Casi todos reconocen que la guerra actual es imperialista, pero en su mayoría deforman este concepto, o lo aplican a un solo bando, o insinúan de todas formas la posibilidad de que esta guerra tenga un significado burgués-progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, alcanzada recién en el siglo XX. El capitalismo se sintió estrecho en los viejos Estados nacionales, sin cuya formación no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha desarrollado la concentración hasta tal punto que ramas enteras de la industria están en manos de sindicatos, trusts, uniones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terráqueo está repartido entre estos «señores del capital», ya sea en forma de colonias o mediante el enredo de países ajenos con miles de hilos de explotación financiera. El libre comercio y la competencia han sido sustituidos por la aspiración al monopolio, al acaparamiento de tierras para la inversión de capital, para la exportación de materias primas, etc. De libertador de las naciones, como fue el capitalismo en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo imperialista se ha convertido en el mayor opresor de las naciones. El capitalismo, de progresista, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas hasta tal punto que la humanidad se enfrenta a la alternativa de pasar al socialismo o sufrir durante años e incluso decenios la lucha armada de las «grandes» potencias por la conservación artificial del capitalismo mediante colonias, monopolios, privilegios y toda clase de opresiones nacionales.