«Las ideas —cita Marx a Bauer— engendradas por la revolución francesa, no iban sin embargo más allá del orden que ésta quería derrocar violentamente».

Las ideas jamás pueden ir más allá del viejo orden mundial: en todos los casos, solo pueden ir más allá de las *ideas* del viejo orden mundial.

Las ideas en general no pueden *realizar* nada. Para la realización de las ideas se requieren hombres que deben emplear la fuerza práctica» (186) [132].

La revolución francesa engendró las ideas del comunismo (Babeuf), que, desarrolladas consecuentemente, contenían la idea de un nuevo Weltzustands*.

A propósito de las palabras de Bauer de que el Estado debe contener a los átomos egoístas singulares, Marx dice (188-189) [133-134] que los miembros de la sociedad burguesa en realidad no son en absoluto átomos, sino que solo se imaginan serlo, pues no se bastan a sí mismos como los átomos, sino que dependen de otros hombres, y sus necesidades los colocan a cada hora en esta dependencia.

«Así, pues, la necesidad natural, las propiedades del ser humano, por muy enajenadas que se presenten, el interés, he aquí lo que mantiene unidos a los miembros de la sociedad civil. El vínculo real entre ellos no es la vida política, sino la vida civil... Solo la superstición política es capaz de imaginar todavía en nuestro tiempo que el Estado debe cohesionar la vida civil, mientras que en realidad, por el contrario, la vida civil cohesiona al Estado» (189) [134].

Robespierre, Saint-Just y su partido perecieron porque confundieron la sociedad antigua, realista-democrática, basada en la esclavitud, con el moderno Estado representativo espiritualista-democrático, basado en la sociedad burguesa. Antes de la ejecución, Saint-Just señaló una tabla (Tabelle, ¿cartel? colgante) de los derechos del hombre y dijo: *«C’est pourtant moi qui ai fait cela»**.*  
«Precisamente en esa tabla se proclamaban los derechos de un hombre que en la misma medida no puede ser el hombre de la república antigua en que sus relaciones económicas e industriales no son antiguas» (192) [136].

El 18 de Brumario, la presa de Napoleón no fue el movimiento revolucionario, sino la burguesía liberal. Tras la caída de Robespierre, bajo el Directorio comienza la prosaica realización de la sociedad burguesa: el Sturm und Drang** de las empresas comerciales, el torbellino (Taumel) de la nueva vida burguesa; «la efectiva ilustración de la tierra francesa, cuya estructura feudal había sido destrozada por el martillo de la revolución y a la que numerosos nuevos propietarios, en los primeros arrebatos de febril actividad, sometían ahora a un cultivo integral; los primeros movimientos de la industria liberada, he aquí algunas de las manifestaciones de la vida de la sociedad burguesa recién nacida» (192-193) [136-137].

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* del orden mundial. N. de la Red.  
** quería decir *C’est pourtant moi qui ai fait cela* (Sin embargo, eso lo hice yo).  
*** tormenta e ímpetu.