Durante toda la época de la II Internacional, en todas partes se desarrolló una lucha en el seno de los partidos socialdemócratas entre el ala revolucionaria y el ala oportunista. En varios países se produjo una escisión en este sentido (Inglaterra, Italia, Holanda, Bulgaria). Ningún marxista dudaba de que el oportunismo expresa la política burguesa en el movimiento obrero, expresa los intereses de la pequeña burguesía y de la alianza de una ínfima parte de los obreros aburguesados con «su» burguesía contra los intereses de la masa de los proletarios, de la masa de los oprimidos.

Las condiciones objetivas de finales del siglo XIX reforzaron especialmente el oportunismo, transformando la utilización de la legalidad burguesa en servilismo ante ella, creando una pequeña capa de burocracia y aristocracia de la clase obrera, atrayendo a las filas de los partidos socialdemócratas a muchos «compañeros de viaje» pequeñoburgueses.

La guerra aceleró el desarrollo, transformando el oportunismo en socialchovinismo, transformando la alianza secreta de los oportunistas con la burguesía en abierta. Al mismo tiempo, las autoridades militares impusieron en todas partes el estado de guerra y la mordaza para la masa obrera, cuyos viejos dirigentes se pasaron casi en su totalidad a la burguesía.

La base económica del oportunismo y del socialchovinismo es una y la misma: los intereses de una ínfima capa de obreros privilegiados y de la pequeña burguesía, que defienden su posición privilegiada, su «derecho» a las migajas de las ganancias obtenidas por «su» burguesía nacional mediante el saqueo de otras naciones, mediante las ventajas de su situación de gran potencia, etc.

El contenido ideológico-político del oportunismo y del socialchovinismo es uno y el mismo: la colaboración de clases en lugar de su lucha, la renuncia a los medios revolucionarios de lucha, la ayuda a «su» gobierno en su difícil situación en lugar de utilizar sus dificultades para la revolución. Si se toma a todos los países europeos en su conjunto, si se presta atención no a individuos aislados (aunque sean los de mayor autoridad), resultará que precisamente la corriente oportunista se ha convertido en el principal baluarte del socialchovinismo, mientras que del campo de los revolucionarios surge casi en todas partes una protesta más o menos consecuente contra él. Y si se toma, por ejemplo, la agrupación de tendencias en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart de 1907, resultará que el marxismo internacional estaba contra el imperialismo, mientras que el oportunismo internacional ya entonces estaba a favor de él.