engels para justificar el anarquismo. La guerra de 1870-1871 fue históricamente progresista por parte de Alemania, mientras no fue derrotado Napoleón III, pues éste, junto con el zar, oprimió durante largos años a Alemania, manteniendo en ella la fragmentación feudal. Pero tan pronto como la guerra se convirtió en saqueo de Francia (anexión de Alsacia y Lorena), Marx y Engels condenaron resueltamente a los alemanes. E incluso al comienzo de esta guerra, Marx y Engels aprobaban la negativa de Bebel y Liebknecht a votar los créditos y aconsejaban a la socialdemocracia no fusionarse con la burguesía, sino defender los intereses de clase independientes del proletariado. Trasladar la valoración de esta guerra, burgués-progresista y de liberación nacional, a la guerra imperialista moderna es una burla de la verdad. Lo mismo se aplica con mayor fuerza aún a la guerra de 1854-1855 y a todas las guerras del siglo XIX, en las que no existía ni el imperialismo moderno, ni las condiciones objetivas maduras para el socialismo, ni partidos socialistas de masas en todos los países beligerantes, es decir, precisamente las condiciones de las que el Manifiesto de Basilea deducía la táctica de la "revolución proletaria" en relación con la guerra entre las grandes potencias. Quien se remite ahora a la actitud de Marx ante las guerras de la época de la burguesía progresista y olvida las palabras de Marx: "los obreros no tienen patria", palabras referidas precisamente a la época de la burguesía reaccionaria, caduca, a la época de la revolución socialista, tergiversa descaradamente a Marx y sustituye el punto de vista socialista por el burgués.

**La bancarrota de la II Internacional**

Los socialistas de todo el mundo declararon solemnemente en 1912 en Basilea que consideran la futura guerra europea como una obra "criminal" y reaccionaria en sumo grado de todos los gobiernos, que debería acelerar la caída del capitalismo, engendrando inevitablemente la revolución contra él. Llegó la guerra, llegó la crisis. En lugar de la táctica revolucionaria, la mayoría de los partidos socialdemócratas aplicó una táctica reaccionaria, poniéndose del lado de sus gobiernos y de su burguesía. Esta traición al socialismo significa la bancarrota de la II Internacional (1889-1914), y debemos darnos cuenta de qué ha causado esta bancarrota, qué ha engendrado el socialchovinismo, qué le ha dado fuerza.

**El socialchovinismo es el oportunismo consumado**

Durante toda la época de la II Internacional, en todas partes se libró una lucha en el seno de los partidos socialdemócratas entre el ala revolucionaria y el ala oportunista. En una serie de países hubo una escisión en este sentido (Inglaterra, Italia, Holanda, Bulgaria). Ningún marxista dudaba de que el oportunismo expresa la política burguesa en el movimiento obrero, expresa los intereses de la pequeña burguesía y de la alianza de una ínfima parte de los obreros aburguesados con "su" burguesía contra los intereses de la masa de los proletarios, de la masa de los oprimidos.

Las condiciones objetivas de finales del siglo XIX reforzaron particularmente el oportunismo, transformando la utilización de la legalidad burguesa en servilismo ante ella, creando una pequeña capa de burocracia y aristocracia de la clase obrera, atrayendo a las filas de los partidos socialdemócratas a muchos "compañeros de viaje" pequeñoburgueses.

La guerra aceleró el desarrollo, transformando el oportunismo en socialchovinismo, transformando la alianza secreta de los oportunistas con la burguesía en abierta. Al mismo tiempo, las autoridades militares implantaron por doquier el estado de guerra y la mordaza para la masa obrera, cuyos viejos jefes se pasaron casi en su totalidad a la burguesía.

La base económica del oportunismo y del socialchovinismo es una y la misma: los intereses de una ínfima capa de obreros privilegiados y de la pequeña burguesía, que defienden su situación privilegiada, su "derecho" a las migajas de ganancias obtenidas por "su" burguesía nacional del saqueo de los pueblos extranjeros, de las ventajas de su situación de gran potencia, etc.

