Los censos agrícolas en los Estados Unidos en 1900 y 1910 representan la última palabra de la estadística social en esta rama de la economía nacional. Constituyen el mejor material disponible en los países avanzados, que abarca millones de explotaciones y permite sacar conclusiones y deducciones exactas, basadas en hechos, sobre la evolución de la agricultura bajo el capitalismo. Las leyes de esta evolución pueden estudiarse en este material, especialmente porque los Estados Unidos de América son un país de las más vastas dimensiones y de la mayor diversidad de relaciones, de la mayor riqueza de matices y formas de la agricultura capitalista.

Por una parte, observamos aquí el paso de un régimen de agricultura esclavista —o, lo que es lo mismo en este caso, feudal— a un régimen comercial y capitalista; por otra parte, una amplitud y rapidez particulares en el desarrollo del capitalismo en el país burgués más libre y avanzado. Y junto a esto, una colonización notablemente amplia, puesta sobre carriles democrático-capitalistas.

Observamos aquí tanto regiones pobladas desde hace tiempo, muy industriales, de alta intensidad, análogas a la mayoría de las localidades de la Europa Occidental civilizada y viejo-capitalista, como regiones de agricultura y ganadería primitivo-extensivas, semejantes a ciertas zonas periféricas de Rusia o partes de Siberia. Vemos los más diversos tipos de grandes y pequeñas granjas: grandes latifundios, plantaciones del antiguo Sur esclavista y del Oeste en proceso de colonización, y de la costa norte altamente capitalista del océano Atlántico; y pequeñas granjas de aparceros negros, y pequeñas granjas capitalistas que producen leche u hortalizas para el mercado en el Norte industrial, o frutas en la costa del Pacífico; y “fábricas de trigo” con obreros asalariados, y homesteads de “independientes” pequeños agricultores, llenos aún de ingenuas ilusiones sobre la vida “con el trabajo de sus propias manos”.

La diversidad de relaciones es notable, abarca tanto el pasado como el futuro, tanto Europa como Rusia. La comparación con Rusia es particularmente instructiva, entre otras cosas, en la cuestión de las consecuencias del posible paso de todas las tierras a los campesinos sin rescate, paso progresista, pero sin duda capitalista.

Las leyes generales del desarrollo del capitalismo en la agricultura y la diversidad de formas en que se manifiestan se prestan al estudio de la manera más cómoda en el ejemplo de los Estados Unidos. Y tal estudio conduce a conclusiones que pueden resumirse en las siguientes breves tesis.

El trabajo manual predomina de manera incomparablemente mayor sobre la máquina en la agricultura que en la industria. Pero la máquina avanza de modo invariable, elevando la técnica de la explotación, haciéndola más grande, más capitalista. En la agricultura moderna, las máquinas se emplean de manera capitalista.

El principal signo e indicador del capitalismo en la agricultura es el trabajo asalariado. El desarrollo del trabajo asalariado, al igual que el aumento del uso de máquinas, lo vemos en todas las regiones del país, en todas las ramas de la agricultura. El crecimiento del número de obreros asalariados supera al crecimiento de la población rural y de la población total del país. El aumento del número de granjeros se queda a la zaga del crecimiento de la población rural. Las contradicciones de clase se intensifican y se agudizan.

Avanza el desplazamiento de la pequeña producción por la grande en la agricultura. La comparación de los datos de 1900 y 1910 sobre toda la propiedad de las granjas lo demuestra plenamente.

Pero este desplazamiento se minimiza, la situación de los pequeños agricultores se maquilla debido a que en 1910 los investigadores en América —al igual que en casi todas partes de Europa— se limitaron a la clasificación de las explotaciones por la cantidad de tierra. Cuanto más amplia y rápidamente avanza la intensificación de la agricultura, tanto mayor resulta dicha minimización y maquillaje.

El capitalismo crece no sólo acelerando el desarrollo de las explotaciones extensas en superficie en las regiones de cultivo extensivo, sino también creando explotaciones de mayor tamaño de producción, más capitalistas, en parcelas de tierra más pequeñas en las regiones de cultivo intensivo.

En resumen, la concentración de la producción en las grandes explotaciones es en realidad más fuerte; el desplazamiento de la pequeña producción va en realidad más lejos y es más profundo de lo que muestran los datos habituales sobre granjas de distinto tamaño según la superficie de tierra. Los datos del censo de 1900, elaborados con mayor esmero, más detalle y más científicamente, no dejan sobre este punto la menor sombra de duda.

Avanza la expropiación de la pequeña agricultura. En el transcurso de los últimos decenios, disminuye de manera constante el porcentaje de propietarios entre el número total de granjeros, cuyo crecimiento, a su vez, se queda a la zaga del crecimiento de la población. En la región más importante, que suministra la mayor masa de productos agrícolas y que no conoce ni supervivencias esclavistas ni una colonización inmensa, en el Norte, disminuye en términos absolutos el número de propietarios de toda la granja. En el último decenio ha disminuido el porcentaje de granjeros que poseen ganado en general; contrarrestando el aumento del porcentaje de agricultores que poseen ganado lechero, ha aumentado, y con mucho más fuerza, el porcentaje de los que carecen de caballos, especialmente entre los pequeños granjeros.

En conjunto, la comparación de datos homogéneos para el mismo período con respecto a la industria y la agricultura muestra, a pesar del atraso incomparablemente mayor de esta última, una sorprendente identidad de las leyes de evolución: el desplazamiento de la pequeña producción tanto aquí como allí.