El contenido ideológico-político del oportunismo y del socialchovinismo es uno y el mismo: la colaboración de clases en lugar de su lucha, la renuncia a los medios revolucionarios de lucha, la ayuda a "su" gobierno en su difícil situación, en lugar de aprovechar sus dificultades para la revolución. Si se toma en conjunto a todos los países europeos, si se presta atención no a personas aisladas (aunque sean las de mayor autoridad), resulta que precisamente la corriente oportunista se ha convertido en el principal baluarte del socialchovinismo, mientras que del campo de los revolucionarios surge en casi todas partes una protesta más o menos consecuente contra él. Y si se toma, por ejemplo, la agrupación de corrientes en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart de 1907, resulta que el marxismo internacional estaba contra el imperialismo, mientras que el oportunismo internacional ya entonces estaba a favor de él.

**La unidad con los oportunistas es la alianza de los obreros con "su" burguesía nacional y la escisión de la clase obrera revolucionaria internacional**

En la época pasada, anterior a la guerra, el oportunismo era considerado a menudo, aunque como una "desviación", un "extremo", pero sin embargo como una parte integrante legítima del partido socialdemócrata. La guerra ha mostrado la imposibilidad de esto en el futuro. El oportunismo ha "madurado", ha llevado hasta el fin su papel de emisario de la burguesía en el movimiento obrero. La unidad con los oportunistas se ha convertido en una hipocresía total, de la cual vemos un ejemplo en el partido socialdemócrata alemán. Los oportunistas, en todos los casos importantes (por ejemplo, en la votación del 4 de agosto), se presentan con su ultimátum, imponiéndolo en la práctica con ayuda de sus numerosos vínculos con la burguesía, de su mayoría en las directivas de los sindicatos, etc. La unidad con los oportunistas significa hoy, en la práctica, la subordinación de la clase obrera a "su" burguesía nacional, la alianza con ésta para oprimir a las naciones extranjeras y para luchar por privilegios de gran potencia, al tiempo que es la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.

Por muy penosa que sea en casos particulares la lucha contra los oportunistas que dominan en muchas organizaciones, por muy peculiar que sea en los distintos países el proceso de depuración de los partidos obreros de los oportunistas, este proceso es inevitable y fructífero. El socialismo reformista agoniza; el socialismo renaciente "será revolucionario, intransigente, insurreccional", según la acertada expresión del socialista francés Paul Golay{220}.

**El "kautskismo"**

Kautsky, la máxima autoridad de la II Internacional, representa un ejemplo sumamente típico y palmario de cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha conducido en la práctica a su transformación en "struvismo" o en "brentanismo"{221}. Esto lo vemos también en el ejemplo de Plejánov. Mediante evidentes sofismas, al marxismo se le extrae su alma revolucionaria viva; en el marxismo se reconoce todo, excepto los medios revolucionarios de lucha, su prédica y su preparación, la educación de las masas precisamente en esta dirección. Kautsky "concilia" sin principios la idea fundamental del socialchovinismo, el reconocimiento de la defensa de la patria en la presente guerra, con una concesión diplomática, ostensible, a la izquierda, en forma de abstención en la votación de los créditos, de reconocimiento verbal de su carácter opositor, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro sobre la aproximación de la época de las revoluciones y sobre la conexión de la guerra con la revolución, Kautsky, que en 1912 firmó el Manifiesto de Basilea sobre la utilización revolucionaria de la guerra futura, ahora justifica y embellece de todas las maneras el socialchovinismo y, a semejanza de Plejánov, se une a la burguesía para ridiculizar cualquier pensamiento sobre la revolución, cualquier paso hacia la lucha directamente revolucionaria.

La clase obrera no puede cumplir su papel revolucionario mundial sin librar una guerra despiadada contra esta apostasía, esta falta de carácter, este servilismo al oportunismo y esta trivialización teórica sin precedentes del marxismo. El kautskismo no es una casualidad, sino el producto social de las contradicciones de la II Internacional, de la combinación de la fidelidad al marxismo de palabra y la sumisión al oportunismo de hecho.

En los distintos países, esta falsedad fundamental del "kautskismo" se manifiesta en distintas formas. En Holanda, Roland-Holst, rechazando la idea de la defensa de la patria, defiende la unidad con el partido de los oportunistas. En Rusia, Trotski, rechazando también esta idea, defiende igualmente la unidad con el grupo oportunista y chovinista de "Nuestra Zariá". En Rumania, Rakowski, declarando la guerra al oportunismo como culpable de la bancarrota de la Internacional, se muestra al mismo tiempo dispuesto a reconocer la legitimidad de la idea de defensa de la patria. Todas estas son manifestaciones de aquel mal que los marxistas holandeses (Gorter, Pannekoek) llamaron "radicalismo pasivo" y que se reduce a la sustitución del marxismo revolucionario por el eclecticismo en la teoría y al servilismo o la impotencia frente al oportunismo en la práctica.

**La consigna de los marxistas, consigna de la socialdemocracia revolucionaria**

La guerra ha engendrado, sin duda, la crisis más aguda y ha exacerbado las calamidades de las masas de manera increíble. El carácter reaccionario de esta guerra, la desvergonzada mentira de la burguesía de todos los países, que encubre sus fines de rapiña con la ideología "nacional", todo esto, sobre el terreno de una situación objetivamente revolucionaria, crea inevitablemente sentimientos revolucionarios en las masas. Nuestro deber es ayudar a tomar conciencia de estos sentimientos, profundizarlos y formalizarlos. Esta tarea la expresa correctamente sólo la consigna de transformar la guerra imperialista en guerra civil, y toda lucha de clases consecuente durante la guerra, toda táctica de "acciones de masas" seriamente aplicada conduce inevitablemente a esto. No se puede saber si será en relación con la primera o con la segunda guerra imperialista de las grandes potencias, durante ella o después de ella, cuando se encienda un fuerte movimiento revolucionario, pero en todo caso nuestro deber incondicional es trabajar sistemática e incesantemente precisamente en esta dirección.

El Manifiesto de Basilea se remite directamente al ejemplo de la Comuna de París, es decir, de la transformación de la guerra de los gobiernos en guerra civil. Hace medio siglo, el proletariado era demasiado débil, las condiciones objetivas del socialismo aún no habían madurado, no podía haber correspondencia e interacción de los movimientos revolucionarios en todos los países beligerantes, la fascinación de una parte de los obreros parisinos por la "ideología nacional" (la tradición de 1792) fue una debilidad pequeñoburguesa de ellos, oportunamente señalada por Marx, y una de las causas de la caída de la Comuna. Medio siglo después de ella, han desaparecido las condiciones que debilitaron la revolución de entonces, y en la actualidad es imperdonable para un socialista resignarse a renunciar a una actividad precisamente en el espíritu de los comuneros de París.

**El ejemplo del hermanamiento en las trincheras**

Los periódicos burgueses de todos los países beligerantes han dado ejemplos del hermanamiento de los soldados de las naciones en guerra, incluso en las trincheras. Y la promulgación por las autoridades militares (Alemania, Inglaterra) de decretos draconianos contra tal hermanamiento ha demostrado que los gobiernos y la burguesía le atribuían una importancia seria. Si, bajo el dominio total del oportunismo en las cúpulas de los partidos socialdemócratas de Europa Occidental y con el apoyo del socialchovinismo por toda la prensa socialdemócrata, por todas las autoridades de la II Internacional, fueron posibles casos de hermanamiento, esto nos muestra hasta qué punto sería posible acortar la presente guerra criminal, reaccionaria y esclavista, y organizar un movimiento revolucionario internacional, si se trabajara sistemáticamente en esta dirección, aunque sólo fuera por parte de los socialistas de izquierda de todos los países beligerantes.

**El significado de la organización ilegal**

Los anarquistas más conspicuos de todo el mundo, no menos que los oportunistas, se han deshonrado con el socialchovinismo (en el espíritu de Plejánov y Kautsky) en esta guerra. Uno de los resultados útiles de la misma será, sin duda, que esta guerra matará tanto al oportunismo como al anarquismo.

Sin renunciar en ningún caso y bajo ninguna circunstancia a la utilización de la más mínima posibilidad legal para la organización de las masas y la propaganda del socialismo, los partidos socialdemócratas deben romper con el servilismo ante la legalidad. "Disparen ustedes primero, señores burgueses", escribió Engels, aludiendo precisamente a la guerra civil y a la necesidad de que nosotros quebrantáramos la legalidad después de que la burguesía la quebrantara. La crisis ha mostrado que la burguesía la quebranta en todos los países, incluso en los más libres, y que no se puede conducir a las masas a la revolución sin crear una organización ilegal para la propaganda, la discusión, la valoración y la preparación de los medios revolucionarios de lucha. En Alemania, por ejemplo, todo lo que hacen los socialistas honestos se hace contra el vil oportunismo y el hipócrita "kautskismo", y se hace precisamente de manera ilegal. En Inglaterra, envían a presidio por llamamientos impresos a no ir al ejército.

Considerar compatible con la pertenencia al partido socialdemócrata la negación de los métodos ilegales de propaganda y su ridiculización en la prensa legal, es una traición al socialismo.

**Sobre la derrota de "su" gobierno en la guerra imperialista**

Los defensores de la victoria de su gobierno en la presente guerra, así como los defensores de la consigna "ni victoria ni derrota", se sitúan igualmente en el punto de vista del socialchovinismo. La clase revolucionaria en una guerra reaccionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno, no puede dejar de ver la conexión de sus fracasos militares con la facilitación de su derrocamiento. Sólo el burgués que cree que la guerra, iniciada por los gobiernos, terminará forzosamente como guerra entre gobiernos, y que desea eso, encuentra "ridícula" o "absurda" la idea de que los socialistas de todos los países beligerantes se pronuncien con el deseo de la derrota de todos "sus" gobiernos. Por el contrario, precisamente tal pronunciamiento correspondería a los pensamientos ocultos de todo obrero con conciencia de clase y estaría en la línea de nuestra actividad, dirigida a transformar la guerra imperialista en guerra civil.

Sin duda, la agitación seria contra la guerra de una parte de los socialistas ingleses, alemanes, rusos "debilitaba la potencia militar" de los gobiernos respectivos, pero tal agitación era un mérito de los socialistas. Los socialistas deben explicar a las masas que para ellas no hay salvación fuera del derrocamiento revolucionario de "sus" gobiernos y que las dificultades de estos gobiernos en la guerra actual deben ser utilizadas precisamente para este fin.

**Sobre el pacifismo y la consigna de la paz**

El estado de ánimo de las masas en favor de la paz expresa a menudo el comienzo de la protesta, de la indignación y de la conciencia del carácter reaccionario de la guerra. Aprovechar este estado de ánimo es un deber de todos los socialdemócratas. Participarán del modo más ardiente en todo movimiento y en toda manifestación a este respecto, pero no engañarán al pueblo admitiendo el pensamiento de que, en ausencia de un movimiento revolucionario, sea posible una paz sin anexiones, sin opresión de las naciones, sin saqueo, sin el germen de nuevas guerras entre los actuales gobiernos y las clases dominantes. Tal engaño al pueblo sólo favorecería la diplomacia secreta de los gobiernos beligerantes y sus planes contrarrevolucionarios. Quien quiera una paz duradera y democrática, debe estar por la guerra civil contra los gobiernos y la burguesía.

**Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación**

El engaño más difundido del pueblo por la burguesía en la presente guerra es el encubrimiento de sus fines de rapiña con la ideología "de liberación nacional". Los ingleses prometen la libertad a Bélgica, los alemanes a Polonia, etc. En realidad, como hemos visto, esta es una guerra de los opresores de la mayoría de las naciones del mundo por el fortalecimiento y la extensión de tal opresión.

Los socialistas no pueden alcanzar su gran objetivo sin luchar contra toda opresión de las naciones. Por eso deben exigir incondicionalmente que los partidos socialdemócratas de los países opresores (llamados "grandes" potencias, especialmente) reconozcan y defiendan el derecho de las naciones oprimidas a la autodeterminación, y precisamente en el sentido político de la palabra, es decir, el derecho a la separación política. El socialista de una nación que es gran potencia o posee colonias, que no defiende este derecho, es un chovinista.

La defensa de este derecho no sólo no fomenta la formación de pequeños Estados, sino que, por el contrario, conduce a una formación más libre, sin temor y por tanto más amplia y generalizada, de Estados más grandes y de uniones entre Estados, más ventajosos para la masa y más acordes con el desarrollo económico.

Los socialistas de las naciones oprimidas, a su vez, deben luchar incondicionalmente por la unidad completa (incluida la organizativa) de los obreros de las nacionalidades oprimidas y opresoras. La idea de la separación jurídica de una nación respecto a otra (la llamada "autonomía cultural-nacional" de Bauer y Renner) es una idea reaccionaria.

El imperialismo es la época de la opresión progresiva de las naciones de todo el mundo por un puñado de "grandes" potencias, y por eso la lucha por la revolución socialista internacional contra el imperialismo es imposible sin el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación. "No puede ser libre un pueblo que oprime a pueblos extranjeros" (Marx y Engels). No puede ser socialista un proletariado que se resigne a la más mínima violencia de "su" nación sobre otras naciones.